jueves, 22 de mayo de 2008

Hilda Doolittle con "Trilogía". Juan Manuel González con "Tras luz poniente". Carlos Jiménez Arribas con "Darwin en las Galápagos". El Cultural.

Hola a todas y todos:

El Cultural trajo la pasada cuarta semana de Mayo nada más y nada menos que cuatro reseñas de poesía. De ellas, una pertenece al más-mejor-amigo del suplemento, Visor, y otra al segundo más-mejor-amigo, DVD. Uno de los cuatro no vamos a poder analizarlo por no disponer de él en estos momentos. Vamos a ir viendo cada libro desde el menos interesante al más interesante.

Túa Blesa realiza la reseña del libro de Juan Manuel González "Tras la luz poniente", XVII Premio Jaime Gil de Biedma. Por supuesto, la crítica de Túa es alabatoria.

El jurado estuvo compuesto por Luis María Anson (presidente de El Cultural y varias veces miembro de jurados de Visor), Juan Van Halen (premio Tiflos de Visor), Antonio Colinas (con muchos libros publicados en Visor), Juan Manuel de Prada, Guillermo Carnero (premio Loewe con Visor), Clara Janés (premio Ciudad de Melilla con Visor), Chus Visor, Gonzalo Santonja (varios libros publicados en Visor) y Javier Santamaría (presidente de la diputación). Por supuesto, el ganador ya había publicado en esta misma editorial. Y ha sido miembro de jurado del premio nacional varias veces. Un amigo a tener.

Valoración a priori de la objetividad del jurado: 3 / 10

Cuando el señor Anson critica de manera tan vehemente la incompatibilidades de determinados cargos, no está de menos recordarle que su código ético debe aplicarse tanto a los cargos públicos como a los privados. En nuestra humilde opinión, un presidente de un suplemento cultural no puede estar de jurado en premios literarios porque va en contra de cualquier criterio de objetividad que antes y después puede tener ese suplemento con la editorial que le paga como miembro del jurado y con el libro que elige el señor presidente como ganador.

La objetividad a priori, por tanto, del libro que premio el jefe no puede ser alta: 0 / 10

La nuestra tampoco: 0 / 10

Respecto al libro, vamos a ser breves. Escrito a veces como una especie de diario de viajes, nos resulta antiguo, muy antiguo, casi tanto como la poesía que representan algunos de los señores del jurado. El libro se hace pesado, aburre, los poemas son largos, los versos son largos...El escritor utiliza un lenguaje metafórico insulso y de nuevo amanerado como empieza a ser preocupante en los libros visorianos ("cuando te ofreces entera.../.../ante mi quilla y rumbo", "la vida.../.../se ata discreta a tu cintura", "bajo los vencejos tejiendo el cielo con hilo de bramante", "temerosa de los dientes del rocío", "piel de primavera", "cuando la llovizna amenaza con llorar"), carente de brillantez, nos repetimos ahora, antiguo. Como antiguo es el léxico utilizado a propósito, que algunos llamarán riqueza léxica, y a nosotros nos amarillea la vista con esa especie de ruralidad perdida y mal rescatada. Todo el aire nostálgico, todo el pretendido canto hacia la naturaleza, se queda en error. Se rechaza porque pertenece a un mundo al que no queremos volver. En definitiva, un libro que al final se lee rápido porque se hace repetivivo, aburrido, cualquier cosa menos lo que debería de ser la poesía, cualquier cosa menos lo que Jaime Gil de Biedma amaría.

Valoración del libro "Tras luz poniente": 3,5 / 10

El segundo libro de la semana es "Darwin en las Galápagos", escrito por Carlos Jiménez Arribas, y publicado por DVD. La crítica la realiza Túa Blesa, que como suele ser habitual, se queda demasiado corto, y concluye con una recomendación pero no dice cómo llega a la misma. Respecto a la objetividad, DVD es la segunda editorial que mejor trato recibe de El Cultural, y nuestra nota no puede ser alta:

Valoración a priori de la objetividad del crítico en este caso: 4 /10

Vamos a ponernos una objetividad similar para que no se diga: 4 / 10

El libro de Carlos es un libro de poesía en prosa, bastante alejado en la forma del libro que acabamos de reseñar, afortunadamente. Comienza el libro en su primera parte llamada "Birdwatching", parte en la que todos los poemas comienzan con "Soy el hombre". En ella el autor se define de muchas maneras, algunas de ellas rozando lo surrealista. Destaca en lo positivo el poema "Soy el hombre, como el árbol...". En lo negativo, hay numerosas frases y sintagmas que ya han sido escritos muchas veces ("recorre con una mirada la extensión...", "la ciudad naufraga", "dentro del laberinto de sí mismo"). No hay fallos pero tampoco hay grandes aciertos. Y se anuncia uno de los temas sobre los que girará el libro: la dualidad ("Soy el hombre vivo otra vez, dentro del laberinto de sí mismo").

La siguiente parte, más breve, comienza en el poema "Las carpas" con una de las paradojas que abundan en el texto ("El camino que sube y baja difumina el camino"), paradojas que se hacen excesivas, de nuevo, teniendo en cuenta la brevedad del texto. De hecho este mismo poema termina con dos paradojas sucesivas ("Ahora que la naturaleza es margen de sí misma. Que el aire mismo, ahora, agua es sin límite"), paradojas que ahondan en la idea de dualidad que antes comentamos. En esta segunda parte el lenguaje se vuelve más abstracto en ocasiones y se reincide en las frases ya leídas ("todo espacio es tiempo", "Crecen los días", "En la quietud del agua", "La luz desciende en haces verticales sobre el mar").

En la tercera parte, "Albatros", la repetición de palabras comienza a ser cansina (como pájaro o pájaros). Quizás en ella se encuentre el único fallo metafórico del libro, la metáfora del golf y el swing, y de nuevo se insiste en la dualidad paradójica ("ese pez que está sobrevolándose a sí mismo", "La ciudad boreal que crece en los atardeceres y va siempre hacia sí misma"). La cuarta parte, "Encantamiento del marinero", quizás sea la mejor. Está basada en descripciones de cuadros en el que destaca el propio "Encantamiento del marinero" y "La bacanal". La penúltima parte, "El catalejo", es una de las menos logradas. A veces el poema se queda en la pura narración, y deja de ser poema.

La última parte, "Darwin en las Galápagos" se abre con una de las pocas pinceladas de humor que se permite el autor, con el poema "Pingüino". Quizás la cumbre dual de lo que nos ha venido presentando Carlos sea "Cogenidos" que comienza así: "El huevo. O la piña. La textura nítida del alma, o las sinuosidades de la tierra". Se sigue con las frases o metáforas ya leídas ("se paró como un gran signo de interrogación" que nos trae directamente a Ortega), y quizás el mejor poema de esta parte sea "Los gatos (a la luna)".

Nos encontramos con un poemario no muy extenso, en que si bien la ausencia de fallos notables en versos es cierta, también lo es la ausencia de brillantez. El poemario pasa por nuestras manos con la seguridad de que no tendremos la necesidad de volver a leerlo. Para un poemario de esta extensión, se repiten hasta la extenuación palabras que pronto cargan la lectura. De la misma forma, el uso retórico de la paradoja es excesivo y pierde toda su fuerza. Falta riqueza técnica. No entendemos muy bien cierto rebuscamiento léxico por parte del autor, aunque es verdad que apenas lo utiliza. Y hay varias frases y expresiones que nos recuerdan otros escritos. En definitiva, es un libro poco original, nada brillante, y ni siquiera podríamos decir que es correcto, toda vez que le falta riqueza técnica y formal.

Valoración del libro "Darwin en las Galápagos": 5 / 10

El siguiente libro es la Trilogía de Hilda Doolittle. Edita Lumen. Traduce Natalia Carbajosa. Realiza la crítica Ainhoa Sáenz de Zaitegui. Sin problemas de objetividad por ninguna parte. La crítica de Ainhoa en su línea exaltada de costumbre.

La primera parte de la trilogía se titula no caen las murallas, y está terminada en Londres, 1942, por lo que muy posiblemente fuera escrita durante el Blitz, el bombardeo que asoló Londres, atacada por la aviación nazi. La poeta, ya en el título, conecta Londres con Karnak, las ruinas egipcias en Luxor que había visitado en 1923, de alguna manera reconciliando la historia antigua, con sus muros todavía en pie, con la historia moderna, con sus muros también en pie. Ya en el primer poema, quizás el mejor de esta primera parte, es muy clara en este sentido:

"allí, como aquí, la ruina abre
la tumba, el templo..."

Las numerosas referencias bíblicas, que se irán acentuando a lo largo del libro hasta haber trozos del poemario que rozan el pastiche, ya están presente desde el principio en el libro. A las numerosas referencias bíblicas habría que añadir la inclusión de otras muchas deidades pertenecientes a religiones antiguas como la egipcia, la babilónica, astrología, etc.

En el poema número 2 la poeta es testigo de que el mal se ha apoderado de la tierra. Y en uno de los numerosos juegos de palabras del libro dice: "Dev-ill was after us". Excelente el poema 4 que abre de esta forma (traducción nuestra):

"Hay un hechizo, por ejemplo,
en cada concha de mar".

Las referencias a símbolos y mitos son continuas y variadas. Pero en el fondo hay un único Dios para la poeta, un Dios que bebe de miles de fuentes (traducción nuestra):

"porque sé que Dios nuestro Señor
está a punto de manifestarse, cuando yo

el gusano laborioso
teja mi propio sudario"

Autocrítica importante hacia los poetas en el poema 8:

"los poetas somos inservibles
...
no sólo somos "in-útiles"
somos "patéticos""

Incluso la escritura como objeto de guerra: "folios, escritos o viejos pergaminos / nos servirán de cartuchos". O cuando asimila la raíz de la palabra espada, sword, con la definición de palabra en inglés: word.

La poeta asume en esta primera parte el papel de guardián del secreto, hilandera (traducción nuestra)

"del hilo intangible y extraño
que liga a toda la humanidad

a la sabiduría remota,
a la antigüedad"

El poema a estas alturas ha perdido cualquier conexión con la realidad que rodea a la poeta, y se centra en su reflexión sincrética y su experiencia religiosa interior, que a veces traslada al mundo del sueño (fue tratada nada y nada menos que por el mismísimo Freud):

"Ahora entiendo claramente
que el Espíritu Santo,

enigma misterioso de la infancia,
es el Sueño"

A veces, sin embargo, vuelve a recordar su sitio real:

"Concédenos la fuerza
para resistir un poco más"

o cuando escribe:

"sabemos que más allá del hambre
los mejores entre nosotros pueden tornarse hienas".

Y la vida espiritual como salvación para la poeta:

"reduzcamos nuestros dones
al realismo espiritual"

Este verso último define en buena medida el espíritu y la intención del conjunto del libro, aunque el realismo se quede más en intención que en verdad.

La poeta es además consciente de uno de los fallos del libro. Su falta de originalidad en el planteamiento y la forma de plasmarlo. Ella misma lo dice:

"Este ahondar en la semejanza histórica,
esta búsqueda de afinidades psíquicas,

ya se ha hecho hasta la saciedad,
seguirá haciéndose".

Casi al final de la primera parte, la poeta nos presenta su propia teogonía matriarcal: "En el principio era Una, Creadora...". Y termina la primera parte volviendo, poema 43, qué pena que no lo hiciera más, a mostrar el lado de la guerra real junto al lado de su espiritualidad. Y lo hace terminando con una esperanza final:

"carecemos de mapa

quizás arribemos a puerto,
al cielo".

La segunda parte se titula "Tributo a los Angeles". En ella asistimos al nacimiento de la vida entre las ruinas, y especialmente a la aparición de una figura divina llamada la Señora. El título muestra su agradecimiento a los ángeles que le permiten ver a la Señora. Las referencias bíblicas se acentúan en esta parte. Así, en el primer poema le pide a Hermes Trimegisto:

"recoge los fragmentos de cristal roto

y con tu fuego y aliento
funde e integra

re-invoca, re-crea
el ópalo, el ónix, la obsidiana

esparcidos ahora en fragmentos
que los hombres pisotean".

Y la Señora aparece en una primavera "espléndida / como ésta: nunca, nunca / una estación tan hermosa, / tan abundante en hoja y color", primavera real como ella misma había escrito en sus cartas. La Señora la llama y es descrita casi de manera modernista. H.D. vincula a la señora con "la Sabiduría sagrada, / Santa Sofía, SS del Sanctus Spiritus". Y esta Señora porta un libro, que no es el tomo de sabiduría antigua:

"son sus páginas creo, las páginas blancas
del volumen no escrito de lo nuevo"

Porque ella es "la Vestal / del tiempo de Numa / perpetúa el culto de la Bona Dea". Y por una lado presenta novedades:

"mas no estaba con ella el Cordero,
ni como Esposo ni como Hijo;

no está dividida su atención,
somos nosotros su esposo y cordero".

Pero al mismo tiempo, dice:

"los mismos, diferentes, los mismos atributos,
diferentes y, empero, los mismos de antaño".

Y la cercanía de la nueva Diosa, su desmitificación (H.D. llena, a propósito, el texto de incoherencias), tras cargarla de mitos:

"ella no era impalpable como un fantasma,
ella no era imponente como un espíritu.

Ni siquiera nos impresionó
como un Ángel".

La tercera y última parte se titula "La floración de la vara" en el que continúa el proceso de floración y renacimiento iniciado en la segunda parte, en el que el amor como concepto abstracto cobra una gran importancia. El tono se hace elevado, casi oratorio, en el final del primer poema:

"y sigamos ascendiendo
hacia el amor - resurrección".

Excelente en este sentido el poema número 5. O cuando en el número 6 dice "sólo el amor es santo y el éxtasis de amor". Quizás sean los momentos de mayor misticismo del libro, y por eso, están entre los mejores. A mitad de la tercera parte surge el personaje de María Magdalena, como síntesis de todas la Marías de la biblia ("hay muchas Marías /...seré María-mirra), como surgen los reyes magos, en especial Gaspar por su especial relación con María.

A veces la poeta se vuelve transgresora, actitud que habría dado mayor riqueza si hubiera continuado en otros lugares:

"dice que era un antiguo amante
de María Magdalena, y el regalo de mirra,

recuerdo de una pasión transitoria
ya consumida, mas de pronto avivada;

dicen unos que era Abraham,
dicen otros que era Dios."

Despues de varios poemas con contenido altamente narrativo en los que la poeta deja claves por descubrir en el siguiente poema, como si de capítulos de una novela se trataran, y despues de seguir la aventuras y desventuras del mago Gaspar, el libro termina con dos maravillosos versos, de los que no daremos la explicación para que quienes deseen comprar el libro lo hagan sin más pistas:

"no sabía si ella sabía

que la fragancia emanaba del manojo de mirra
que ella misma estrechaba en sus brazos"

Estamos ante un libro que tiene la ventaja de ser un poemario abierto a diferentes interpretaciones, y por tanto, con capacidad para ser releído. Hay un claro intento por parte de H.D. de presentarnos una nueva cosmogonía a través de una intrincada mezcla de mitologías. A pesar de ello, el mensaje clave del libro es un mensaje claramente gnóstico, por lo que es difícil hablar de originalidad. El libro abandona de manera demasiado rápida su parte de realismo para concentrarse en la parte espiritual, lo cual no es un defecto por sí mismo pero sí resta capacidad de innovación al texto. En este sentido, la transición desde el Blitz a la salvación espiritual es demasiado brusca.

La mayor parte de los poemas están compuestos en pareados y desde el punto de vista formal, la única novedad que se presenta son los juegos de palabra y neologismos.

La crítico de El Cultural hace una comparación con Eliot (errónea porque la comparación correcta debería de ser con Four Quartets y no con The Waste Land) y con Pound (en este caso con Pisan Cantos) pero no hay duda de que ambos libros están muy por encima del presente en todos sus aspectos.

Lo cuál no quiere decir que Trilogy sea ni mucho menos un mal libro. Es un buen libro, creemos que tampoco es el mejor poemario de H.D., pero es un libro muy interesante, que se relee bien, que en ciertas partes logra una poesía espiritual, incluso mística, más que notable, pero en el que el exceso de intertextualidad bíblica, la falta de originalidad de la cosmogonía propuesta, y de la propuesta formal de plasmación hace que se aleje de ser una obra maestra universal para quedarse en un buen libro, lo cuál no es poco. Traducción correcta.

Valoración de la Trilogía de H.D.: 7 / 10

El último libro, "La indiferencia", de Bernardo Valdés, edita Pre-textos, queda pendiente por no disponer de él.

Gracias a lo que hayan llegado hasta aquí.