
En el repaso que hacemos a las críticas pasadas nos toca un libro que ya salió hace tiempo. Se trata de "La casa roja" de Juan Carlos Mestre. Edita Calambur.
Hemos tomado como referencia la crítica de Ángel Luis Prieto de Paula porque fue la primera que apareció. La segunda crítica es de la pasada semana, la escribe Ainhoa y sólo la selección de los versos nos lleva a pensar que pertenecemos a especies distintas. Ambas reseñas pueden leerse aquí:
http://www.calambureditorial.com/es-calambur-editorial-sl-resenas.html
Nuestra objetividad es baja en este caso (4 / 10) como lo es la de cualquier persona que conozca al poeta. La objetividad de Ángel Luis tampoco creemos que sea muy elevada (5/10) a tenor de ensayos y otras reseñas que ha escrito.
Anticipamos que nuestra nota final sobre el poemario es positiva pero tenemos dudas respecto al libro y al modo en que está escrito y tratado. Vamos a poner nuestras dudas en voz alta, de manera que independientemente de una nota al menos quede lo más claro posible nuestras sensaciones y pensamientos.
Vamos a comenzar diciendo lo que no nos ha gustado, para tratar de terminar de manera más dulce:
1) Abuso de la figura de la anáfora: Resulta casi extenuante el abuso que el poeta realiza de esta figura. Se repite poema tras poema creando una monotonía similar a la que se trata de evitar contando sílabas. En algunos casos, como en el famoso y muy recitado Cavalo Morto, el poema parece pedir esa figura y está mejor resuelta, pero en muchos otros casos resulta fácil y cansina ("Eclipse con Rimbaud", "Informe sobre el orden público", "Allen Ginsberg", "Sucede", "Amiri Baraka", ). De hecho, si la solución al monótono ritmo endecasílabo es la anáfora, parece más bien que retrocedemos sobre nuestros pasos.
2) Abuso de la imagen y metáfora: Si bien en ocasiones Mestre alcanza la genialidad con sus imágenes, los poemas están en muchas ocasiones sobrecargados, tanto que podríamos hablar de un barroquismo imaginista. La excusa del irracionalismo no sirve ante muchas imágenes que se quedan arbitrarias, fruto sin duda, y gran diferencia en nuestra opinión con Prieto de Paula, de un automatismo llevado al extremo y no del todo entendido, y de un exceso esteticista en el que la imagen pierde su significado para quedarse en adorno, significante versus significado, exceso de adjetivos...: "sucede la oreja del nautilus en el buzón de las nieves astutas", "Soy la cuchara de zinc sobre las alpargatas del lóbulo.../.../Soy el meritorio sobornado por el trébol de las aviadoras", "No eres más hermosa que la estela con sabiduría de los poetas circundidados", "Igual las tormentas sentimentales se agitan como leviatanes en el guante de una gota de lluvia", "hasta que parezcas un arbol que regresa de hacer el amor", "la eternidad solo queda a tres cuartos de hora en dirección al próximo concesionario", "Gusanos gramáticos que se meten por debajo de la puerta como un claro de luna en el autoservicio del insomnio" ), El poeta, por otra parte, se siente mejor manejando las imágenes puras, más difíciles de lograr, que en las más sencillas metáforas, en donde se pierde en muchos casos la brillantez ("entre los juncos de la razón", "la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes", "la cripta del corazón", "el abedul de su pensamiento", "la ingeniería del fracaso", "las bibliotecas de la lactancia", "Debería de llamar a un cerrajero para que me abriera el futuro", "...he dejado la religión del tabaco. No fumo promesas, sólo aspiro opiniones"). Ocurre lo mismo con las comparaciones ("cuya eternidad es breve como columna de lágrimas", "la tierra es brillante como escamas de pez". En algunos poemas esta sobreabundancia se hace más evidente, como en "Metamorfosis",
Por resumirlo en alguna metáfora, mala por cierto, no se puede hacer un concierto en el que toque tan sólo la sección de metal.
3) El esteticismo se recarga a veces en determinadas expresiones: "como si las nubes fuesen un regalo de Navidad", "acantilado de las estrellas", "las mariposas blancas de la melancolía", con algún eco lorquiano no precisamente de "Poeta en Nueva York" querido profesor, "haciendo sonar el claxon de la luna", "el tendero que lleva ramos de aurora sobre los hombros", "rozan sus codos de oro en las orillas que fecunda el poleo",
4) Extensión: El exceso imaginista y a veces esteta se corresponde con una extensión de los poemas, y del propio libro, a nuestro juicio excesiva. Muchos de los poemas quedarían más brillante con menos versos, y la lectura sería más concentrada. No pedimos al poeta que se vuelva esencialista pero sí cierta moderación en la extensión de su discurso. Aunque el poeta proclama "Dejemos de ser directos, vayamos dando un rodeo al grano", a veces el rodeo se hace excesivo.
5) Prosaísmo: En algunos casos, pocos pero evidentes, el poema cae en un prosaismo algo desconcertante. Ejemplos: "La asamblea", "Alocución en la academia de los botones chapados", "Mc Sonet", "C.3.3.",
1) Magia: Desde el primer poema, "El adepto", parece claro el tono mágico que el resto del libro va a tener y la capacidad que en ocasiones tiene el poeta para realmente convertirse en ese mago, ese sacerdote de Zoroastro ("confieso adorar descalzo el triángulo de la piedad que otros llaman cubo de Zoroastro") o el chamán de la tribu, y comunicarnos sus conjuros: "Yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante"; "Está sentado sobre cuanto fue lo real, frases lavadas, rifas de santero...", "los dedos del niño Juan juegan con la chapa de la luna doblada", "Tenga presente que toda adolescencia es un lugar bíblico en conversación con la arquitectura solar", " He abandonado a la última anciana que prometía la Tierra /.../ Este trozo de papel, un ruido de mensajeros desvalijando la vida en las afueras del Apocalipsis", "cantan sus sandalias como nutrias en los escalones del eucalipto", "Dicen que cada siete segundos pasa desapercibido un milagro. Yo soy el amor, tú eres el amor, nosotros fuimos el amor. Por el amor en peligro, uno, dos, tres salvavidas".
2) Irracionalismo bien empleado: Por supuesto, el poeta acierta también en muchas ocasiones en su irracionalismo: "Era el séptimo día, es decir, un huevo de alondra", "el que en un instante es articulación de lobo y árbol de rodillas", "En tres de cada dos cabezas la imaginación es un grifo",
3) Imágenesm y alguna metáfora, muy brillantes: Uno de los problemas de analizar este libro de Mestre es que, cuando el poeta acierta, lo hace de manera tan brillante que el resto de imágenes y metáforas, las que se suelen encontrar en la mayoría de libros, parecen realmente malas. El propio poeta escribe en un verso: "No basta con tener talento, incluso es contraproducente". Así, nos quedamos con ese bienaventurado con "hocico de linterna", "cada palabra es una tijera que se multiplica"; varias del excelente poema "El poeta": "al que oye sus palabras como relato de un robo", "pan nublado del sábado"; versos como "El olvido utiliza los ojos del diablo para observar la organización de la monotonía"; la magnífica comparación "me obligaron como se obliga a un extranjero / a subir a un tren y abandonar la ciudad", "esa sensación de brigada antinarcóticos registrando el caballo de Troya en busca de la noche primaveral", "gente que compra en las farmacias de guardia una docena de rosas", "Bajo el tocadiscos del obelisco hay una gasolinera para golondrinas y un ramo de novia con aroma a guillotina francesa", "Pienso en el país natal de las prostitutas y en los pájaros de papel amarillo que arrastra un niño sobre las vías del tren", "Un teatro vacío es un muchacho fusilado en el bosque", "...como espuma de afeitar desprendida de los glaciares hacia la cháchara de las cañerías",
3) Finales: El autor cuida los finales muy bien, ya sea los de un poema pequeño como "Antepasados", con una comparación, ésta sí, excelente ("hablar de la necesidad como se habla en las aldeas / de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo"), el final del Salmo de los Bienaventurados o como en el poema final del libro, "Veinte euros de gelatina de calabaza", en donde el poeta termina de manera excepcional,
"Una casa donde los cadernales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio",
4) Sentido del humor e ironía: Refrescante en general, con la excepción del instructivo para el teléfono móvil o "La cabeza, el poema "Pequeña conferencia", y a partir de éste en muchos otros: "como simples picapedreros bordamos los epitafios", "no siempre detrás de un libro premiado apunta maneras un cachorro de setter", "Cuando el amor se termina.../.../Las deliciosas películas de arte y ensayo se vuelven aburridas", "Trágico porvenir la ronquera de Sibila en el frigorífico de la última morgue",
5) Sutileza a la hora de referirse a poemas de ahora: Lejos del panfleto y la arenga narrativa, salvo algún caso aislado como "La confesión", por extemporánea, Juan Carlos trata con sutileza, ironía y lirismo temas de hoy en día: "El árbol que viste crecer de niño grita en el aserradero", "Nos tratan como a las ocas blancas del domador de caballos, delincuentes cuyo índice de audiencia está que se desploma", "han pasado cien años y seguimos igual, eligiendo Cardos de la Sabiduría para la Academia de los Nenúfares", "Los ojos de Martin Luther King se enfrían bajo los pisapapeles", "Quitan el polvo a libros que nunca leerán...Nadie sabe que dios de las pequeñas cosas aún les hace sonreir en las fotografías. Caminan hacia el metro, beatrices de Dante...", "La poesía aritmética goza de buena salud, y basta saber contar hasta once en la manivela de los leopardos",
Valoración del libro "La casa roja": 7,5 / 10