sábado, 12 de enero de 2008

Pequeño homenaje a Ángel Gonzalez y Pepín Bello


Empezamos mal el año con tanta muerte y ley de vida. Este es nuestro más que humilde homenaje. Empezamos por el poeta Ángel González.

Antes del poema elegido, os dejamos algunos enlaces en donde se puede escuchar o ver a Ángel recitando:

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez/video.shtml

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=ver_poema1.php&pid=11379

http://www.youtube.com/watch?v=SKm22WyGHGs

http://amediavoz.com/poetas.htm

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/AGonzalez/voces.shtml


Cadaver ínfimo

Se murió diez centímetros tan sólo:
una pequeña muerte que afectaba
a tres muelas careadas y a una uña
del pie llamado izquierdo y a cabellos
aislados, imprevistos.
Oraron lo corriente, susurrando:
«Perdónalas, Señor, a esas tres muelas
por su maldad, por su pecaminosa
masticación. Muelas impías,
pero al fin tuyas como criaturas.»
Él mismo estaba allí,
serio, delante
de sus restos mortales diminutos:
una prótesis sucia, unos cabellos.
Los amigos querían consolarle,
pero sólo aumentaban su tristeza.
«Esto no puede ser, esto no puede
seguir así. O mejor dicho:
esto debe seguir a mejor ritmo.
Muérete más. Muérete al fin del todo.»
Él estrechó sus manos, enlutado,
con ese gesto falso, compungido,
de los duelos más sórdidos.
«Os juro
—se echó a llorar, vencido por la angustia—
que yo quiero morir mi sentimiento,
que yo quiero hacer piedra mi conducta,
tierra mi amor, ceniza mi deseo,
pero no puede ser, a veces hablo,
me muevo un poco, me acatarro incluso,
deducen que estoy vivo,
mas no es cierto:
vosotros, mis amigos,
deberíais saber que, aunque estornude,
soy un cadáver muerto por completo.»

Dejó caer los brazos, abatido,
se desprendió un gusano de la manga,
pidió perdón y recogió el gusano
que era sólo un fragmento
de la totalidad de su esperanza.

(De su poemario Tratado de urbanismo, Barcelona, El Bardo, 1967)

De Pepín Bello, os dejamos una entrevista y un artículo interesantes de un ser humano entrañable:

http://www.elmundo.es/larevista/m84/textos/bello1.html

http://www.residencia.csic.es/bol/num6/pepin.htm

Descansen en paz.




10 comentarios:

  1. Mi pequeña contribución:

    Ya nada ahora

    Largo es el arte; la vida en cambio corta
    como un cuchillo
    Pero nada ya ahora

    —ni siquiera la muerte, por su parte
    inmensa—

    podrá evitarlo:
    exento, libre,

    como la niebla que al romper el día
    los hondos valles del invierno exhalan,

    creciente en un espacio sin fronteras,

    este amor ya sin mí te amará siempre.

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  2. INMORTALIDAD DE LA NADA

    Todo lo consumado en el amor
    no será nunca gesta de gusanos.

    Los despojos del mar roen apenas
    los ojos que jamás
    —porque te vieron—,
    jamás
    se comerá la tierra al fin del todo.

    Yo he devorado tú
    me has devorado
    en un único incendio.

    Abandona cuidados:
    lo que ha ardido
    ya nada tiene que temer del tiempo.

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  3. ¿CÓMO SERÉ...

    ¿Cómo seré o
    cuando no sea yo?
    Cuando el tiempo
    haya modificado mi estructura,
    y mi cuerpo sea otro,
    otra mi sangre,
    otros mis ojos y otros mis cabellos.
    Pensaré en ti, tal vez.
    Seguramente,
    mis sucesivos cuerpos
    -prolongándome, vivo, hacia la muerte-
    se pasarán de mano en mano
    de corazón a corazón,
    de carne a carne,
    el elemento misterioso
    que determina mi tristeza
    cuando te vas,
    que me impulsa a buscarte ciegamente,
    que me lleva a tu lado
    sin remedio:
    lo que la gente llama amor, en suma.

    Y los ojos
    -qué importa que no sean estos ojos-
    te seguirán a donde vayas, fieles.

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  4. Yo prefiero recordarlo en la versión golfa y con buen sentido del humor. Hasta siempre, poeta

    INVENTARIO DE LUGARES PROPICIOS AL AMOR

    Son pocos.
    La primavera está muy prestigiada, pero
    es mejor el verano.
    Y también esas grietas que el otoño
    forma al interceder con los domingos
    en algunas ciudades
    ya de por sí amarillas como plátanos.
    El invierno elimina muchos sitios:
    quicios de puertas orientadas al norte,
    orillas de los ríos,
    bancos públicos.
    Los contrafuertes exteriores
    de las viejas iglesias
    dejan a veces huecos
    utilizables aunque caiga nieve.
    Pero desengañémonos: las bajas
    temperaturas y los vientos húmedos
    lo dificultan todo.
    Las ordenanzas, además, proscriben
    la caricia ( con exenciones
    para determinadas zonas epidérmicas
    -sin interés alguno-
    en niños, perros y otros animales)
    y el «no tocar, peligro de ignominia»
    puede leerse en miles de miradas.
    ¿Adónde huir, entonces?
    Por todas partes ojos bizcos,
    córneas torturadas,
    implacables pupilas,
    retinas reticentes,
    vigilan, desconfían, amenazan.
    Queda quizá el recurso de andar solo,
    de vaciar el alma de ternura
    y llenarla de hastío e indiferencia,
    en este tiempo hostil, propicio al odio.

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  5. PARA QUE YO ME LLAME ÁNGEL GONZÁLEZ

    Para que yo me llame Ángel González,
    para que mi ser pese sobre el suelo,
    fue necesario un ancho espacio
    y un largo tiempo:
    hombres de todo el mar y toda tierra,
    fértiles vientres de mujer, y cuerpos
    y más cuerpos, fundiéndose incesantes
    en otro cuerpo nuevo.
    Solsticios y equinoccios alumbraron
    con su cambiante luz, su vario cielo,
    el viaje milenario de mi carne
    trepando por los siglos y los huesos.
    De su pasaje lento y doloroso
    de su huida hasta el fin, sobreviviendo
    naufragios, aferrándose
    al último suspiro de los muertos,
    yo no soy más que el resultado, el fruto,
    lo que queda, podrido, entre los restos;
    esto que veis aquí,
    tan sólo esto:
    un escombro tenaz, que se resiste
    a su ruina, que lucha contra el viento,
    que avanza por caminos que no llevan
    a ningún sitio. El éxito
    de todos los fracasos. La enloquecida
    fuerza del desaliento...

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  6. En este instante, breve y duro instante,
    ¡cuántas bocas de amor están unidas,
    cuántas vidas se cuelgan de otras vida
    exhaustas en su entrega palpitante!

    Fugaz como el destello de un diamante,
    ¡qué de manos absurdamente asidas
    quieren cerrar las más leves salidas
    a su huida perpetua e incesante!

    Lentos, aquí y allá, y adormecidos,
    ¡tantos labios elevan espirales
    de besos!... Sí, en este instante, ahora

    que ya pasó, que ya lo hube perdido,
    del cual conservo sólo los cristales
    rotos, primera ruina de la aurora.

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  7. Me sumo al homenaje a estos dos seres entrañables. Descansen en paz.

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  8. Me encanta la sinceridad de este poema. Tuve la suerte de conocerte y eras un cielo, querido Ángel.

    Carta sin despedida


    A veces,
    mi egoísmo me llena
    de maldad,
    y te odio casi
    hasta hacerme daño
    a mí mismo:
    son los celos, la envidia,
    el asco
    al hombre, mi semejante
    aborrecible, como yo
    corrompido y sin remedio,
    mi querido
    hermano y parigual en la desgracia.

    A veces -o mejor dicho:
    casi nunca-,
    te odio tanto que te veo distinta.
    Ni en corazón ni en alma te pareces
    a la que amaba sólo hace un instante,
    y hasta tu cuerpo cambia
    y es más bello
    -quizá por imposible y por lejano.

    Pero el odio también me modifica
    a mí mismo,
    y cuando quiero darme cuenta
    soy otro
    que no odia, que ama
    a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo,
    que lleva tu apellido,
    y tiene,
    igual que tú,
    el cabello largo.
    Cuando sonríes, yo te reconozco,
    identifico tu perfil primero,
    y vuelvo a verte,
    al fin,
    tal como eras, como sigues
    siendo,
    como serás ya siempre, mientras te ame.

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  9. Yo he querido seleccionar un poema de su último libro, "Otoño y otras luces", un poemario magnífico:

    Estampa de invierno

    Mientras yo en mi yacija como es debido yazgo
    arropado en las mantas y las evocaciones
    de días más luminosos y clementes,
    por no sé qué resquicio de mi ventana entra
    un cuchillo de frío,
    un gris galgo de frío
    que se afana en mis huesos con furia roedora.

    No es de ahora, ese frío.
    Viene desde muy lejos:
    de otras calles vacías y lluviosas,
    de remotas estancias en penumbra
    pobladas sólo por suspiros,
    de sótanos sombríos
    en cuyos muros reverbera el miedo.

    (En un lugar distante,
    trizó una bala
    el luminoso espejo de aquel sueño,
    y alguien gritaba aquí, a tu lado.
    Amanecía.)

    No.
    No está desajustada la ventana;
    la que está desquiciada es mi memoria.

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  10. A veces el realismo es mágico sin pretenderlo. Sin forzarlo.

    Ciudad cero

    Una revolución.
    Luego una guerra.
    En aquellos dos años -que eran
    la quinta parte de toda mi vida-,
    yo había experimentado sensaciones distintas.
    Imaginé más tarde
    lo que es la lucha en calidad de hombre.
    Pero como tal niño,
    la guerra, para mí, era tan sólo:
    suspensión de las clases escolares,
    Isabelita en bragas en el sótano,
    cementerios de coches, pisos
    abandonados, hambre indefinible,
    sangre descubierta
    en la tierra o las losas de la calle,
    un terror que duraba
    lo que el frágil rumor de los cristales
    después de la explosión,
    y el casi incomprensible
    dolor de los adultos,
    sus lágrimas, su miedo,
    su ira sofocada,
    que, por algún resquicio,
    entraban en mi alma
    para desvanecerse luego, pronto,
    ante uno de los muchos
    prodigios cotidianos: el hallazgo
    de una bala aún caliente
    el incendio
    de un edificio próximo,
    los restos de un saqueo
    -papeles y retratos
    en medio de la calle...
    Todo pasó,
    todo es borroso ahora, todo
    menos eso que apenas percibía
    en aquel tiempo
    y que, años más tarde,
    resurgió en mi interior, ya para siempre:
    este miedo difuso,
    esta ira repentina,
    estas imprevisibles
    y verdaderas ganas de llorar.

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