lunes, 28 de abril de 2008

Secretos de poesía: "Los campos de Dios", de Rosa Díaz. El Cultural, última semana de abril

Esta semana El Cultural viene con su artículo semanal sobre un libro de Visor, uno más de Bukowski, acompañado de otro libro homenaje a Bukowski. Como no somos mitómanos, como nos cansa el seguimiento empecinado a Visor por parte de El Cultural, como ya está todo dicho de Bukowski y nos aburre, como nos produce urticaria la forma de escribir reseñas de Ainhoa Sáenz de Zaitegui y nos enerva el falso e impostado malditismo de algunos que, en cuanto pueden, terminan en Alfaguara o DVD a la primera de cambio, hasta aquí llega lo que tenemos que decir esta semana del que se está convirtiendo, en nuestra subjetiva opinión, en el peor suplemento cultural de la llamada prensa nacional, al menos en lo que a poesía se refiere. Nos preguntamos por qué Antonio Colinas ha dejado de cubrir, al menos de momento, la poesía en idioma extranjero. Esperamos que sea por su nuevo libro en Tusquets y no un cambio definitivo del mejor crítico que tenía este suplemento.

Y aprovechamos para presentar un libro en nuestro particular rincón llamado "Secretos de poesía". Y lo hacemos con una poeta que ni es joven, ni es una postmoderna de salón, ni necesita escribir "polla" o "corrida" para sentirse liberada no se sabe muy bien de qué traumas, ni es falsamente maldita, ni otros adjetivos comerciales de la impostada marginalidad, tan insufrible como la oficialidad rampante. Es sencillamente poeta. El libro es "Los campos de Dios", lo escribe Rosa Díaz (1946) y edita Alhulia.

El poemario ya había aparecido anteriormente en "La palabra vivida", libro muy recomendable de la editorial Point de Lunettes, que reúne la poesía completa de la autora. Sin embargo, "Los campos de Dios", que era el poemario inédito y último incluido en ese libro, se presenta ahora en formato de prosa poética, con el orden cambiado, con añadidos y cortes importantes, y sin duda con una nueva orientación.

Se introduce el poemario con dos citas importantes. Una primera de Juan Ramón Jiménez, del que el poemario de Rosa adopta la estructura y en parte el estilo del extraordinario "Espacio". Y otra de María Zambrano, que da cierta claves del lenguaje usado, con claras referencias místicas y bíblicas del poemario, misticismo que también implícitamente tiene la cita de Juan Ramón.

Estructuralmente el poema es un monólogo de la conciencia continuo dividido, como el poema de Juan Ramón, en once lineas en cada página, sin interrupción y con frecuentes cambios de plano de pensamiento y espacio/tiempo.

Comienza "Los campos de Dios", ¿título-homenaje al poema de Machado?, de una manera casi aforística: "Una mujer tiene mucho tiempo de esperas y ha forjado de minucias un imperio". La poeta identifica el alma con la luz en una primera clave interpretativa, que a continuación desvela en seguida los dos temas fundamentales del poemario: la memoria como cadena de transmisión de los múltiples recuerdos y el amor como pasión pretérita que ha dejado de ser.

A la intertextualización del bíblico "setenta veces siete" como número de veces a perdonar, la poeta se sitúa inmediatamente como hecho femenino, como madre y por tanto creación, y nos dice que "escribo desde el grito del mar que ha sido río, charco y llanto de las madres".

Una vez definido objeto y narrador, la poeta comienza una larga reflexión sobre la maternidad, el sufrimiento, el azar, la denuncia de la madre a la guerra, la vida del hombre moderno, el capitalismo, y lo hace casi gritando, preguntándole al lector, inquiriéndole, hasta terminar con una reflexión sobre la muerte que comienza así: "Si el amor no retorna, será preciso ir hasta los cementerios a construir sus manos".

Y así comienza la poeta a profundizar en el amor, y lo hace con una parte del texto que en su origen eran los salmos, una antífona, un de profundis (salmo penitencial) y un salmo responsorial. Son versos que cantan efectivamente al amor, y nos hablan de un amor apasionado, de un amor que "a tientas y en silencio te encontraría otra vez", un amor definido en lo que no es, sacralizado, todo poderoso, y que, paradógicamente, pista nihilista, conduce a la nada. En el "De profundis", la poeta le da un sentido completamente distinto al salmo 130, y más bien es ella quien pide explicaciones, quien se queja del "espejo donde posamos la vejez" y quien termina preguntando: "¿A qué infierno de amor nos dirigimos?...". Y justo tras esas preguntas, la parte que anteriormente era el salmo responsorial, efectivamente, de alguna manera indirecta, responde. Y lo hace en la espera, y en la esperanza.

A continuación, en la parte anteriormente llamada Epístola, la poeta pregunta al Maestro y él le responde poseyéndola. A partir de aquí un lenguaje muy rico en imágenes nos lleva hasta el papel de la poeta como portavoz de todas las madres, y comienza a contar su historia, marcada por numerosas referencias bíblicas, en un lenguaje de alto simbolismo. La poeta grita su inocencia porque "quien mejor sabe de la niñez con la que bajo al patinillo a mojarme las alas para no volar nunca, para quedarme en la piel de aquella muchacha que andaba con miedo, se acurrucaba con tres animales para no morir en la desolación y había zigzagueado por las arenas hasta encontrar su pozo o la bondad de su Dios".

Y a partir de aquí la poeta nos narra sus viajes iniciáticos, en donde sus ojos se posan, por ejemplo, en "las lavanderas semidesnudas que voltean las ropas al sol y, a pesar del Corán, el animismo les sale de dentro por los pechos desnudos y las sonrisas castas". La poeta salta de Djenne a Praga o a Bombay con detalle, y luego su mente nos lleva con rapidez a multiples y variados sitios, a veces conectados por el dolor, como las madres de Mayo, o las de Chile, o las del 36 en España.

Tras viajar en su mente, la poeta se envuelve un chal nuevamente cargado de simbolismo, el chal como "manta de insectos. Un camino de irás sin regresar". Y nos habla de las manos usadas, que "surcaron el hueco de mi boca hasta coger mi grito que, después, cosieron a sus frentes. Por eso he vivido la piel de los eunucos, de los apóstatas, de los mártires que cantaron su desesperanza frente a las metralletas". Y nos habla de la Libertad con lucidez y atrevimiento, Libertad que va "a esparcirse en ese charco que hace la persona cuando sale de sí violentamente...".

Y la poeta pasa a reflexionar sobre el tiempo cuando es lento "como el opio y como el tiempo de la infancia". Y llega el Silencio. "Como el miedo físico a los Campos de Dios, ésos que solamente se miran con las pupilas dilatadas por el propio miedo...Como cuando nada te responde y vas de vértigo en vértigo, saltando los pretiles de los rascacielos con la boca de alguien...". Y la poeta, dentro de su sueño llora, "delante de la puerta cerrada de mi casa...y la bata arrastrando tras de mí, como un aparecida, o la ahogada que habita algún cuadro".

Y para terminar la poeta elige el Verbo, la palabra, a la que clasifica y describe de múltiples maneras: las metafísicas, las de los políticos, las destinadas a los felinos, farmaceúticas, de pasión, etc. Hasta las palabras que matan y "se visten de uniforme". Y la esperanza final: "Nunca se puede con los que más que pisar la tierra, traen los pies de andar por los volcanes...". Y entonces, termina la poeta, el mar.

En resumen, estamos ante uno de los mejores libros de prosa poética que hemos leído últimamente y de ahí que lo hayamos escogido para nuestra sección de "Secretos de poesía". El secreto de este poemario en concreto está quizás en su capacidad para sumergirnos en un universo propio y personal, a la vez sagrado y diabólico, tan poético como actual, capaz de denunciar sin necesidad de pancartas, y elegante a la vez. ¿Qué es lo que menos nos gusta? Quizás en algunos pocos versos las metáforas no resultan del todo afortunadas, y algún momento puntual el tono tiende a la prosa. No hay poemario perfecto. Pero "Los campos de Dios" es un buen resumen de una buena poeta y a la vez un libro que permite releerse y que invita a la reflexión. Tal y como están las cosas, casi un lujo.

Valoración del libro "Los campos de Dios": 7,5 / 10

domingo, 20 de abril de 2008

Mundar, de Juan Gelman. Billy Collins. Carlos Fonseca. El Cultural, tercera semana de Abril, 2008

Hola a todos,

Por orden de importancia subjetiva, comenzamos con "Mundar", de Juan Gelman. Publica Visor. Escribe la reseña Joaquín Marco.Dos libros de Visor trajo la pasada semana El Cultural, que sigue tratando a esta editorial como una de las niñas de sus ojos. La otra también está representada esta semana. Por esta razón nuestra nota de objetividad no puede ser demasiado buena:

Objetividad a priori de la crítica: 4 / 10

Respecto a nuestra objetividad, nuestra reserva frente a la editorial se compensa con nuestra simpatía hacia el autor, anterior a toda esta fiebre de premios que van a llevar a que por fin cambien las reglas de Cervantes, así que nos daremos un aprobado raspado: 5 / 10

En lo que concierne a la crítica de Joaquín Marco, salvo que no estamos de acuerdo en su aseveración de que en todos los poemas se prescinde de contar algo y cuando dice que los poemas "no pretenden reflejar una unidad temática", el resto está bien descrito y narrado. Quizás falta una mayor crítica dentro de la reseña, pero poco más tenemos que decir al respecto.

"Mundar" es el título del poemario, un neologismo verbal que tiene que ver con viajar por el mundo, algo que el poeta conoce muy bien. El libro es una sucesión ininterrumpida de ciento veinte poemas cortos, de variada temática, pero con un sustrato común en el fondo.

Comienza el poemario con una referencia bíblica a la manzana, en donde lo que verdaderamente importa es la soledad metafórica del fruto.

En seguida se ven claros algunos de los denominadores comunes del poemario a través de la reiteración de determinados sustantivos: presencia de la naturaleza, sea en forma animal (perro, parásitos, grillo/s, pájaros), vegetal (manzana, árbol), mineral (piedra varias veces, pedrada) o astral (sol y sobre todo la tarde en su crepúsculo).

Quizás resalta especialmente el uso de la palabra pájaro, ya sea en general, o nombrando especies concretas: pato, alondra, alazán, gorrión, jilguero, estornino, pelícano, gaviota, etc.

El propio Juan Gelman nos da dos explicaciones, que no son mutuamente excluyentes.

Por un lado une el tiempo y el pájaro: “Pasado que pajara / su vida y muerte lo / lleva al otro de sí, a la creación / del animal angélico”. Este texto pertenece al poema “Pasados”, donde vuelve la referencia bíblica en la metáfora ángel-pájaro.

Y renueva la explicación añadiendo el pensamiento para completar una trilogía: “Cuando pasan a la / distancia por un colador / quedan muchos pájaros / en el colador. Pájaros / de ida y vuelta, pensamientos / que no se quieren acostar".

Una de las características de este poemario frente a poemarios anteriores del poeta es su mayor oscuridad, su mayor hermetismo, una tendencia hacia una poesía más abstracta que figurativa.

En este sentido, quizás en clave alegórica, hay varias referencias a las sombras en los poemas "Manzana", "Escondrijos" o "Conversación con Mara". Es curioso, y probablemente significativo, que el primer poema del libro acabe de esta manera: “En un rincón, el viento / mueve la sombra de las hojas”; y el poemario termine así con estos dos versos del último poema: “Pregunten a / las carcajadas de la sombra”. Hay algo de ironía, cómo no, en la oscuridad que a veces arroja el poeta sobre los poemas.

El ritmo es una de las claves de este poemario, que probablemente gane muchos enteros sacado de las hojas y leído en voz alta en un recital, con esa voz maravillosa del poeta. Ritmo variado, con una métrica variada también, que a veces suena a canción porteña y otras veces presenta acertadas disonancias, incluyendo desplazamientos acentuales. De hecho, la canción es otro sustantivo que se repite en varias ocasiones, tanto directamente como en algún poema metapoético, entre los que destaca “Par impar”. Destaca además el hecho de que en este poemario Gelman utiliza en menor medida las barras dentro del verso para marca la respiración intraversal. Es como si nos quisiera dictar en menor medida la lectura del poema.

Otros temas tratados en el poema son el tiempo ("El sudor / del pasado golpea / su páramo roto; y el tiempo con su canción muda; "Pasaron muchos barcos / entre nosotros dos"), la poesía, la palabra, todo ello impregnado de un cierto pesimismo y tristeza que se constituyen en denominador común del poemario: “el fuego interior cuece / viejas iras” en “La carta”; “la gran serpiente de alredor / quema universos” en “Pasados”.

A nivel estilístico, a parte de lo dicho a nivel prosódico, Gelman hace una demostración de atrevimiento lingüístico y de manejo del lenguaje. La sintaxis es retorcida a su antojo, se verbalizan adjetivos y sustantivos, se sustantivan verbos. Como él mismo expresa, haciendo referencia a los límites del lenguaje: "El envión de la palabra la/ lleva al borde que no/puede cruzar". El uso de frases interrogativas es menor a otros poemarios pero sigue siendo abundante.

A veces hay un uso de imágenes intensas: "La / canción de las raíces es / atravesada parte a parte / por una piedra que tiró / la tarde de al lado con / la lejanía de los grillos / calcinada / en una boca grande abierta". En otras, casi un expresionismo visual: “el clavo / que te clavó de ojos cerrados / contra una lengua”.

Entre este buen tono, a veces aparecen versos que parecen fuera de lugar: “Las sábanas / arrugadas del día”, “las avenidas de la búsqueda”, “las ramas del humo”, “En los pespuntes del amor / hay un odio cosido a la ventura”, “cataratas de frío”... O se utilizan juegos pronominales que suenan leídos: “A un dedo de lo que fui me soy / en lo que habré de ser”. O hay juegos de palabras basados en la paranomasia que no encajan en el resto del poemario, restos barrocos que no se ajustan bien a la estructura del poema.

Además de esto, y quizás lo más importante, en unos cuantos poemas falla la comunicación poética porque se tiende en demasía a la abstracción. Hay cierta sensación de insatisfacción al acabar estos poemas.

Aún así, la lista de buenos poemas es amplia: "Líneas" ("La miro como / si no estuviera ahí, pensando /en qué piensa, arrastrada / hacia el sur, como un pedazo del / sueño que preguntaba / por qué su lengua es un verano solo / en lo que va a venir"), "Es" ("es la niña que despierta la calle/ con su manita llena de / caricias / contra / la nada limpia”), "Tango" ("El tango que dice hay dolor / que no se cura con lágrimas / vigila un sueño”), "Lecturas" (“Cuánta / paciencia ha de tener en aulas / donde le enseñan a no ser”), "Las águilas" (“Las pieles del / olvido se secaron / un verano cualquiera, sostenían / tactos de la memoria en su violenta / contracción y empujaban / el atrás hacia atrás”), "Piojos", un poema sobre su padre (“¿Qué castigabas cuando / me castigabas?”), "Está" (“Un alfiler en la garganta lee / palabras que no salen”), "Envolturas" (“Caen estrellas y está triste / Dios, que existe un poquito”), "¿Qué se sabe?" (“Del poema, nada. Llega, tiembla / y raspa un fósforo apagado./ ¿Se ve algo? Nada”), "Interrupciones" (¿por qué el ángel que vuela / hacia adelante mira atrás?”) o "Dice" (“No te conozco todavía. / Te cavo / para saber quien soy).

En resumen, no estamos ante el mejor Juan Gelman, quizás por esa huida de algunos poemas hacia un terreno, la abstracción, difícil de manejar si uno no lo lleva en la sangre. Pero aún con esto, y con algunos pequeños desajustes como cierta barroquización de algunos versos utilizando determinadas figuras retóricas, "Mundar" es un libro recomendable tanto por su magnífica construcción técnica, en especial a nivel prosódico, como por su continuo atrevimiento estilístico, y por presentar algunos poemas especialmente notables. Un poemario que sin duda será un verdadero placer escuchar en directo.

Valoración del libro "Mundar" de Juan Gelman: 7 / 10

El segundo libro importante de la semana es "Navegando a solas por la habitación" de Billy Collins, edita DVD, antología de poeta norteamericano que fue finalista de nuestro premio Arthur Rimbaud en su momento y del que poco tenemos que añadir a lo que ya dijimos:

"Billy Collins (1941) por "Navegando a solas por la habitación". Edita DVD. Norteamericano. Traduce Eduardo Moga: Este poemario bilingüe es una recopilación de poemarios anteriores del autor. En él quizás encontramos al Collins más prototípico: metáforas brillantes, finales muy cuidados, un afinado sentido del humor, lo cotidiano llevado a veces a lo más profundamente lírico, casi a lo sublime. Collins no tiene buena prensa entre sus colegas. Vende demasiados libros para ellos y es muy claro en su poesía. Lo cierto es que es tan claro como difícil de imitar. Lorca o Alberti también fueron poetas populares que escribieron unos cuantos poemas al alcance de un lector normal de poesía, y eso no significa que el poeta sea menos poeta. Tan buen poeta es Billy Collins como Jorie Graham. Y el que no sepa disfrutar de ambos se está perdiendo una poesía muy buena".

La crítica la realiza Ainhoa Sáenz de Zaitegui. DVD es la otra niña de los ojos de El Cultural, y nuestra nota va en concordancia:

Valoración a priori de la objetividad de la crítica en nuestra opinión: 3 / 10

La crítica de Ainhoa, en su línea: "
Navegando a solas por la habitación es la supernova poética que rasga nuestro universo...". ¿Qué más se puede decir después de esto?

Y para terminar, el Loewe joven. No queríamos Loewe, dos tazas. El título joyceano del libro: "
Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender". Escribe Carlos Fonseca. Edita, cómo no, Visor. Y hace la reseña.......tachánnnnnnnnn...¡¡¡Francisco Díaz de Castro!!!, el poeta premiado por Visor con el premio Melilla, jurado de varios premios Visor, etc.

Valoración sobre la objetividad a priori del crítico en este caso en nuestra opinión: -10 / 10

Y respecto a nosotros, Loewe+Visor+El Cultural+Díaz de Castro, así, todo junto, mal. Al ser el premio joven estamos un poco menos afectados que con el supernóvico Loewe senior.

Autovaloración de nuestra objetividad a priori en este caso: 0 / 10

La crítica de Díaz de Castro no hay por donde cogerla. Para resumir, no estamos de acuerdo en nada.

El poemario se divide en tres partes. La primera se titula "Fragmentos del diario de un poeta". Comienza con un poema en prosa, abundantes en esta primera parte, en el que declara que "esta voz barroca y hueca es necesaria". Primer poema que, como ocurre en buena parte del poemario, es una muestra de los errores y algún acierto del mismo. Errores que se fundamentan en las lecturas del poeta, mal digeridas posiblemente por la edad, y que llevan a que a casi cada verso le podamos poner la cara de un poeta. No hay voz propio ni original sino un curioso "melting pot" que resulta más o menos acertado dependiendo del momento, pero que casi nunca pasa de allí.

En este primer poema también aparece uno de los puntos comunes de algunos de los ganadores senior del mismo premio. El preocupante amaneramiento de su lirismo. Comienza el poema"Porque en mis manos nació una sombra que canta...y mis palabras deambulan en un suspiro. Porque a mi pecho lo azotan los recuerdos ajenos y en el declive de esta tarde una metáfora me ofreció una flor de cuatro pétalos".

Y el amaneramiento continúa a lo largo de todo la primera parte: "Te ofrezco un puñado de ojos parpadeantes que vuelan como colibríes", "en las empañadas ventanas del olvido", en "II"; "mi sombra besa las muñecas de la claridad", en "III"; "navegar en el exuberante mar de la literatura" en "IV",

A veces hasta explica una metáfora: "es la pantera - la noche - ..."

El lenguaje poético del autor se basa en buena parte en el uso y abuso de la metáfora, y en la mayoría de los casos ésta suena no sólo amanerada sino antigua y gastada. El mismo parece explicarlo en el poema X: "La palabra mustia está mustia, la palabra muerta está muerta. Acaso, ¿No oyes caer las gotas de mi melancolía?"

Y cuando no, cuanto trata de ser original, el resultado es éste: "podría convertirme yo en el obrero de un abismo",

Cansa además ese "Mí" en mayúsculas, que nos imaginamos que habrá aumentado de tamaño tras el premio.

En los poemas no prosaicos encontramos un poesía mejor como en el caso de "Secretos". Poco más a resaltar en esta primera parte.

La segunda parte, "El sermón de la sombra", comienza con una serie de retratos, que a veces parecen autorretratos. Decepcionante el que nombra a Hart Crane. En el segundo vuelve el poeta sentimentalista y de voz poética amanerada capaz de decir: "Arráncate el pecho, / abre tu corazón, / que allí yazgo, extendido sobre una camilla / como un paciente esperando para ser operado". O un poco más adelante: "Y cielos, cielos inmensos / que no son más que la tumba del cadáver de un crepúsculo". O: "He soñado, también, que nos llovemos sobre los paraguas de la soledad". En el tercero: "...quedarás como una estatua en el museo de mi corazón". Y en el último, y sin ser exhaustivos: "que el pañuelo que nos bordó la noche / nos limpie el sudor de la frente".

Después de un poema en el que parcialmente se minimizan los errores comentados, "En una sola noche infinita", pero ya se vuelven a repetir en "Canción y mensaje para la musa...": "Vayamos a visitar la tumba fría del silencio, / a llevarle flores en el cementerio de la tristeza". Temática gastada, escasa originalidad en la forma, nada nos emociona, y cansa seguir leyendo.

En "Lo que el beso le dijo a la ausencia" estamos igual o peor: "Que tengo una caricia derrotada por la ausencia", "...encontraremos las letras que faltan en el alfabeto del silencio". ¿No parece el primer verso sacado de una canción pop de un letrista, digamos, normalito?

Tras "La noche es una esclava negra que busca libertad" del poema "Biografía de un poema", llega el "Poema de amor", uno de los más largos del libro, con unos cuantos versos afectados. Como dice el poeta "No sólo los crepúsculos son insoportables". Y acaba esta segunda parte con el poema quizás más largo, "Lo que en el diario no cabe", que es una muestra más de todo lo que venimos diciendo. Continua la reflexión metapoética y continúan unos versos cargados: "Ya ardieron las arenas de mi nostalgia". No es de extrañar que el propio poeta diga: "La metáfora de pronto se ha puesto a llorar como una niña". Ni que el poeta pronuncie, en una clara intertextualización, que "Tengo en mi pecho / una hermosa herida / de la que crecen flores".

Termina el poemario con la tercera parte, "Otro demonio, otros huérfanos". Comienza con "La traición...o una oda", donde insiste en contarnos la evolución del poema, aunque mejora el tono con respecto a todo lo anterior. Tras otro poema olvidable acaba este poemario con "Reinvento de la soledad", que sin duda no salva el poemario pero que es el mejor poema del libro con diferencia.

No sabemos que lugar ocupará Carlos Fonseca en la poesía en castellano dentro de 30 años. Pero a día de hoy, tiene mucho que leer, mucho que romper, y sin duda la concesión del Loewe joven no va a ayudarle demasiado. Poesía post-adolescente, sin originalidad en la forma, ni en el contenido, antigua, lastrada por un amaneramiento grave, nuestra valoración no puede ser nada positiva:

Valoración del libro""Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender": 3 / 10

jueves, 17 de abril de 2008

José-Miguel Ullán. Ondulaciones. Poesía reunida 1968-2007

Vamos a tratar en esta crítica uno de los libros que llevábamos retrasados. Se trata de la "Poesía reunida 1968-2007" de José-Miguel Ullán. Edita Galaxia Gutenberg - Círculo de Lectores. El prólogo está escrito por Miguel Casado.

La crítica la realizó en su momento Túa Blesa (http://www.elcultural.es/HTML/20080403/LETRAS/LETRAS22813.asp), que no presenta problemas de objetividad sobre la editorial ni el poeta. Nosotros tampoco.

Sobre la crítica, aunque se apoya algo en el excelente prólogo de Miguel Casado, al menos lo reconoce, no como otros, y está por encima de lo que venía siendo habitual en este crítico.

De un libro que supera las 1.300 páginas no vamos a poder realizar un análisis pormenorizado como los que solemos hacer desde hace unos meses. Esa tarea supondría un acercamiento más próximo a la tesina que a la propia crítica.

Antes de comenzar, felicitar a los editores por el excepcional trabajo de edición que este libro debe haber conllevado. Para un poeta que mezcla tanto el hecho visual con el lingüístico, el volumen refleja perfectamente la singular personalidad plástica de la poesía de Ullán.

Comienza el libro con la tercera sección de "Mortaja", "Ficciones", poemario de 1968. Se nos advierte que el autor ha tomado "la decisión definitiva de excluir de su obra poética algunos libros y cuadernos pertenecientes a la década de 1960-1970". Estamos por tanto ante una edición de autor en la que Ullán ha reordenado parte de los poemarios, ha suprimido otros, edición de autor que deja las puertas abiertas a una edición crítica

"Ficciones" viene a ser un conjunto de poemas-noticia, noticias de sucesos concretamente, que nos recuerda a poetas anteriores que hicieron un uso similar de esta técnica. Termina este breve poemario con un poema a modo de testamento en el que Ullán da una clave visionaria y unitaria de lo que será su propia obra:

"la voz es voz

no existe"

El siguiente poemario es "Maniluvios" (1969-1970). En él, Ullán procede sin contemplaciones a la deconstrucción de la palabra en muchos de sus poemas. Onomatopeyas, aliteraciones, encabalgamientos feroces, yuxtaposiciones de planos líricos, enumeraciones, poesía en verso, en prosa, neologismos, paronomasias, palabras en diversos idiomas, ironía, culturalismo, hermetismo, metapoesía... Un auténtico arsenal de mundos diversos se nos presenta en sólo un poemario. Sólo la relectura comienza a dar pistas del alcance sensorial de sus versos

¿Quizás hay algo de automatismo en el proceso creador? Pudiera ser que sí. No sabemos si este poema es una pista:

"todo es azar el papel

y la herida que lo habi

ta mas necesita eso sí

un raro candil - la sed"


El poeta, consciente del riesgo asumido en cada verso, recordemos el año y comparemos, sabe de su lucha:


"JURO

seguir soñando

con la mano

armada"

Y termina el poemario con un breve poema en prosa escrito en francés, en el que el autor vuelve a dejar caer una de sus claves: la parole sacrifiée mais toujours attendue.

El siguiente poemario, "Funeral mal", abarca un largo periodo de tiempo, 1972-1982, tiene varias etapas y se editó en colaboración con algunos de los mejores artistas plásticos del momento. Comienza con Adoración, de 1972, que se realizó en colaboración con Eduardo Chillida. Naturaleza, sintaxis retorcida por bruscos hiperbatones, desierto, mar, el paso del tiempo, todo en poemas no puntuados, con largos silencios intercalados.

"Ardicia", de 1973, en colaboración con Pablo Palazuelo, comienza con una serie de poemas en prosa en donde el poeta ahonda en su hermetismo. Ecos expresionistas, mistéricos, de nuevo el paso del tiempo, dios, y a continuación fragmentos de textos recortados y pegados a modo de collage y en varios idiomas.

"Acorde", de 1974, se realizó en colaboración con Vicente Rojo. En este caso, la fusión poesía e imagen es total y todos los textos, ordenados alfabéticamente, se enmarcan en unidades plásticas con una sola palabra arriba y un sintagma abajo. Termina el poemario con tres recuadros en blanco y uno sólo escrito, arriba a la izquierda: "rodea la impureza del signo". Queda aclarada la intención estética de ambos artistas.

"Asedio", de 1975, se produjo en colaboración con Antonio Saura (vaya lujo de colaboraciones). Al primer poema, un peculiar soneto, le siguen dos textos en francés tachados, magistralmente tachados habría que decir, por la pluma de Antonio Saura.

"Alarma", de 1975, en colaboración con el desgraciadamente olvidado Eusebio Sempere, los textos son tachados con mayor profusión, y solo las palabras rodeadas y salvadas como si fueran ninots de la zona de Eusebio, nos permiten avanzar en la polisemia del texto, que termina con la palabra hablar subrayada.

"Anular", de 1975, se hizo en colaboración con Antoni Tapies, que pasa su gruesa brocha y la arrastra hasta casi secarse, por encima de los textos minúsculos sobre los que sobresalen frases en letra más grande, a veces buscando cacofonías, aliteraciones, juegos ("lucha la lengua contra usura huera"), y en donde el propio Antoni se atreve a escribir sus propias letras como forma de diálogo con el poeta.

Y el último bloque de este poemario lo constituye "Almario", de 1982. Continúan los juegos de palabras, se busca la rima, hay una cierta imaginería tanto irracional como surrealista. Los poemas mezclan a partes casi iguales francés y español. Algunos poemas son dibujos, pero nunca son mezclados.

El poemario que sigue cronológicamente por fecha de inicio es “De un caminante enfermo que se enamoró donde fue hospedado” (1973). Comienza con una primera parte de texto denso, similar en lo técnico a Maniluvios, pero el texto es concentrado ahora y los cambios de plano son continuos en una mezcla por un lado de escritura automática y por otro de un cierto hermetismo, como si estuviéramos en un patio y nos hablaran diez personas desde diez altavoces distintos. Si el texto es leído sin la menor intención de obtener un significado del conjunto, la impresión es de dureza, de sentimientos extremos, acompañados en ocasiones de noticias de sucesos que enlazan con el primer poemario del libro. En la segunda parte el texto se espacia, y tanto la tercera como la cuarta son partes gráficas para terminar con Luís de Góngora.

En el siguiente poemario, Frases (1974), fotografías y poemas chinos se entrelazan con frases rodeadas de rectángulos.

"Soldadesca", 1974, nos aproxima a "De un caminante...". El texto se vuelve a concentrar. En el aviso al lector que precede, el poeta advierte que las "tramposas palabras estacan jovialmente su lascivia traición". Cada uno de los largos textos, sin ninguna puntuación ni punto de referencia, con un lenguaje a veces antiguo, son como breves mensajes que se van acumulando en el cerebro hasta que la concentración sémica alcanza cotas elevadas. Termina el poemario un aviso concluyente para amar y otro aviso para los lectores de su poesía: "Mas las palabras del cantor quien no las cree no las entiende".

"Manchas nombradas" (1976-1977) es un poemario largo y enormemente rico y plural tanto desde el punto de vista técnico como desde el punto de vista temático. La edición original contó con la colaboración de Saura, Sempere o Palazuelo entre otros. Entre muchos de los temas, destaca la metapoesía ("El poeta reclama espuela y freno"), el amor, la mitología…todo ello con un lenguaje bello y más cercano de lo que acostumbraba el poeta, y ayudado de cierta ironía. Tras los poemas, un teatro poético titulado "Las cuatro estaciones": "La pasión no es palabra. Es el espacio mudo que tú viste al fondo de esa imagen mudada en primavera." Tras varios poemas-imagen y una nueva serie de poemas breves termina Ullán con unos "Responsos" en los que no falta de nuevo la ironía.

Después de un breve poemario, "Rumor de Tánger" (1983), el siguiente libro del poeta es "Visto y no visto" (1988-1993), que compone como un diario en la forma, aunque en el fondo las entradas son fragmentarias y prosaicas. Le sigue al diario un conjunto de poemas dedicados la mayoría a poetas, simpático el dibujo de la poesía de Monterroso, en donde roba un pedazo de alma a cada uno de ellos, y en donde destaca por extensión y terminación el dedicado a José Ángel Valente.

"Manchas nombradas" tiene una segunda parte (1985-1992), en la que el texto recupera todo el protagonismo en poemas de distinta variedad y tipo, pero en el que predomina el verso pausado, alejado de juegos, concentrado, imaginativo, casi esencial por momentos.

"Razón de nadie" (1990-1993) es otro extenso poemario en donde el texto sigue como eje de la comunicación poética del autor. Ullán mantiene el tono de la segunda parte de Manchas nombradas. La reflexión, el recuerdo o la descripción se hacen desde una perspectiva puramente lírica, en general, con un verso corto y aligerado aunque no falta el poema en prosa. El lenguaje se abre casi por completo en su significado, muy alejado del hermetismo de otros poemarios. El propio poeta escribe: "Cómo no repetirse / en exceso" y realmente cumple su objetivo. Un poema largo, de los mejores del libro, "El viento", da término al poemario que acaba con un poema en prosa iniciado por el verso "LO INESPERADO es vínculo del viento" y que termina con un tierno "Anda / llévame contigo".

Los siguientes poemarios son muchos más breves. En "Alfil" (1992) el poeta vuelve a insertar sus versos fuera de su ámbito natural en una edición original que estuvo a cargo de José María Sicilia. "Favorables Cancún Poema" (1995) es un pequeño casi diario de viaje escrito en clave irónica. También existe ironía en su siguiente poemario, "La dictadura del jaykú". Tras "El desvelo" (1995) llega un poemario con un título ciertamente original: "Testículo del anticristo", poemario gráfico en casi su totalidad.

Después de otro poemario muy breve, "Sentido del deber" (1996), llega "Órganos dispersos" (1995-1999) que recupera al Ullán lírico, que se acerca y se aleja de sus juegos cuando y como quiere, y que aquí muestra su cara seria, adulta, sin que ello suponga infravalorar el poeta juguetón y hermético, que hasta rescata el culturalismo perdido. Algunos poemas, como el dedicado al propio Casado, sobresalen especialmente: "que nada espera / salvo adentrarse, / como la yedra, / en lo que de palabra la detiene".

Tras otro breve poemario, "Ni mu" (2002), totalmente visual, precedido de una cita de la Mala Rodríguez que contrasta, seguro que con toda la intención, con las citas de lo mejor de nuestro siglo de Oro en poemarios precedentes, llega "Con todas las letras" (1984-2002), otro poemario visual en el que se intercalan letras de canciones de amor de toda la vida. "Amo de llaves" (2003) es una colección de 125 rensakus de todos los estilos, pero en el que predomina el gusto del poeta por los juegos de palabras, a veces cómicos, a veces amorosos, y que termina con un poema más largo, lleno de cromatismo, titulado "El camaleón". La última parte del libro, "Otros poemas" (1991-2007) trae básicamente los poemas inéditos del libro, ricos en forma y estilo, como resumen de la larga trayectoria artística de este poeta que termina en su último poema diciendo:


/ ¿ Y después?

Ondú

late

con indolencia, incluso

desvergonzada,

sobre la cuerda floja

ahí caída.


Ullán es un poeta singular y moderno, especialmente si tenemos en cuenta el panorama ferozmente conservador de buena parte de la poesía más mediática. Su obra es a la vez vanguardista, clásica, técnica, cuidada en el descuido, seria, irónica, abstracta, figurativa, reflexiva, descriptiva, barroca a lo Villamediana, minimalista...En definitiva, un mundo en sí mismo. Dentro de ese mundo, nos gustan menos los poemas que se apoyan excesivamente en el juego con la palabra, o los que se acercan más al pastiche por el exceso de intertextualidad de todo tipo o los que abusan de la deconstrucción. Estos poemas se desgastan con la relectura. Y nos gustan aquellos en los que la innovación o el atrevimiento técnico están al servicio del fondo y no de la forma. Aquellos también en los que la riqueza léxica es un medio, no un fin. Ullán, con sus virtudes y sus defectos, es un ejemplo de personalidad poética firme al margen de modas. Su obra completa hasta la fecha, Ondulaciones, es un ejemplo de poesía que se ha quedado al margen de la realidad poética española actual gracias al pensamiento único que llevamos sufriendo desde hace quince años, pero que merece un rescate por su brillantez, por su atrevimiento, y por qué no decirlo, por su poesía.

Valoración del libro “Ondulaciones”: 7,75 / 10

martes, 15 de abril de 2008

Poesía en el aire - Idea Vilariño

Hola:

El amigo anónimo nos dio una idea al tratar de localizar los archivos de voz de Idea Vilariño a través del enlace a La Pata Maldita. Algunos nos escribisteis para decirnos que os costaba llegar hasta el final.

Así que hemos llegado a los archivos sonoros, los hemos unidos en dos bloques correspondientes a sus dos mejores poemarios, "Poemas de amor" y "Nocturnos", hemos creado un podcast y de vez en cuando subiremos archivos sonoros para complementar las críticas.

Realmente la voz de Idea nos ha sorprendido y cautivado. Uno de los rasgos que diferencia a un poeta bueno de un poeta extraordinario es cómo recita. Y hay que descubrirse ante el tono, cadencia, y como decía Montse, magia que Idea logra transmitir. Maravillosa:

http://poesiaenelaire.mypodcast.com/index.html

Para escucharla: o bien hacéis click en donde pone "download" o bien en el icono de play.

Disfrutadla amigos :))

sábado, 12 de abril de 2008

Idea Vilariño. Poesía completa. Segunda semana de abril 2008

Hola a todas y todos:

El primer libro reseñado por el Cultural es la "Poesía completa" de Idea Vilariño. Publica Lumen. La reseña la realiza el poeta Joaquín Marco. Joaquín, desde hace un tiempo, sólo escribía crítica de novela en el mismo medio. No sabemos si esto significa que va a haber cambios en el banquillo latinoamericano...

¿No trabajó el sr. Marco en la editorial Lumen hace unos años?. Así aparece al menos en Internet. Por tanto:

Objetividad a priori del crítico en este caso en nuestra opinión: 3 / 10

Respecto a nuestra parte, no tenemos ningún problema con este gigante editorial. Con total honestidad, sí nos sentimos muy incómodos teniendo que valorar a una poeta viva de 88 años: 5 / 10

La crítica de Joaquín, correcta. Conoce de lo que habla, y aunque no estamos de acuerdo en algunas de las cosas que dice, algo normal por otra parte, en general su reseña está bastante por encima de las críticas a poetas latinoamericanos que hemos ido leyendo en los últimos meses en este mismo medio.

Idea Vilariño nació en Montevideo, Uruguay, en 1920. Pertenece a la denominada "Generación crítica" o del 45, que tiene como denominador común una cierta queja existencialista, término que odia la poeta, que prefiere calificar su poesía como nihilista.

Estamos de acuerdo en la partición de Gregorich de la obra poética de la poeta, siendo el punto de inflexión el poemario "Nocturnos". Hasta ese momento la poesía de Idea Vilariño está muy influenciada por el modernismo en la forma y el post-romanticismo en el fondo.

En el primer poema de "Nocturnos", "Qué fue la vida", aparece una de las características estilísticas de la poeta en aquel momento: unir en el mismo poema sustantivos y adjetivos bellos y casi parnasianos con otros casi expresionistas. En este primer poema, a modo de ejemplo, junta a la rosa o la nube rosa con la "podrida manzana" o el asco.

Desde el lado semántico, hay un rechazo a la mentira social, al mundo falso en el que debemos vivir: "Hasta cuando.../la mascarada atroz/de ser cálido y fuerte/y andar entre las cosas/inanimadas frías"

Surge también la decepción ante la vida: "...madrugadas sórdidas / en asco / en tareas sin luz / en rutinas / en plazos".

Obsérvese como Idea prescinde del uso de acentos. El verso es corto y suele guardarse en sintagmas que a veces rompe recordando al Shakespeare de la última época, que rompía los yámbicos en un punto inconcebible hasta ese momento. Idea fue traductora del genio inglés.

Hay una desesperanza existencial clara en sus versos: "si estoy aquí sin sueños / sin esperanzas y /sin nada que me sirva". Más adelante, en "Eso" termina el poema diciendo: "en fin / mi pobre vida". En el poema "Ven", la situación anímica de la poeta casi llega a su culminación temprana cuando invita a la muerte a venir a ella: "ven muerte ven / que espero".

Desesperanza existencial que puede tener su origen en la soledad involuntaria. Y así, en "Noche de sábado" nos dice: "es la noche del sábado / yo estoy solo sola / y estoy sola / y soy sola/...Más adelante, en el poema "Noche desierta" nos dice: "Y nadie a quien poder / abrazarse llorando". Y en el poema "Se está solo", dedicado en exclusiva a la soledad, con algún apunte expresionista además: "solo como un muerto en su caja doble / golpeando la tapa y aullando", expresionismo que se hace más fuerte en el poema sobre la muerte titulado "Lo que siente la mano" en el que su cadáver se va despojando de todo lo que fue "pudriéndose / pudriéndose / volviéndose ceniza". Y de nuevo en "Cerrada noche humana" en donde se puede concluir que es la noche la que concentra los sentimientos de soledad de la poeta: "Aquí estoy entregada en / la oscura humana noche / sin nadie más / sin nadie". Lo mismo dirá sobre la noche en "Noche sin nadie". La soledad llega a asociarse, además de con la noche, con la conciencia: "esta soledad esta soledad la conciencia".

Observad el curioso encabalgamiento de algunos de los versos del párrafo anterior. Hay ecos clarísimos de William Carlos Williams.

Continua la poeta con una declaración casi nihilista: "soy la vida / y no soy nada / nadie / un pedazo animado / una visita / que no estuvo / que no estará después", declaración que también puede escucharse en "Volver": "Quisiera estar dormida entre la tierra / no dormida / estar muerta y sin palabras / no estar muerta / no estar / eso quisiera". O a lo largo de todo el poema "No hay ninguna esperanza".

La duda es expresada en múltiples ocasiones en los poemas, en especial en "Pasar", en el que comienza con "Quiero y no quiero". Dudas que afectan a la identidad del yo: "Quién / yo / aquélla o ésta...", identidad sobre la cual también dialoga en "Cuando compre un espejo".

Entre los mejores poemas destaca sin duda "Si muriera esta noche", como grito de dolor marcado por una magnífica metáfora, o "De nuevo", donde la muerte "me marca / me precisa / para mejor borrarme", o "Más soledad", donde una imagen poderosa es capaz de transmitir la intensidad de sus sentimientos.

Una de las curiosidades de este poemario es que la poeta le ha ido añadiendo nuevos poemas con los años. Y así, aunque la mayoría de poemas están escritos en los años 50, hay hasta un poema de 2001, donde la angustia existencial y nihilista, a pesar de los 50 años pasados sigue tan viva como siempre: "Pero ahí está la náusea/.../basta/basta/morirse". Y termina con un poema del mismo año que cierra con el siguiente verso: "el pobre corazón como un pañuelo"

En 1957 publica el poemario "Poemas de amor", dedicado a Juan Carlos Onetti, con quien mantuvo una relación sentimental que eufemísticamente podríamos calificar de compleja, entre muchas razones porque Onetti estaba casado. El propio Onetti le dedicó su novela "Los adioses".

Ya en el primer poema define bien parte de esa relación. Onetti es un huésped "Sos un extraño / un huésped / no que no busca no quiere / más que una cama / a veces /.../ Pero yo vivo sola". Insiste en esa perspectiva en "No te amaba": "viendo / que venías / por fin / que llegabas / de paso".

Es una soledad, la de la amante, que Idea no acepta: "Dónde estás / dónde estás" nos dice en "Escribo pienso leo". Se queja de que el amante no se ponga en su lugar en "No miraste".

Por eso su forma de ver este amor no sea positiva: "todo iba /encaminado/.../para que lo pisaras". O cuando dice en "Te estoy llamando": "te estoy llamando / como a la muerte / amor / como a la muerte".

Algunos de los mejores poemas son los que celebran el amor, el erotismo y la sensualidad: "La piel", "La noche" ("y era su amor en mí / invadiendo tan lenta / tan misteriosamente"), "Entre" o "Quiero"

A veces la poeta introduce la angustia existencial ligada al amor, como en el poema "Estoy tan triste", "Tango" o en el extraordinario "Ya no": "Ya no será / ya no / no viviremos juntos /.../No me abrazarás nunca / como esa noche / nunca. / No volveré a tocarte. / No te veré morir."

Otras veces parece que la brevedad de ese amor, que la poeta cifra en ese momento en sólo nueve noches "tal vez / pueda vivirse / como de un largo amor / toda una vida".

Y quizás lo más triste de ese amor vivido por la poeta, es que en un poema del mismo poemario escrito en 1970 dice que "aquel amor/.../está/todavía/sangrando", a pesar de que en otro gran poema, "Adiós", de 1961, parecía despedirse definitivamente de ese amor. El mismo título de "Adiós" se repite en otros dos poemas en años anteriores y posteriores, lo que da una idea de que el adiós no fue nunca definitivo, y que su cerebro era incapaz de alejarla de una relación autodestructiva.

A veces aparece un sentimentalismo casi adolescente como en la "Carta II", o una mujer casi arrastrada y humillada en su amor como en la "Carta III". Y aunque la segunda parte del poemario es menos interesante que la primera, de nuevo mucho más tarde que la fecha inicial de publicación encontramos un poema de 1990: "Anoche entre mis sueños/.../hice el amor contigo/../contigo que hace tanto/ hace tanto estás muerto." En 1992, en la "Última carta" lo llama "amor de mi vida", aunque habla de haber amado a un hombre que no era exactamente el hombre que ella amó.

Termina el poemario con el poema "El amor", perfecto resumen terrible y angustioso, de lo que el amor pensaba que significaba para ella, a pesar de estar escrito en 1955: "por qué entre tantas noches no hubo nunca / una noche un amor / un amor / una noche de amor / una palabra."

Claramente "Poemas de amor" es el mejor poemario de la autora. Poesía confesional en su mayor parte, indaga y transmite sus sentimientos a lo largo de la tormentosa relación con su amante, y explica en qué medida esta relación influyó en su carácter destructivo. Lo hace además sin caer en cursilerías, gracias quizás al lenguaje cercano que emplea. Desde una lucidez en la que ella misma se describe como lo que vulgarmente se llamaría un "títere". El amor y el poder de Onetti hunden su personalidad, la aniquila y se queda a expensas de él, como un juguete.

El siguiente poemario se titula "Pobre mundo" dividido en dos partes. En la primera nos habla sobre todo de la naturaleza y en la segunda la poeta se nos presente en su vertiente política. Buena parte de los poemas están escritos en Las Toscas, una zona turística de playas de Uruguay. El poemario, sin embargo, comienza un poema de denuncia política, en este caso, ecológica: "Pobre mundo".

La naturaleza, en su más pura concepción de beatus ille, gracias en parte a la experiencia en Las Toscas, aparece en varios poemas como "Constante despedida", "Cada tarde", "Techo divino", "Mar", "En este misma tarde", "Yo la vi", "En el centro del mundo", "Por allá estará el mar", etc. Curioso el poema "Sueño", que nos recuerda a la Chantal de "Hilos".

En esta primera parte, para terminar, surge un poema que rompe de alguna manera el hilo conductor del poemario, "Me voy a morir", y que nos retrotrae al poemario "Nocturnos".

La segunda parte, más política, comienza con un poema, "En la noche de luna", en donde la poeta enfrenta la paz de la naturaleza con la barbarie humana. Después de un retorno al existencialismo, "La isla", hay un poema político bien resuelto, "A Guatemala", seguido de otros poemas políticos, ejecutados con mayor o menor eficacia, dependiendo de los casos: "Playa Girón", donde Cuba paró al ejército norteamericano; "Digo que no murió", sobre el Che; "Agradecimiento", sobre fotografías de guerrilleros muertos; "René Zavaleta" en donde la poeta parece promover la destrucción como solución; y el último, "Con los brazos atados", sobre las torturas.

En general, estos poemas pierden parte del carácter lírico de los anteriores y presentan un lado más narrativo.

Tras tres poemas dedicados a tres poetas, ¿el ataque a Baudelaire es sincero?, el último poemario es "No", una colección de 58 poemas breves, en los que la poeta ofrece de todo: aforismos, juegos de palabras ("Podés creer que nada / le sirve nunca / a nadie / para nada"), autodestrucción nihilista (que la sirena...me arrastre al fondo, "quiero morir"); pequeñas reflexiones, descripciones de aspecto oriental, algo de ironía. En general, muchos de los poemas resultan fallidos (Tanto da / o da tan poco. / Ni me va / ni me viene.), y como ella misma dice al final con toda lucidez: "Inútil decir más".

Es difícil, y hasta incómodo como decíamos antes, hacer una valoración de una poeta viva mayor, especialmente de alguien que durante una parte de su vida ha sufrido tanto como esta poeta. Quizás la parte de su poesía que mejor aguantará los avatares del tiempo sea su poesía amorosa, donde la sinceridad con la que escribe, y su enorme capacidad para transmitirnos su papel de amante, de segunda, su soledad y su angustia, sin duda conmueven y nos hace encontrarnos con lo mejor de su poesía.

Por lo que se refiere a la técnica, el verso es libre o medido dependiendo del caso. Hay un claro abuso a lo largo del libro de determinadas figuras retóricas de repetición, como la anáfora, la geminación y otras muchas basadas siempre en la repetición como si la poeta no se sintiera cómoda con el ritmo que marca el verso libre por si solo. También se abusa de la paradoja.

La ausencia de comas, por otra parte, no es gratuita y forma parte del modo de escribir de la poeta. Tampoco es gratuito el acertado uso del encabalgamiento. La elipsis, muy usada, casi siempre es acertada y produce el efecto buscado.

El mayor problema del libro es que la mayoría de poemas giran en torno a lo mismo: la soledad, la muerte, la angustia existencial sin que se produzca una aportación original sobre los mismos. El a veces abusivo uso de ciertas figuras de repetición se extrapola a los propios poemas como unidades de un conjunto, de forma que hasta la poeta titula un poema "Más soledad". Sin duda Idea logra comunicar sus sentimientos pero hay una reiteración sobre los mismos que reduce la intensidad dramática del dolor que percibimos. De la misma forma, la expresión de los poemas no presenta novedades significativas en cuanto a la temática ni en cuanto a la forma de expresión. La falta de originalidad se puede resumir en este breve poema: "Como un disco acabado / que gira y gira y gira / ya sin música / empecinado y mudo / y olvidado. / Bueno / así". Aun así, la brillante presentación oral de los poemas compensa con creces los problemas señalados.

Sin duda, hay poemas buenos dentro del libro, se agradece el lenguaje sencillo, lejos de amaneramientos, para cantar al desamor, la poeta maneja bien el verso corto y tallado, pero los problemas antes señalados llevan a que nuestra valoración personal sobre el conjunto del libro no pueda pasar de una nota media/alta, sin duda ayudada por la extraordinaria capacidad de comunicación de la poeta cuando recita.

Valoración del libro "Poesía completa" de Idea Vilariño: 7 / 10

La otra reseña de la semana en El Cultural la realiza Antonio Colinas sobre una antología de Oscar Milosz (no confundir con el premio Nóbel) publicada por Devenir. Ni en las librerías ni a través de la propia editorial hemos podido encontrar el libro. Por otra parte, comienzan a llegar los libros retrasados a nuestras manos, por lo que esperamos que pronto esteremos al día.

En la sección de breves, Ainhoa nos recuerda tres libros. De los tres recomendamos especialmente el ensayo de nuestro admirado Rafael Cadenas titulado "Habla Walt Whitman". Edita Pre-Textos.

jueves, 3 de abril de 2008

Oda Plutoniana. Poemas 1977-1980. Allen Ginsberg. Primera semana de Abril. El Cultural. Babelia

Hola a todas y todos:

Empezamos por El Cultural. Esta semana El Cultural reseñó dos libros. Vamos a centrarnos en uno de ellos y al final explicaremos por qué.

El libro sobre el que vamos a escribir la crítica es la "Oda plutoniana. Poemas 1977-1980" de Allen Ginsberg. Publica Visor. Escribe la reseña Ainhoa Sáenz de Zaitegui. La traducción es de Antonio Resines.

Nuestra opinión sobre la objetividad de El Cultural respecto a Visor es repetitiva y Ainhoa no es la excepción aunque podría ser peor:

Objetividad en nuestra opinión a priori de la critica en este caso: 4 / 10

Nuestra objetividad respecto a Visor tampoco es una maravilla pero ayuda el no tratarse de uno de esos premios tan interesantes:

Objetividad a priori del colectivo en este caso: 4 / 10

La crítica de Ainhoa, por no ser repetitivos de nuevo, en su línea. Su prosa tiene un mayor parecido con la que utilizaría un publicista que con la prosa de un crítico de poesía. Es el triunfo del epíteto alabatorio sobre el resto de adjetivos, y por supuesto, sobre lo sustantivo, de sustancia. Comete el error además de hablar de la costilla de Adán refiriéndose a Allen cuando precisamente, como ahora explicaremos, la Oda Plutoniana es un poema muy marcado por el budismo.

Comenzamos. El libro es una reedición, ¿por qué no se dice?, del libro del mismo título, traductor y editorial publicado en 1984 en versión no bilingüe. En este caso la versión sí es bilingüe.

Comienza abruptamente con el primer poema, "Oda plutoniana", sin introducción ni prólogo ni nada. Por doce euros, merecería una introducción, aunque fuera corta.

Este primer poema es el mejor y más importante del libro, con una diferencia en calidad poética enorme sobre el resto, casi en su totalidad sólo recomendable para fanáticos de Ginsberg. Por otra parte, la Oda Plutoniana está ampliamente disponible en Internet incluyendo las notas de Ginsberg. La Oda acaba en la página 29 y hasta la 207 nos espera un enorme grupo de poemas, en su mayoría prescindibles.

Es importante recalcar el cambio brutal que significa la "Oda Plutoniana" respecto a la obra anterior de Ginsberg. Y nos vais a permitir hacer un poco de historia.

Aproximadamente 30 años le costó al poeta norteamericano quitarse de encima la visión, cierta o inventada, que tuvo en el verano de 1948 cuando William Blake, ese genio de la historia del que ningún suplemento subcultural español recordó en 2007 la celebración de su 250º cumpleaños, le habló y comenzó a dictarle poemas, como si, y así lo creía, Dios a través de Blake le hubiera encomendado la tarea de ser su profeta en la Tierra y expresarse a través de la poesía.

Tras poner los pies en la tierra, de manera parcial afortunadamente, surge Howl como uno de los grandes poemas del siglo XX, quizás todavía pendiente de la gran traducción al español si es que es posible, poema que además de la influencia de Blake contó con la referencia de otro visionario como Whitman, así como la ayuda práctica de William Carlos Williams. El poemario tenía claras referencias judeo-cristianas, recordad poemarios posteriores, y el poeta pensaba que su poesía podía cambiar el mundo.

Sus diarios de viajes que conforman "Planet News" y ''The Fall of America'' contienen algunos excelentes poemas pero, a pesar del premio nacional para el segundo, el poeta se encontraba perdido no sólo espiritualmente sino en parte poéticamente, quizás como consecuencia de lo primero. Quizás también porque ya no se creía su papel de profeta salvador.

(Como primera desviación, el poema "Ecologue" es sólo una muestra de que la poesía ecológica no la hemos inventado en España ni es precisamente una novedad.)

A comienzos de los 70, en la ciudad de Nueva York, y menuda casualidad, Allen Ginsberg trató de coger el mismo taxi que Chögyam Trungpa Rinpoche, un maestro budista de la escuela Vajrayana que sería su profesor de por vida, y que cambió el modo de pensar del poeta, en la medida de sus posibilidades. En torno a 1972 Ginsberg dejó de viajar de un lado a otro y se fue a Colorado a aprender budismo.

Y lo que surgió de ahí, entre otras muchas cosas, es el cese de la búsqueda y esperanza cristiana de la salvación de la muerte, al menos durante una temporada. Ginsberg, a pesar del tema que elige para su Oda, no moraliza. No nos sugiere que estemos de su lado y que tomemos parte. La voz de un profeta judeo-cristiano con intenciones de salvarnos y pontificarnos es sustituida por la voz de un profeta budista que ya no cree en el Dios salvador pero sí cree en la fuerza espiritual del ser humano. El estilo, utilizando una simbología parecida a la anterior, se vuelve meditativo y perceptivo aunque conserva su estilo profético.

Así, la Oda conserva esa lenguaje salmódico del mejor Ginsberg, un ritmo muy acertado, un tono elevado con profusión de exclamaciones, un lenguaje simbólico a la vez que mítico, en definitiva, un intento de sacralizar la poesía cuyo resultado es un poema excelente. Philip Glass, no sin razón, escribió su sinfonía nº6 basándose en la Oda.

Y hasta aquí la Oda Plutoniana. Sólo un poema del resto del poemario tiene una relación temática directa con éste: "Días de Nagasaki".

Ginsberg es un poeta que se mueve mejor en antologías de poemas que en poemarios completos donde se aleja casi huyendo de la poesía cuando comienza a escribir propaganda o su yo confesional lo nubla todo, y se acerca maravillosamente cuando es visionario y profético, o cuando utiliza un humor satírico e incluso opta por la auto parodia. Y sobre todo, Allen Ginsberg fue poeta con su propia vida. ¿Sobrevalorado?. Sin duda, pero hay casos mucho peores y algunos de los poemas del autor sobrevivirán sin duda el paso del tiempo.

A nivel métrico nos encontramos en el resto del poemario con dos tipos de poemas: los que contienen rima y se dividen en el mismo número de estrofas, con "Padre Gurú" como excepción en lo estrófico, y los que abandonan la rima aunque la prosodia se cuide más de lo que parece.

Dentro del primer caso se encuentran poemas como "Blues del chivato", "Desamor", "Padre Gurú", "Viejo estanque", "El amor volvió", "Algo de amor", "Tal vez el amor", "Amor perdonado" etc.

En la traducción obviamente se pierde la rima, que el autor utiliza con sentido del humor, y no sabemos por qué se pierde también por completo el ritmo. El resultado es que la poesía en su conjunto resulta perdida en la traducción ya que el aspecto semántico ni es novedoso ni original. Por ejemplo, un poema como "Viejo estanque", con rima no sólo al final del verso sino interna a veces, con onomatopeyas además, con el ritmo marcado, en el que la gracia del poema es leer un lenguaje de barrio rimado y rítmico, una vez traducido se queda en nada:

Left home got work down town today
Sold coke, got busted looking gay

el traductor lo traduce de esta manera:

Salí de casa tengo trabajo hoy en el centro de la ciudad
Vendí coca, me arrestaron por parecer gay

En estos poemas Allen nos habla de soplones de la policía, de policías corruptos, y sobre todo nos habla del amor, traducido casi siempre en clave pornográfico en el que el caca-culo-pis infantil se sustituye por la corrida-culo-mamada adolescente, como si los griegos no hubieran inventado ya este tipo de lenguaje. Aun así, la rima introduce una textura de cierta parodia que hace soportables los poemas en el idioma original, aunque a veces parecen realmente escritos por un adolescente hormonado:

Mouths suck my cock
Boys wish me good luck

Muchos de ellos, además, hablan del amor de una persona ya mayor a chicos jóvenes, con una cierta reflexión sobre el paso del tiempo y la juventud.

En los poemas no rimados, los temas son también parecidos: sexo, política (como la adaptación del nerudiano "Que despierte el leñador" o "Versos escritos para la reunión estudiantil en contra del alistamiento 1980), ecología ("Tareas domésticas"), la vejez ("No envejezcas"), el descontento ("Adusto esqueleto"), paisajes urbanos, la falsedad del mundo ("Culpar al pensamiento"), melancolía ("Estado jardín"), etc.

En estos abunda un tono narrativo, marcado a veces por un acertado uso de la acentuación, con una excepción prosódica que es un poema escrito en estrofa sáfica, que también se pierde en la traducción, que se queda en general en pura prosa. Pero además, muchos de los poemas incluso en su idioma original tienen poca proteína. Hay un exceso de enumeraciones, de nombres propios, de confesionalismo aburrido ("Cuarto piso, amanecer...", "Defendiendo la fe"), de discurso político obvio, de reiteración en la sexualidad homosexual, de abuso de la anáfora en algunos poemas...

Algunos poemas se salvan, como la autoparodia de "Cerebro de Brooklin Collegue", dedicada a Shapiro y a Ashbery; "A los punks de Dawlins", dedicado al movimiento punk de los setenta en el Reino Unido; "Tal vez el amor", poema rimado que nos habla del pensamiento de una persona madura que siente que se le acabó lo bueno y que el budismo no le sirve para superar este pensamiento; "Reflexiones en el lago Louise" sobre su aprendizaje budista y su maestro; "Oda al fracaso" en donde se confiesa fracasado y profeta del fracaso, y su miedo a la muerte es un nuevo síntoma de su fracaso como budista; "Cabeza de chorlito" en donde el abuso anafórico es extenuante pero en el que resulta divertido leer como el poeta arremete contra todo incluyéndose a él mismo; y el poema final, "Aire del capitolio", que se casi se podría rapear sin cambiarlo gracias a su ritmo y rima, y en donde de nuevo el poeta se mete y se ríe de todo, terreno en donde claramente se maneja muy bien.

(Como segunda desviación, aunque no sea un punto estrictamente poético, es destacable que Ginsberg se mete igual con su propio país, que con las dictaduras comunistas de Cuba, la URSS, China, etc, lo que le da mayor credibilidad a su lenguaje poético-político que al lenguaje de algunos de nuestros poetas más politizados, que deberían de viajar un poco más antes de hablar de paraísos infernales (ver "Tareas domésticas", "Cabezachorlito" o "Aire del capitolio")).

Al poemario en su conjunto le faltan también notas tanto de traducción como de orientación al lector. Prácticamente, las únicas notas que se incluyen son las del propio Ginsberg sobre la Oda. Un ejemplo de chiste que se traduce sin más, se queda sin gracia, y ni siquiera merece una explicación es el siguiente:

"Is life worth living? Depends on the liver.
¿Vale la pena vivir? Depende del hígado.

Se podría haber advertido del juego de palabras con "liver" pero no se hace.

Es díficil dar una nota a este poemario tan irregular, que comienza con un poema muy bueno, que está lleno de poemas bastante flojos, y en donde a veces aparecen poemas de nota media o media alta. La valoración que damos no tiene en cuenta el hecho de que nos parece una traducción fallida, no tanto por la imposibilidad de traducir la rima, sino por el hecho de que el traductor no busque cierto ritmo que impida que los poemas se conviertan en pura prosa. Hay también fallos de traducción, pero eso ocurre en las mejores familias.

Valoración del libro "Odas Plutonianas. Poemas 1977-1980": 6 / 10

A parte de este libro, El Cultural también reseña la poesía reunida de José Miguel Ullán. Cuando recibamos este libro, realizaremos la reseña. Por cierto que la Biblioteca Nacional tiene expuesta una muy interesante exposición de poesía visual en la que, cómo no, también está presenta la obra de Ullán.

Babelia por su parte sólo realiza una reseña de poesía, y lo hace sobre un libro ya reseñado: el premio Loewe de Vicente Valero. La crítica la realiza Angel Luis Prieto de Paula, que habla también de un libro de ensayo de Vicente. Como ensayista y poeta, Ángel Luis compara a Vicente con "el mejor Gil Albert" en cuanto a lo observador y sensitivo. Habría que añadir el blanco de la córnea como mayor parecido porque el Gil Albert normal es, ya que estamos pasados de rosca, infinitamente mejor que el mejor Valero. Una de las características de los textos del crítico es su búsqueda incansable de algún oxímoron, y en este caso a punto está de conseguirlo. El crítico termina haciendo un resumen del resumen del párrafo que dedica al libro para decirnos que Vicente Valero es "recogimiento y claridad". No se puede decir menos en tan escaso espacio. La poesía mediática va teniendo la crítica mediática que se merece. Ni más ni menos.