sábado, 1 de noviembre de 2008

Olvido García Valdés. Esa polilla que delante de mí revolotea. Edita Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores

Hola a todas y todos:

Perdón por el tiempo que hemos tardado en poner esta nueva contracrítica, pero la discusión interna ha sido intensa, a la vez que enriquecedora, y no ha sido fácil llegar a un consenso final sobre la valoración de la obra completa, hasta la fecha, de la poeta Olvido García Valdés.

El consenso sí parece existir en las dos críticas de El Cultural y Babelia respecto a la obra de Olvido, escritas por Túa Blesa y Ángel Luis Prieto de Paula. La propia autora, en el breve pero brillante apéndice ensayístico, da las claves que ella entiende de su poesía, claves que a su vez recogen los críticos sin que termine de quedar claro quién retroalimenta a quién. En nuestro caso hemos preferido no leer el apéndice al libro ni las críticas hasta tener una opinión formada. El resultado va a ser a veces cercano a la opinión del statu quo, pero anticipamos que al final se va a alejar bastante.

En el apartado titulado "Escribir 2" la poeta nos da las claves respecto a su estilo poético. Junto con otros puntos que menciona en sus ensayos vamos a construir nuestra contracrítica:

1) Comienzo y final abierto: En numerosas ocasiones hemos leído a Olvido comentar que sus poemas eran poemas abiertos en su comienzo y, sobre todo, en su final. Eso mismo hemos leído en reseñas de varios críticos. Realmente no creemos que ésta sea una distinción característica del estilo de la poeta salvo en algunos poemas donde Olvido hace patente esa ausencia de final. En general, sin embargo, su forma de empezar y terminar un poema no tiene la entidad suficiente como para construir una característica estilística definitoria y no se diferencia de muchos escritores de poesía contemporánea. De hecho, algunos poemas acaban con una definición concluyente. Otros pocos, es cierto, terminan como la poeta dice: "no hay nada, no hay nada ya / de luz / peso mío, mi quieta ", o "baba nutricia / para gusano / desde el frío / a la cálida." No es necesario dejar el verso sin acabar para llegar a la conclusión de que el poema no se cierra pero, insistimos, no vemos ese marcado carácter inacabado que la poeta sí parece ver.

2) "Versatilidad en el uso de las personas gramaticales, deslizamiento de una a otra, deslizamiento también de los tiempos -los de pasado y presente-": Efectivamente el uso del sujeto poético es variado. Es curioso que la primera persona sea poco abundante cuando en muchos poemas la voz final de la poeta es clara. No es fácil encontrar el pronombre yo, y quizás sea este punto el que más diferencia a la poeta de sus compañeros. Los deslizamientos temporales y de las personas gramaticales ni son tan abundantes ni son extraños en la poesía actual.

3) "Un ritmo que viene impuesto desde dentro del poema": En este punto la singularidad de la poeta, respecto a la mayoría de poetas españoles reconocidos, es muy clara. Hay una cierta contradicción en los escritos de Olvido que se agrupan al final del libro. En uno de ellos dice que "La poesía...trabaja a la contra...y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión". En este sentido, su propuesta sería más radical de lo que en realidad es. Cualquiera que haya oído a la poeta recitar se dará cuenta en seguida de que hay una musicalidad clara y evidente en sus versos. En otro breve ensayo de la poeta incluido en el libro, sus palabras se acercan más a sus versos: "el ritmo no es de la medida, sino de los latidos y de la respiración". Finalmente, y quizás más importante, uno de los tres consejos que da para un supuesto taller de poesía es: "Ahondar en lo rítmico, buscar que se resuelva en lo de verdad respiratorio". En la práctica, por tanto, la poeta sí trabaja la musicalidad del poema, pero lo hace, aparentemente, sobre una base acentual a la que no le importan el número de sílabas. No es original ni innovador pero sí es poco frecuente en nuestra poesía, en especial en poetas de tan reconocido prestigio, y por tanto creemos que aquí sí se produce un signo distintivo estilístico frente a muchos de sus compañeros, incapaces de salirse de diversas variaciones de la silva, y para quienes un verso con un número par de sílabas es algo impensable (a pesar del uso arbitrario y ridículo que hacen de la dialefa, la sinalefa, la diéresis, etc).

4) La propia autora ha definido muchas veces un aspecto crucial de su poesía: la yuxtaposición. Efectivamente, son muchos los poemas que utilizan el mecanismo retórico de la yuxtaposición para crear dos, como mucho tres, planos poéticos que confluyen en el mismo poema. En general, los cambios suelen ir del aspecto contemplativo al reflexivo, comenzando en lo contemplativo, pero hay más usos de esta figura. Es un rasgo de su escritura que quizás tiene que ver con esa visión pictórica del cuadro, e incluso del poema, como un lienzo moderno en dónde no se trata, en ocasiones, de conformar un mensaje central sino que la poeta acepta la intensidad que produce la fragmentación frente al mensaje semántico unívoco. Aun siendo un elemento importante de su obra, por ubicuidad, no nos parece tampoco singular hasta la distinción por ser un discurso relativamente común.

5) Un punto que no vemos analizado en las reseñas y que, para nosotros es esencial en la definición estilística de la poesía de Olvido, es el uso, en nuestra opinión excesivo en sus últimos poemarios, de dos figuras retóricas: la elipsis (de artículo o verbo, en general) y el hipérbaton. Para una poeta que algunos sitúan dentro del postmodernismo, no deja de resultar sorprendente la línea directa que establece Olvido con nuestro barroco, a través de la elipsis, que para Sarduy es el mecanismo retórico básico del discurso barroco, y el hipérbaton, figura retórica también esencial de nuestro siglo de Oro. En algunos poemarios es difícil encontrar poemas en los que no se utilice alguna de estas dos figura o incluso las dos. De hecho, hasta el propio título del libro es un hipérbaton. Resulta igualmente sorprendente que el prologuista diga que la poesía de Olvido está "desprovista de toda retórica" cuando la arquitectura retórica es muy abundante y, desde luego, nada invisible.

6) En algunos textos hemos leído que el lenguaje de la poeta se acerca a lo cotidiano. Incluso en la propia contraportada del libro se habla de "la palabra conversacional", característica que también menciona Eduardo Milán en su prólogo. Por supuesto, en un país como el nuestro donde el rebuscamiento léxico llega a ser patológico, la palabra de Olvido es, comparativamente, más desnuda. Pero por un lado no se puede hablar de una palabra conversacional cuando ésta se halla construida con frecuencia en base a retorcidas estructuras sintácticas que nada tienen que ver con el habla cotidiana. Por otra parte, no son pocos los ejemplos de palabras que no forman parte del habla conversacional, o al menos, no del habla actual: podre, opalina ceniza, espesamente prístinas, heliófoba, uso muy frecuente de "mas" como conjunción adversativa, heliófoba, algún verso en francés, semejaba, hirsúto, ornada de chispeante polvillo, conseja, etc.

7) También es muy común el uso de sintagmas que definen, que cumplen la función que en otro tipo de poesía cumpliría la metáfora pura, y que suelen presentarse como enumeraciones. Como ejemplo: "Los excursionistas ...se mueven con angustia, muy despacio, tristeza inquieta de sueño, opresión extraña en los ojos."; "Como agua vinieron en la noche / las ovejas, pies de agua y esquilas, cada una / de lo solo y de arena; resplandecientes / y abruptos, gruñidos o quejidos horadados / el pastor, mover de brisa, de agua / de ola retirándose, un único animal, un / signo raudo y musical, fanal / de la linterna, raíl de guturales, /..." En ese lenguaje que define es frecuente también el uso del infinitivo verbal, que a su vez logra evitar el uso de la primera persona. Menos frecuente y mejor usada es la aliteración: "tercos tristes tenaces". Incluso a veces, pocas, nos hallamos en territorios comunes ya comentados habitualmente en estas páginas: "pierde quien muere, nada gana / tampoco", "...sol negro / sin número ni forma", "a mar de oro raíz de sombra", "Creció la memoria en el tiempo", "A veces el tiempo se dilata...", "En la nuca un lienzo / al que llamó tristeza", "que el sol dora al caer", "Dobla su cabo el año" (expresión casi repetida dos veces más una tercera que dice: "Pronto girará el año"), "juntos tomamos la barca de la noche", etc

8) Oscuridad buscada: En varias ocasiones la poeta comenta algo similar a este verso: "Me da miedo la luz, / lo quieto de la luz,". O: "Mi gusto por lo oscuro / viene de ti". Todo a pesar de que "La noche mide las cosas". Como recomendaba un viejo poeta a los jóvenes, "échale un poco de oscuridad al poema." En otras palabras, el discurso se hace, de manera voluntaria, más oscuro, gracias a las diversas técnicas retóricas que emplea la poeta. La oscuridad se logra también añadiendo a lo anterior la ausencia de puntuación en algunos poemas, lo que contribuye a la polisemia del poema. El lector ha de construir, a veces, su propia versión del mensaje semántico: "allí en la horquilla / que une rama y tronco / está / fijo en el ojo en la garganta...". No es una oscuridad gratuita, sin embargo. Sin duda es uno de los puntos atrayentes de la poesía de Olvido.

En la crítica de Prieto de Paula al libro de Olvido el profesor habla de la unidad del conjunto. Y tiene toda la razón. No es tan fácil distinguir un poema de un libro de un poema de un libro anterior. En realidad, cada poema forma parte de un único libro. Y esto se cumple, en general, tanto para la arquitectura técnica del poema como para la arquitectura temática. Con una retórica similar, y utilizando una serie de palabras fetiche (los pájaros y las especies que la poeta menciona, su trino, noche, otoño, luz, los colores azul, verde, rojo, blanco y negro; musgo, araña, hilo, árbol, frío, adobe, anciana, fetiche, casa, acre, muerte, sueño, pez o peces, corazón, césped, hierba, varios tipos de flores), la poeta construye sus poemas casi siempre de manera similar.

Llegamos quizás al punto donde vamos a comenzar a salirnos del stau quo del pensamiento crítico oficial. Dice la poeta que "Hay una poesía que se podría llamar acumulativa...hay otra que busca más bien mecanismos de intensificación...enfermedad por enfermedad...prefiero la anorexia." Olvido García Valdés siempre ha sido ubicada dentro de esa corriente en la cual la poesía trata de ser depurada, esencializada, intensificada como ella misma dice, frente a esa poesía "acumulativa". Pero cuando se contempla la poesía de Olvido en su conjunto, cuando vemos de forma tan clara que cada poema en realidad es casi una estrofa de un poema mayor, el dogmatismo de la anorexia poética de su palabra frente a la poesía "acumulativa" se cae. Se cae de bruces, además.

Esa estructura holística en la que el poema se inscribe, se convierte, para este colectivo, en el mayor problema de la escritura de Olvido. La lectura completa produce cansancio debido a la percepción de repetición de formas y fondos, de herramientas retóricas y de un léxico demasiado concentrado en torno a pocas palabras.

Olvido es una buena poeta. Analizados individualmente, o por poemarios, los poemas de Olvido, en muchos casos, son excelentes: el ritmo es magnífico, la contemplación es sabia y detallada, su uso de la no puntuación se adecúa a las peticiones del poema, los versos cortos y las frases a veces más cortas expresan mucho más que otros poetas con múltiples estrofas. Hay, además, una preocupación metafísica e incluso política que añade profundidad a su obra, una subjetividad hábilmente escondida, una lentitud deliciosa en su mirada, una capacidad lírica elevada, un uso inteligente de la yuxtaposición y un ordenamiento final del mensaje estético que presenta una profunda base filosófica y hace externa una visión personal e inteligente del mundo. A todo esto habría que añadir que Olvido eligió un camino poco común entre los poetas más conocidos de nuestro país, y la valentía es siempre una virtud.

Olvido ha creado un estilo propio, algo que no todos los poetas pueden decir. Es fácil distinguir un poema de ella de poemas de cualquier otro autor español. Sin embargo, se ha producido, ya desde hace tiempo, un estancamiento, estancamiento que era imposible detectar para los lectores que habíamos leído tan sólo "Y todos estábamos vivos", pero que es sorprendente cuando se lee su poesía completa. Los grandes poetas de la historia no sólo han tenido un estilo propio sino que han sabido reinventarse a sí mismos unas cuantas veces a lo largo de su vida. Hace poco leíamos el caso de Wallace Stevens y las enormes diferencias que tiene "Harmonium" respecto a "La roca". En el caso de Olvido esto no ha ocurrido todavía. Sí ha habido pequeños cambios, sin duda. En los primeros poemas, por ejemplo, apenas se usaba el hipérbaton y en los últimos es constante. En los últimos son también más frecuentes los juegos de palabras ("transcurrir del día enteco"), las paradojas finales ("como si fueran los otros / siempre a estar ahí y de / pronto no están o no estuvieran"), alguna referencia culturalista o una mayor presencia de la ciudad. Pero hay un agotamiento del discurso en su forma y fondo. Hasta aquí debería de llegar esta vía estilística y léxica. Casi siempre hay comunicación estética pero la comunicación poética se agota y la sensación de repetición comienza a ser algo bastante más serio que una sensación.

Los poemas inéditos de Olvido que se incluyen al final son demasiado pocos y recientes como para saber si la poeta se arriesgará en su siguiente libro. Con el prestigio de un premio nacional, prestigio sobre el que nuestra sombra poco importa, y con la certeza de que puede publicar donde quiera, nada debería ser un obstáculo para que el próximo libro de Olvido, sin prisas, como ha hecho ella hasta ahora y como debería de ser, nos dé una sorpresa.

Valoración del libro "Esa polilla que delante de mí revolotea": 7,25 / 10