
Ayer falleció uno de los poetas más importantes de la segunda mitad del siglo XX: José Miguel Ullán. Su nombre no aparecerá en los periódicos en primera página ni en los telediarios. Es el precio de crear al margen de los mercados y las modas, alejado de la dicha fácil del populismo barato.
Hace aproximadamente un año que publicamos la contracrítica a su poesía completa aparecida bajo el título de "Ondulaciones" en Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.
http://criticadepoesia.blogspot.com/2008/04/jos-miguel-ulln-ondulaciones-poesa.html
Poetas como Ullán son necesarios en una poesía española cada vez más y más tumorizada por las corrientes más conservadoras. Sólo hay que ver la crítica que Prieto de Paula realizó ayer en Babelia y perdón por la digresión pero es realmente enervante y coincide con el día del fallecimiento. El crítico alaba la involución hacia comienzos del XIX de la poesía de Marzal ("conmueve ver a un autor abandonar la poética donde sentó plaza de maestro y, casi con temeridad, entrarse más adentro en la espesura"). Deprimente en su insulto a la inteligencia y cursi hasta límites insospechados en su prosa ("desde cuyas escarpaduras apenas se divisa aquella lírica...", "un conocimiento cuya flor sólo se abre en el poema"). No es posible entender que poetas tan malos lleguen a críticos de poesía y ayuden a establecer un falso y caduco canon en las extremidades del conservadurismo.
Con la misma depresión de contemplar la poesía mediática sumida hoy en el ridículo dejamos aquí la nota de prensa que nos ha enviado la editorial y, por supuesto, animamos a los lectores, en especial a los más jovenes, a entrar en la poesía de Ullán, cuya obra completa vale por tantos años de tantos premios mediáticos y ultraconservadores, y que pasará por encima de tanto crítico mediocre de olvido cercano.
Al decir de María Zambrano, Ullán era "eso tan raro hoy --época de profesores y comentaristas-- que se llama cantor, un ser viviente entre tanto simulacro de vida". Un cantor con voz "personal y rigurosa", en opinión de Octavio Paz, quien aclaró que se refería "no solamente a la poesía de España, sino a la poesía de todo el orbe hispánico". Y con una atención extrema a la lengua, como subraya por su parte José Ángel Valente: "Acaso no haya palabra nuestra, de bastante tiempo a esta parte, que haya brotado como ésta brota --en verso y en prosa-- de tan admirable don de lenguaje". Por su parte, Julio Cortázar afirmó que "dentro de una producción en la que suelen hacerse sentir demasiado las influencias y las corrientes a la moda, la poesía de José-Miguel Ullán se aparta resueltamente de lo trillado, incluso a riesgo de sorprender o escandalizar, y se sitúa en un nivel individual que le da su acento más profundo y valedero".
José-Miguel Ullán nació en Villarino de los Aires (Salamanca) el 30 de octubre de 1944. Tras el bachillerato, en 1959 se traslada a Madrid e inicia estudios de Ciencias Políticas, Ciencias Sociales y Filosofía. En 1966 se exilia en París, donde sigue cursos en la École Pratique des Hautes Études con Pierre Vilar, Roland Barthes y Lucien Goldmann, y donde trabaja en la ORTF, dirigiendo las emisiones en castellano de France Culture.
A su regreso a Madrid en 1976, se incorpora a Ediciones Rayuela y desarrolla una intensa actividad en medios como El País, Radio Nacional o Televisión Española; subdirector de Diario 16, funda el memorable suplemento Culturas. Su trayectoria periodística está marcada por el sello de la singularidad, por un efecto de profundidad y dilatación en el que caben la ligereza, el humor y la ironía: el programa televisivo Tatuaje o la recopilación de columnas de El País en el libro Como lo oyes (Articulaciones) serían buen ejemplo de ello. Por otro lado, Ullán, co-autor de libros con artistas y notable conocedor del arte contemporáneo, ha organizado numerosas exposiciones; entre sus ensayos sobre arte, destaca el volumen Tàpies, ostinato.
En el 2008 Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicó Ondulaciones. Poesía reunida (1968-2007), que recogía el conjunto de su obra y que integraba sus agrafismos, poemas dibujados por el gesto libre de la mano que en otras ocasiones escribe. Unos agrafismos que, durante el último año, han protagonizado exposiciones dentro y fuera de España, la más reciente el pasado mes de abril en Nápoles.
La escritura de José-Miguel Ullán, bien lejos del mito de lo inefable, presenta al poeta frente a un mundo saturado de lenguaje, en el que sólo le cabe abrir una pausa, aislar un punto en la cadena interminable de palabras. Escribir no sería entonces crear, sino desdecir, retirar de lo ya dicho los códigos sociales del discurso, las voluntades de poder. Así, buscando el poema en el seno de la lengua real, se compone una poética de la no representación y de la forma libre, donde entran en contacto y mutuamente se depuran los elementos más dispares, de lo banal a lo más alto. La aguda sensibilidad lingüística y la peculiar densidad sensorial componen un espacio táctil y oscuro, de insólitas intensidades y resonancias.
Tal modo de relacionarse con la lengua supone un extremo ejercicio de atención; es el papel en él de la ironía: la forma que el texto tiene de atender a sí mismo. A ella se asocian la discontinuidad, el poder de la ausencia, el límite escéptico; arraiga a la vez en el humor y en la seriedad, en el conocimiento y el afecto. En este desdoblarse de la escucha, el sentido no se niega ni se afirma, no espera a ser descifrado, sino que se sugiere y se suspende en un solo gesto: el poema funciona como enigma, permanencia del pensamiento y la emoción en sus estrictas palabras, rara literalidad. Campo para la energía de un sabio dinamismo, vías para una lectura abierta en la que siempre se mantendrá viva la singularidad de José-Miguel Ullán, figura irrepetible de la cultura española contemporánea.
GALAXIA GUTENBERG / CÍRCULO DE LECTORES
Mayo del 2009