jueves, 23 de octubre de 2008

Alejandro Céspedes. Sobre andamios de humo. Edita Vitruvio


Hola amigas y amigos:

Vamos a hablar en esta contracrítica de "Andamios de humo (1979-2007)", libro que recoge la poesía de Alejandro Céspedes en su larga trayectoria como poeta. No se incluye el libro "Los círculos concéntricos", recientemente publicado.

La reseña la realizó Manuel Rico en Babelia. Por diversas razones, la nota de objetividad no puede ser muy alta: 5/10. Por nuestra parte, no tenemos ningún conflicto de objetividad en este caso concreto.

El libro comienza con el poemario "James Dean, amor que me prohibes", excelente título para un libro de poesía. El primer poema es una oración al propio James Dean como símbolo no sólo de la belleza sino de la juventud, de los recuerdos de la infancia y los sueños imposibles: "un vacío de absurdas mariposas / apareándose dentro de mi estómago".

Este primer poema, el mejor del primer libro junto al dedicado a varios cantantes, tiene un verso que es una pena que no se haya aplicado en el resto de "Sobre andamios de humo": "Proclamo este delirio y el verso se acobarda." En ocasiones veremos el verso enamorado de sí mismo, con los efectos que esto tiene sobre la calidad final de la poesía.

El segundo y tercer poema son también buenos pero se escapa algún cliché que en poemarios posteriores harán más daño a los poemas: "un sueño atropellado", "...los besos que tenían / desde hace tanto tiempo hipotecados". También existe un cierto rebuscamiento léxico muy ocasional (acibara) que creemos que en parte tiene que ver con una ortodoxia métrica que en ocasiones chirría ("las barbas de Neptuno ir habitando") en mitad de un lenguaje que suele ser coloquial.

Pero en general el nivel de estos primeros poemas es bueno. El poeta consigue llevarnos a su mundo de recuerdos, de pasiones insatisfechas, de una adolescencia complicada ("pues niños más hermosos / hace tiempo que juegan con barajas marcadas"), en donde el amor adquiere dimensiones míticas: "para que te pintase / al sol, / amor pacífico, / al sol / inmutable, corpóreo, previsible".

Por otra parte el poeta parece obtener mejores resultados hurgando en las oscuridades del alma humana que tratando de sacar brillo a lo que no lo tiene, forzando una estética demasiado almibarada. Así, en el siguiente terceto, el último verso tiene mucha más fuerza que el segundo: "Mi dolor es insecto / conservado en el ámbar del pasado, /alquitrán que recubre las plumas de las aves."

Relacionado con lo anterior, el peor poema de "James Dean amor que me prohibes" sería el número VI precisamente por el abuso de imágenes, a las que le sobran lazos y azúcares: "Y eras tú, columpiándote, una estela / de Mirurgia y pamela en el manzano", "un triángulo de calas y alhelíes", "Tú eras toda mi infancia y el talco de las rosas", "el melocotón tibio donde apoyar los labios"...

Los poemas siguientes abandonan ese tono arrebatado y en especial destaca el que tiene como titular las fechas de la muerte, todas cercanas, de Jim Morrison, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Incluso el poeta se atreve con alguna imagen surrealista, uso que podría haber potenciado en mayor medida: "Canciones que son cactus / columpiándose / en los rojos desiertos del Perú". El mundo de la música, que parece importante para el poeta aunque apenas está presente en su obra, se resumen en esas canciones que "son losas, cuchillos, hojas finas / para venas que ansían el descanso."

En el poema a "Alejandro Magno", el sujeto poético se convierte en amante del mito, y lo hace de una manera contenida y hermosa. En el caso del poema sobre Aníbal se abusa de lo ya comentado en el poema VI. Una vez más observamos como los intentos por crear belleza se exceden hasta el amaneramiento ("y echas mi ancla al fondo de mi oído / desde el misterio de una caracola") mientras que en el dolor, cercano a un moderado expresionismo, la voz suena más original y acertada ("ese batir que tienen las sirenas / sobre el agua estancada de las calles. / Escucho sus lamentos de animal travestido / que me incita a arrojarme sobre su mar airado./ Átame con tus sogas, no me dejes / probar la tentación / pues se alborota el vuelo de los alcaravanes, hunden su cuello al fondo de un retrete / engullen su alimento de rodillas").

En el epílogo del poemario, el poeta declara, en su soledad, que esos seres, esos mitos, "ya no existen". En un tono pesimista que enlaza con el último poemario del libro, el poeta escribe de manera desgarrada y auténtica: "En esta arena nueva / ando buscando un árbol / para poder colgar los viejos nudos / que atiranten la soga tras las vértebras / que unen mi pasado / con mi desasimiento."

"Y con esto termino de hablar del amor (1979-2007)" agrupa tres poemarios que el poeta ha reescrito y reducido de manera importante dejándolos en uno solo, además de los cambios que también presente el anterior poemario. En general, el nivel de la poesía en este grupo heterogéneo de poemas está por debajo del nivel en "James Dean, amor que me prohibes". El primer poema es uno de los dos mejores de este segundo libro. Con una arquitectura anafórica, figura de la que el poeta nunca abusa, Alejandro expresa con una enorme fuerza su derecho al recuerdo y al dolor: "Y qué / si ya no puedo soportarlo. / Si cansado de amar a fotos muertas / introduzco mi aliento en una bolsa / de plástico y aspiro el pegamento".

Los siguientes poemas, de carácter elegíaco, recuerdan amores perdidos y tienen los dos problemas que ya hemos señalado: metáforas que suelen resultar fallidas por su exceso de ornamentación ("El amor que allí hubo y que bebimos / como agua primigenia se fue al fondo") y de lugares comunes, a veces con las dos problemas en el mismo verso: "memorizar las rutas de sus cuerpos". El poeta insiste en que busca el amor perdido en otros cuerpos, pero la emoción no se transmite como en el primer libro. Sólo cuando le sale la rabia, como el poema que comienza con el verso "Hice tanto el ridículo", el lenguaje es más crudo y apropiado al tema, y esa mezcla de amor y odio al "dios del instituto" se comunica de manera perfecta. El resto de poemas siguen en el tono más elegíaco, aunque se introducen nuevos temas como las discotecas o los prostíbulos, estos tratados con cierta ironía ante la hipocresía de la sociedad, ironía a la cual habría que añadir un enorme desengaño en el amor y una gran desconfianza en él: "No saben que las vidas más largas del amor / no me duraron más que unos minutos."

En el encuentro, o tropiezo, de dos personas que se amaron, en el poema no titulado que comienza como "A pesar del fervor...", Alejandro se mueve de nuevo en los terrenos del dolor: "Supieron que volvían de otro tiempo / ... / del lugar inexacto al que se emigra / cuando no se es amado y no se ama / y no se espera porque no hay razones. " El último poema, el que da título al libro, es un canto contra el amor, del que el poeta ya no espera nada. Lo ve, personificado, como un mercader: "Ya sé que únicamente es purpurina / lo que me vende a precio de aureola."

El siguiente poemario, "Las poemas mensajeras sólo saben volver", fue ganador del premio Hiperión el mismo año que otra buena poeta lo logró: Ada Salas. Para nosotros, curiosamente, es el peor poemario del libro. Últimamente se ha dicho que el premio Hiperión había bajado enormemente la calidad de sus premiados. Es posible que sí. Pero este poemario de Alejandro, que tiene libros buenos como el primero que hemos comentado y el último que queda por comentar, tiene los mismos defectos que muchos de los libros y poetas premiados o reseñados últimamente.

"Las palomas mensajeras..." se divide en dos partes, siendo la primera de mayor calidad que la segunda. Como buen seleccionador de ubicaciones de poemas, el primero de ellos está claramente por encima de la media, mostrando ese enfado que tan bien le sienta al autor: "Y es que dioses farsantes / habitan en tu nido / y sus bocas abiertas / reclaman ser cebadas con tus vómitos."

En este poemario hay un claro abuso de la figura de la prosopopeya, que se utiliza sin demasiado acierto, y en demasiadas ocasiones: "afluentes del pequeño / caudal con el que baja ya tu vida", "Sufres el espejismo de la noche / que rellena los vasos...", "El rito del silencio / diseca los minutos"... Hay también un número excesivo de metáforas, figura con la que el autor tiene una relación muy irregular. Varias veces, además, se repiten fórmulas extraídas de la liturgia católica, lo que hace que pierdan fuerza con cada nueva utilización.

Entre estos poemas que abusan de la metáfora y la prosopopeya, de repente surge una pequeña joya en el poema número IX, en donde esta vez sí que acierta con la retórica: "...ya sabes / que cada sueño nace a un plomo atado".

La segunda parte es similar a la primera pero sólo el primer poema está claramente por encima del resto. En los otros poemas ocurren los mismos errores de la primera parte. La memoria, los recuerdos y el tiempo son los protagonistas infatigables una y otra vez, junto con el esplendor en la hierba, causando un cierto cansancio temático, a la vez que algunos versos se exceden en su orgía esteticista: "El cello es una indócil mariposa / que vuela atolondrada / por el ceñido cosmos de mi frente.", o "Oh, saeta del ansia, / veloz rasgas el velo del olvido". En definitiva, un libro que de manera paradójica ha envejecido mucho más que su primer libro, bastante más antiguo.

El último poemario, el mejor junto con el primero, se titula "Hay un ciego bailando en el andén", título extraído de su último verso. En los primeros poemas parece existir una intención de desdoblamiento del yo, un intento por salirse de sí mismo. El tono se vuelve pesimista y oscuro, muy cercano al nihilismo. En el primer poema se dan pistas de por dónde puede ir el desdoblamiento y por dónde su salida: "la lluvia, / como una verja alta, /transparente, / es aduana del tiempo, / es frontera que cierra / el paso a la infancia / y separa a aquel niño que me mira / de este largo cadáver que hoy se moja."

En el segundo, el desdoblamiento continua en una especie de análisis extremadamente lúcido de la condición humana. Por otra parte parece, teniendo en cuenta la fecha de escritura del poemario, que el sujeto poético se observa a sí mismo viejo de manera prematura, como si hubiera vivido demasiado rápido y demasiado pronto.

En el diálogo consigo mismo que supone el tercer poema, la angustia se hace más profunda. Y en el cuarto la solución parece ser poner una barrera a la vida, "Qué insalvable distancia se introduce / entre la vida y yo.", en donde el poeta identifica a ese otro yo con el yo que tiene que dar la cara ante un mundo que le es hostil y le mata: "en cada diaria muerte / me obliga a seguir siendo mi otro mismo."

Magnífico el poema V en su conclusión y planteamiento poético. La felicidad de la infancia y de la no necesidad de recordar aparecen en el siguiente poema ("el recuerdo era un mundo inhabitado / al que no sabía cómo llegar"). Pero el pasado ahora es inalcanzable. En el poema VIII el nivel decae momentáneamente pero remonta con rapidez. El poeta parece alcanzar su culminación nihilista: "la cáscara de un hombre / ya sin sueños. / Fundirme hasta ser fósil. / Eso quiero." Y es que ante la afirmación de que "no hay más vida en el hombre que su propio pasado" poco se puede hacer y nada queda de hueco para la esperanza. A esto se le añade una desconfianza no sólo en sí mismo sino también en su especie: "Ser la raíz que escapa hacia la tierra. Nunca el hombre." Hasta el eje del planeta se oxida.

Los siguientes poemas caen en parte en los errores que ya mencionamos anteriormente, en concreto los números XV, XVII, XIX y XX. Sin embargo, los dos últimos poemas están entre los mejores de todo el libro. El poema XXI transcurre en un cementerio. La descripción tanto física como sentimental es excelente pero sobre todo los dos últimos versos son extraordinarios. En el último poema, aparece la duda, la pregunta final de la que ninguno tenemos respuesta, pero que está magníficamente formulada por el poeta.

Respecto a la crítica de Manuel Rico, como suele ser habitual en la crítica oficial, nos parece unidimensional. Cuando dice que "a veces, brilla la metáfora", ¿quiere decir que en el resto de ocasiones no brilla o que apenas hay metáforas, cuando el libro está cargado de ellas? En el apartado descriptivo, cómo no, sí estamos de acuerdo. Sigue faltando riesgo y proteína en la crítica poética de los grandes medios.

Es difícil hacer una valoración final de "Sobre andamios de humo" porque es un libro muy irregular. Estamos ante un poeta que, sin duda, tiene talento, pero al que parece que en una parte de su vida le han influenciado demasiado las modas pasajeras. En el libro hay poemarios bastante buenos y bastante menos buenos, versos extraordinarios y versos malos. Atendiendo a la evolución en el tiempo de los poemas, parece que la fiebre metafórica y retórica del poeta ha pasado, en parte, y los poemas del último libro tienen más que ver con la verdadera poesía de su primer libro que con los laureles adornados de guirnaldas de su premio Hiperión. Nuestra nota, en este caso, es una nota media, no sólo de los miembros del colectivo sino también de cada uno de los poemarios, que estarían evidentemente por encima y por debajo de la valoración que vamos a dar.

Valoración del poemario "Sobre andamios de humo": 6,25 / 10

martes, 14 de octubre de 2008

Desalojos, por Miriam Reyes. Edita Hiperión. Reseña Francisco Díaz de Castro

Hola a todos,

Esta semana toca algo, a priori, bastante distinto a la sobrecargada poesía que veníamos contracriticando las últimas semanas. La reseña la realizó Francisco Díaz de Castro. Ignoramos por completo la objetividad que, a priori, tiene el crítico en esta reseña. En nuestro caso no hay conflictos de objetividad.

En cualquier caso, muy objetivo no parece el señor de Castro en la reseña que escribe. O eso, o tiene una versión distinta del delgado libro que tenemos nosotros. Lo que el llama "constantes hallazgos expresivos, imágenes sensoriales de gran plasticidad" no lo vemos por ningún sitio. Tampoco vemos el "dominio expresivo y la inteligencia compositiva de una autora." En lo único que estamos de acuerdo es que, efectivamente, el libro no es pretencioso, nada como no correr riesgos, y que hay un claro "desbordamiento emocional" por parte de la escritora. Corregimos por tanto nuestra nota de objetividad del crítico basándonos en los hallazgos que somos incapaces de encontrar:

Valoración de la objetividad del crítico en este caso en nuestra opinión: 4 / 10

Efectivamente el libro es fundamentalmente, como sí dice Francisco, una descripción de lo algunos hechos que ocurren tras la muerte de una persona cercana, la abuela en este caso, del sujeto que escribe. El libro se divide en dos partes sin título. Tampoco aparecen titulados los poemas.

En el primer poema se puede adivinar lo que va a ser el conjunto del libro. Por un lado, el poema tiene un componente narrativo importante, y cada nuevo poema va a suponer un paso más en el proceso de llegada, velo y entierro del familiar. Hay por tanto una organización cronológica de los poemas, que en realidad son distintas parte de uno solo.

El verso es libre en buena parte, y el ritmo se resiente en bastantes ocasiones. Falta técnica rítmica en la composición del verso y en el encabalgamiento del mismo, totalmente predecible. Algún detalle como la ausencia de comas en determinados puntos parece más gratuito que necesario. Lo que podría denominarse, a este respecto, un estilo impostado.

Desde el punto de vista retórico, la poeta utiliza un lenguaje desnudo y sencillo en general, aunque, llevando la contraria de nuevo al crítico, sí que hay varios intentos de usar un lenguaje más retórico en varias ocasiones, pero de nuevo la técnica, o el talento, fallan: "Balanceo la cabeza sin fuerzas / como un péndulo a punto de detenerse", "Como un racimo de uvas nos fuimos desgranando", "con las manos extendidas / tan suaves como pétalos", "La primera pelea empezó justo después de que archivaran tu cuerpo / como un caso cerrado", "Una habitación brillante y vacía / como una página en blanco".

El detallismo que menciona el crítico apenas surge en todo el poemario. Y es una pena porque en los escasísimos sitios donde surge, en especial en el segundo poema, cuando Miriam escribe "sujetándonos de alguna manera / para no caer contra el cristal / que ya empieza a empañarse por los bordes", es donde encontramos los pocos momentos poéticos del libro.

Si el poemario falla en lo técnico, la pregunta es, si a pesar de esto, el dolor o la aflicción ante la muerte logra conmover o transmitir algún mensaje poético. Lo cierto es que no. Leemos el poemario con indiferencia a pesar de los esfuerzos del sujeto poético para que compartamos su dolor, llegando a un elevado agonismo y patetismo en momentos concretos ("se empaña contra el frío y la putrefacción de la carne", "¿Sentirán los insectos la llamada de tu cuerpo / rebosando cavidades y poros / mojándote el vestido?, "Rezo a las larvas que coman tus entrañas").

La segunda parte, como acertádamente comenta el crítico, no añade gran cosa. No entendemos que califique los poemas como crípticos, sin embargo. ¿Cómo calificaría entonces a Ashbery? A pesar de todo, el poema que comienza con el verso "¿Vas a enseñarme a vivir" está muy por encima de la media del poemario.

"Desalojos" es un libro prescindible. Técnicamente muestra las limitaciones de la poeta, casi narradora en este caso, y temáticamente no sólo no aporta nada nuevo, algo difícil por lo que parece, sino que ni siquiera llega a transmitar algo de poesía en un tema que se lo ponía fácil sin caer en lo exageradamente emocional o en lo directamente agónico.

Valoración del libro "Desalojos": 3,5 / 10

lunes, 13 de octubre de 2008

Gracias ciudadanos del mundo de más de 70 países


Queridos amigos:

Aunque pueda parecer un ejercicio de autopromoción, en realidad sólo queríamos daros las gracias. Hemos superado los 70 países que han visitado nuestras páginas, muchos de ellos sin ni siquiera ser hispano hablantes. Hay una cosa clara. Con más de 8000 visitas al mes, nadie puede decir que la poesía no interese. Ni que falten fuerzas para cambiar las cosas que no nos gustan. Sólo falta vuestra voluntad.

Desgraciadamente las zonas en blanco, perdón por la fotografía pero el java del mapa no se puede extraer, nos muestran aquellas partes de la tierra donde la miseria económica y política es mayor. Y dónde con seguridad hay poetas escribiendo en sus libretas manchadas de tierra versos, porque la poesía es universal. Versos que no nos llegarán.

Seguimos sin aceptar y nunca aceptaremos publicidad en nuestro blog, a pesar de todo. Nuestra credibilidad está en nuestra independencia y en nada más.

Estos son los 25 países que mayores visitas nos hacen desde que comenzamos (perdón porque la lista esté en inglés):

1. Spain

2. Mexico

3. United States

4. Argentina

5. Colombia

6. Peru

7. France

8. Chile

9. Italy

10.Uruguay

11.Venezuela

12.Portugal

13.Ecuador

14.Puerto Rico

15.El Salvador

16.United Kingdom

17.Germany

18.Bolivia

19.Guatemala

20.Panama

21.Dominican Republic

22.Costa Rica

23.Nicaragua

24.Morocco

25.Brazil


Muchísimas gracias, amigos que estáis tan lejos pero tan cerca, por venir a este pequeño retiro de poesía publicada en España. Besos a todos. Seguiremos trabajando por vosotros y por el progreso de la poesía.

viernes, 10 de octubre de 2008

Joan Margarit. "Casa de Misericordia". Visor. Premio Nacional de Poesía.


Hola a todas y todos:

Suscribimos buena parte de lo comentado por vosotros sobre lo ocurrido en el premio Nacional. Desde que comenzó este blog hemos pensado que la poesía viviría mucho mejor sin que un grupo de iluminados nos dijera cada cuál es el mejor libro escrito, y tratara de imprimirlo en la historia forzando lo que haya que forzar. Aparte de esto, se trata de dinero público, Molina, y lo menos que se puede pedir es la máxima transparencia. Y no ha habido nada de transparencia en este premio. Eso sí, viendo el ISBN, lo que algunos poetas metidos a políticos han publicado, y dónde, desde que ocupan cargos de relevancia y lo que publicaban antes, da la sensación de que les ha salido muy bien la jugada.

La opinión del jurado ya ha sido expresado muy claramente por un contertulio. Cuatro personas con una vinculación directísima a Visor, otras sin ninguna conexión evidente con la poesía, un reparto regional cuanto menos curioso, nos llevan a pensar que la objetividad del premio, a priori, es de las más bajas que recordamos:

Valoración de la objetividad del premio Nacional 2008 en nuestra opinión: 2 / 10

Poco más hay que decir cuando un modesto editor sale con su nombre y nadie tiene narices de seguirle. A tragar hasta la muerte, amigos, ¿no?

Empecemos con el libro. Ya en su libro "Joana" el poeta había hecho un ejercicio de poesía confesional, escrita desde la cercanía de la muerte de su hija. El tono confesional continua en "Casa de misericordia", un poemario escrito desde la serenidad de la avanzada edad del poeta, y que hurga en sus obsesiones en ese punto de su vida: la muerte, con Joana todavía como una figura importante en el poemario, la vejez, el paso del tiempo, la soledad, el desamor...

En general el poemario tiene un tono casi existencialista, un desencanto que es común en muchas de sus páginas, casi una especie de rendición anticipada, a veces excedida en lo que podría calificarse de un cierto victimismo.

En una entrevista reciente el poeta despreciaba sin ambages "la grandilocuencia romántica y la poesía de vanguardia". Efectivamente, nada hay de vanguardista en su poesía y de ahí que escritores como Marzal o Montero lo consideren maestro y figura a seguir. De hecho el propio poeta, en un epílogo de escasa altura intelectual y dudosa modestia, nos habla que le ha llevado tiempo comprender la miseria de la vanguardia. Sin embargo, a pesar de sus palabras, el poeta no ha conseguido ni mucho menos desprenderse de lo que él denomina "grandilocuencia romántica". Algunos de sus poemas conectan directamente con el siglo XIX, y no precisamente en los aspectos más positivos de la poesía romántica y post-romántica.

Resulta curioso, en este sentido, que se hable de una voz singular en el caso de Margarit, cuando pocas diferencias tiene con muchos de sus compañeros de editorial. Es más, los versos de unos podrían ubicarse en los poemas de otros, y sería muy difícil destacar la autoría de cada uno de ellos. Margarit, como muchos de los poetas de Visor y de Tusquets que llevamos criticando, para nuestro sopor, en los últimas semanas, es otro ejemplo más del estado artrítico en el que se encuentra buena parte de la poesía oficial. Dice el poeta que hace suya la frase de Hardy y lo único que podemos hacer es escribir sobre las cuestiones de siempre con los estilos de siempre, pero intentándolo hacer un poco mejor. Bueno, pues con las cuestiones de siempre y los estilos de siempre, es decir, desde el conservadurismo poético, Margarit está muy lejos de mejorar cualquiera de los nombres que cita en su epílogo. Su poesía se rige por un concepto unidimensional de la estética, y por una pobreza técnica sorprendente.

Y así, como en el resto de sus compañeros y alumnos, encontramos más de lo mismo:

1) Una buena abundancia de clichés y de terrribles metáforas: "Entre tantos desastre amontonados como sacos", "Tiende la mano hacia un confuso ayer", "La vida es un hielo en el vaso de sombra /que me ofrece la vida.", "zarpo desde los muelles de la realidad", el poema completo sobre el poco manido tema de la partida de ajedrez ("Jaque"), "rompe como una hucha su pasado", "por los raíles / de brutales heridas del pasado,", "Y en el pedregal triste de mi infancia.", "con los cristales rotos del final de la vida",

2) Afectación, con un romanticismo mal entendido, en la línea de la última poesía de mensajes a móviles: "como un reloj de aquellos, que ahora marcan / el ayer y el mañana en nuestro amor", "cuando marque tu hora solitaria / la esfera de la luna sobre el mar", "Donde mueres las olas / he vuelto a ver tus pies de mujer joven / que te barniza el agua lenta y dócil.", "espero / a que, dentro de mí, termine de llorar / la niña del fracaso.", "con palabras de amor que cubrían de musgo / las rocas ásperas donde la vida, / más dura que la guerra, después les estrelló.", "la lluvia se adormece con tu nombre / y limpia el pozo negro de la melancolía", "cruzando el oro verde y oscuro que al crepúsculo / barniza los viñedos de noviembre", "una mañana de oro azul / que destellaba en el cristal del mar.", "en mi boca, conservar / la dulzura de tu amor.", "en el puerto del crepúsculo".

3) Exceso de atención en los finales: Unos cuantos poemas caen en la sentencia final y a veces parecen "pegotes", como si el verso hubiera sido forzado a entrar donde no cabía.

Como nada es blanco o negro, hay algunos poemas buenos, aquellos en donde el poeta mete la mano lo menos posible en la retórica, como "Ser viejos" ("Ser viejo es que la guerra ha terminado"), el tono pausado e impresionista de "Apilando leña", el urbanismo más interesante de "El vendedor de rosas" ("Como un Cupido viejo, / pasa escupiendo el vendedor de rosas."), la serenidad de "Crematorio" ("Dentro de mí, ahora que habéis muerto /hay una luz debajo de una puerta. / Como si os dispusierais a dormir."), el moderado expresionismo de "Avanzar dentro de un cuento" ("Hallo un nido caído, un niño grande / como la cuna de una niña muerta.") y los poemas sobre los niños titulados "Voces infantiles" y "El último juego"

Nos gustaría comentar unas pequeñas líneas sobre un poema que dice: "Lo que hoy toca es hacer democrático el arte. / Ningún árbol más alto. / Espantosamente ricos, / y por eso espantosamente pobres". Primero, es falso que el arte sea democrático. Como ejemplo, tu premio nacional. Más bien estamos en una especie de monarquía a nivel poético, con su cuadrilla de nobles y cortesanos alrededor, en dónde los árboles que destacan, porque hay grandes diferencias en las alturas mediáticas, están siendo árboles de crecimiento rápido y delgado tronco, eucaliptos quizás, que mejor servirán como madera, mientras que es posible que los robles, sin ayuda de nadie, algún día comiencen a verse. Y lo que hoy tocaría es precisamente democratizar el arte y quitarle toda esa carga burguesa, monárquica y de amistades partidista que lo pudren. Como tocaría democratizar este régimen económico-político que como padres y abuelos nos distéis, y que tan contentos os tiene, y que a nosotros, a este colectivo al menos, nos produce nauseas.

Entre fríos, mares, trenes, calles, nieve y muerte el poeta nos muestra su desencanto, su pesimismo y sus recuerdos. De acuerdo, el material, los temas, son los de siempre. La técnica es acomodaticia en lo métrico. En los retórico, en general, no sólo falla sino que el lenguaje metonímico del poeta es lo suficientemente malo para que los poemas mejores notablemente si eliminamos sus metáforas y comparaciones, como ocurre en buena parte de los poemas más acertados.

No es cierto que éste sea el mejor libro del año. Hay decenas de libros mejores sin que 2007 vaya a pasar a la historia de la poesía española. Si el mensaje que se quiere transmitir es que éste señor es el profesor, y todos debemos de seguir sus pasos, por favor, no ahondemos más en el empobrecimiento de la poesía que se escribe. No es extraño que bajen las ventas de libros cuando lo que se vende como gran poesía es esto. Los neófitos pensarán, si esto es lo mejor, ¿cómo sera lo peor? Triste oficialismo el que sufrimos en este siglo XXI cargado de voces viejas independientemente de sus años.

Valoración del libro "Casa de misericordia": 3,5 / 10

PD.- si podemos vamos a trasladar los mensajes puestos en la anterior entrada a ésta

domingo, 5 de octubre de 2008

Álvaro Valverde. Desde fuera. Edita Tusquets. Reseña Babelia. Y comentarios al premio nacional de Joan Margarit


Hola a todos y gracias por todos los libros que vamos recibiendo antes ni siquiera de comenzar a mandar correos a las editoriales. Es un honor y un orgullo leeros y recibir tanto cariño. También hemos recibido varios comentarios que apostaban ya por sus candidatos de manera pública. Como muchos recordaréis del pasado año, los votos son secretos y se mandarán a una dirección de correo electrónico que os daremos una vez termine el año. Pero gracias por vuestro entusiasmo. Ya se ven algunos favoritos...

Razones de distribución, de peticiones y de agenda nos llevan de nuevo a Tusquets. El libro, de Álvaro Valverde, se titula "Desde fuera".

La crítica la realizó Antonio Ortega en Babelia. Al margen de que Babelia trata muy bien a Tusquets, como buen anunciante que es tal y como puede comprobarse en el faldón que acompaña a la reseña, tampoco creemos que Antonio sea demasiado objetivo respecto a Álvaro, y no sólo por los amigos comunes. Aunque lo hemos dicho en otras ocasiones, la objetividad no sólo implica el hacer una reseña laudatoria, algo que ocurre en el 99% de los casos. El simple hecho de señalar qué libros entran y cuáles no en la ruleta de la fortuna ya es una ayuda esencial para libros que, curiosamente, no la necesitan. Si el dinero atrae más dinero, el poder atrae más poder.

Objetividad a priori del crítico en nuestra opinión: 3 / 10

La crítica de Antonio, por otra parte, demasiado construida con trozos del texto de Álvaro, nos parece decepcionante. Y su conclusión no se apoya en argumentos. Queremos más proteína.

Nuestra objetividad es baja. Para empezar, desconfiamos de cualquier premio Loewe, pecado y prejuicio claro y público de este colectivo. Y además, sentimos la misma desconfianza hacia poetas metidos a políticos, y que dividen el mundo en buenos y malos. Por mucho que a veces sean destituidos. "No se imaginan los sapos que he tragado" dice el poeta refiriéndose al tema (http://mayora.blogspot.com/search?q=destituci%C3%B3n). Nadie te obligaba a tragártelos. Resultado: 3 / 10

Comienza el libro con una cita del poeta valenciano Cesar Simón, poeta de cabecera de Vicente Gallego, entre otros, y que da título al libro. Escrito entre los años 2000 y 2007, las diferencias entre las distintas parte de "Desde fuera" son importantes, tanto en temática como en estilo, y el resultado es muy desigual en términos de la calidad de la poesía.

Empieza "Desde fuera" con el juego de opuestos que el poeta ofrece en la primera y última parte del libro. Si la primera es "Desde dentro", su primer poema es "Desde fuera", título también de la última parte del libro. "Desde dentro" muestra todos los defectos de la poesía de Valverde y pocas de sus virtudes. En sus dieciocho poemas, las reflexiones interesantes de los dos primeros poemas en seguida se convierten en pensamientos sondables y superficiales. El lenguaje, que en otras partes será más desnudo y sencillo, es aquí un lenguaje metonímico y alambicado, compartiendo los defectos que agrupan a varios de sus compañeros de editorial y de premio: abuso de clichés, falta de originalidad, metonimias y metáforas desgastadas...Unos pocos ejemplos servirán de ejemplo: "el río desangrándose / a la hora rojiza de las últimas vísperas", "Las arrugas que cruzan por tu cara / son las líneas del mapa de tu vida.", "en otoño, es la gama de ocres quien impone / belleza a esa nostalgia /que destila su zumo / de las sombras frondosas del verano.", "A través del cristal, lejos de aquí, / arde de nuevo el mar.", "Mi vida es este río que me lleva, / esta apacible huida hacia la muerte."

La intertextualidad, en línea directa con nuestro siglo de oro, no sirve para dar nueva luz a los versos ya escritos sino que, más bien, parece un ejercicio de exhumación poética.

La segunda parte, titulada "Sur" no mejora en nada la altura, como diría Antonio Ortega en su reseña, de la primera parte. Hay una insistencia excesiva en los mismo temas, sin que cada nuevo poema agregue algo al conjunto. El amaneramiento estilístico es, sin embargo, todavía mayor en la repetición de ciertas imágenes: "Al fulgor carmesí / de este ocaso de agosto", "cuando cesa la tarde / y la luz es de oro", "La luz de atardecida mancha todo", "cuando muere la tarde"...

El libro comienza a recuperarse en la tercera parte, "Entonces la muerte", cuando el poeta comienza a quitar innecesarios adornos a su lenguaje y habla de manera clara de lo que lleva bastantes poemas queriendo decir dando rodeos con el atardecer, el otoño, el ocaso y similares: su preocupación existencial por la muerte, tema recurrente en la poesía del extremeño. Tanto el primer poema, en donde el poeta aúna su angustia existencial con el otro gran tema de su poética, la naturaleza, como en los dos siguientes, en donde la memoria de la muerte es nítida y poética, Álvaro logra tres poemas buenos, muy por encima de lo leído hasta el momento.

Aunque sin llegar al nivel de las dos primeras partes, la cuarta, titulada "Lugares del otoño", vuelve a la retórica gastada: "las aguas enlodadas / del río de la infancia: el del olvido", "El que hoy comenzaste es un largo viaje / por el río del tiempo." Cuando el poeta baja del Parnaso, como en el poema 5, la mejora es tan notable que parece mentira que éste sea la excepción y no la regla.

Aún así, la segunda mitad de "Lugares de otoño" es claramente mejor que la primera, y anuncia, independientemente del registro temporal, la mejor parte del libro: "Imaginario". Inspirado en la pintura de Godofredo Ortega Muñoz, el poeta desciende por fin a la tierra y desnuda su poesía de abalorios para hablar precisamente de un paisaje hermoso por su sencillez, su aridez y su carácter desértico. Llegando a veces casi a una orientalización minimalista que lo acerca al renga, Álvaro avanza por ese territorio de sequedades y su poesía y el tema se adaptan esta vez sí al mensaje poético. Esas retamas, esos terrenos duros, en donde paisaje y pensamiento lúcido se unen, son lo mejor del libro.

La última parte, "Desde fuera" comienza con unos de los mejores poemas del libro, "Stevenson, Skerryvore", donde el paisaje interior se traslada al mar, en una naturaleza que continua siendo inhóspita pero bella a la vez. Las múltiples referencias literarias en esta parte, de nuevo marca de la casa, y la multitud de lugares que se conforman en los poemas, tienen un resultado desigual, con poemas buenos, como "Hotel Kreuz", "Plaza de Garrovillas" o "Dos robles jóvenes", y poemas donde cae en los errores ya señalados, como en "Mariñas de Sada", con los versos retorcidos y forzados métricamente "como si de tapices / al cabo se tratasen", "Cáparra" o "Puente de Alcántara".

"Desde fuera", en su conjunto, no deja un buen sabor de boca y sí cierta rabia. Desde fuera, valga la redundancia, se aprecia que el poeta puede dar mucho más de sí, y no se entiende bien la enorme diferencia que hay entre los poemas buenos y los poemas que caen en el rebuscamiento vacuo y en la completa falta de originalidad. Ahora que, como dice el poeta, comienza su otoño, Álvaro tiene dos caminos delante de él (o argentinos o incultos o las dos cosas, vamos): el poeta sencillo pero hondo que se funde con su paisaje o el poeta que se viste pomposo y recargado sobre un fondo baldío. Dependiendo de él y sólo de él, el tiempo lo situará en el lugar que le corresponda.

Valoración del libro "Desde fuera": 5 / 10

martes, 30 de septiembre de 2008

Editores y autores: comienza la cuenta atrás para los premios a mejores poemarios 2008


Queridos poetas y editores:

Este año queremos trabajar de manera anticipada en la selección a los mejores poemarios inéditos publicados en 2008.

Sabemos que nuestra gran asignatura pendiente es el descubrimiento de voces desconocidas, la famosa sección "secretos de poesía", que por razones de distribución, de no pertenecer a ningún grupo poético, por mala suerte, o las razones que sean, se hayan quedado guardando polvo en una librería, o en el peor de los casos, encerrados en una caja.

Así que vamos a empezar ya a ponernos en contacto con las editoriales para pedir los libros publicados hasta la fecha. En principio nos vamos a centrar únicamente en la poesía en castellano editada en España, sea de autores españoles o hispanoamericanos, para el Premio Nacional Ausiás March. Si tuviéramos tiempo ampliaríamos los premios, como hicimos el pasado año, a los libros traducidos. Pero queremos ser consecuentes, en la medida de nuestras modestas posibilidades, con los objetivos de este blog.

Igualmente, como autores, también podéis enviar vuestros manuscritos sin necesidad de que os contactemos. Muchos de vuestros compañeros ya lo están haciendo.

Para poder hacer con mayor justicia esta lista, nos gustaría que entraran el mayor número de libros editados en España, con independencia de que hayan sido o no reseñados en los suplementos culturales que seguimos. Para ello necesitamos que nos mandéis un documento word o pdf con el poemario/s que hayáis publicado. Y si sois editores, nos podéis mandar los libros que queráis, pero, si es posible, cada poemario en un correo distinto.

La dirección a la que debéis mandar los libros es: recepciondepoemarios@gmail.com


Si alguno tiene problemas para mandar los libros en formato digital, poneos en contacto con nosotros y os daremos una dirección postal.

Sabemos que siempre será imposible recibir todos los libros publicados en España y que por tanto se quedarán en el silencio joyas que merecerían una atención mayor. Pero aspiramos al menos a descubrir libros que por distribución o por las razones que sean, económicas también, no hayan llegado hasta nosotros.

En este sentido es importante señalar que no habrá discriminación ni positiva ni negativa respecto a las grandes editoriales. Es decir, un libro publicado en una pequeña editorial no tendrá peor trato que un libro publicado en Tusquets. Pero tampoco lo contrario. En nuestra lista Addison de Witt de mejores libros de 2008, Premio Nacional Ausiás March, sólo entrarán aquellos libros que hayan sido valorados unánimemente y de manera muy positiva por los cinco miembros del jurado. Como el pasado año, daremos una lista de accésit, y de finalistas. Incluso es posible que, como el pasado año, demos la lista de semifinalistas.

Ya os informaremos de cuando se abre el plazo para los premios a los libros que vosotros votáis y os daremos las instrucciones adecuadas. Igualmente es buen momento para que vayáis pensando las mejores y peores críticas de 2008.

Muchas gracias y un abrazo a todos,

Colectivo AdW

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Eloy Sánchez Rosillo. "Oír la luz"


Queridos amigos y amigas:

Comenzamos por el final. ¿Qué le pasa a Tusquets? ¿Qué rumbo ha cogido su colección de poesía?...

El poemario que pasamos a comentar es "Oír la luz". Lo escribe Eloy Sánchez Rosillo y edita Tusquets. La reseña la escribió en primer lugar Ángel Luis Prieto de Paula en Babelia.

Eloy es un poeta afable, simpático y buena gente. Nos daremos una objetividad de acuerdo a ese perfil: 6 / 10. Respecto a la objetividad del crítico, en nuestra opinión, profesor reseñando a profesor, compañero a compañero, no puede ser muy alta. ¿Igualamos? Bien: 6/10

En rojo, extraíble y desechable, el libro contiene un aviso que nos hace temernos lo peor: "Una de las obras poéticas más genuinas de las últimas décadas. Una voz, una palabra limpia, bruñida, auténtica." Firma: Miguel García-Posada. Desgraciadamente, nuestros peores augurios se van a cumplir.

¿Qué le ocurre a la crítica española oficialista para alabar un libro como éste? ¿Dónde ha quedado su objetividad, su conexión con el siglo en el que vivimos? Necesitamos comenzar de cero. La poesía española, en su aspecto crítico, pide un relevo generacional urgente para evitar la esclerosis múltiple que se ve en sus alturas mediáticas.

Marginales, se llama la colección. Ya. ¿Al margen de qué? "Nuevos textos sagrados" de subtítulo de colección. ¿Se puede ser más pretencioso y a la vez más incongruente? Ni marginales ni sagrados. Con las excepciones que ya hemos comentado en otras ocasiones, podríamos empezar a hablar de prescindibles. Textos encumbrados prescindibles.

El libro de Eloy, salvo por algunos escasos poemas, cumple con todos los defectos de los últimos números de la colección, acentuándolos en algunos casos e igualándolos en otros, no sin algún aspecto original propio del poeta. De nuevo, la obsesión temática con la luz, sin trazas de originalidad ni en forma ni en fondo, una luz que se convierte en una metáfora obsesiva del libro, luz capaz de curar a la humanidad de todos sus problemas, y que se corresponde con una subtrama supuestamente mistérica que nunca llega a ser tal.

En primer lugar, denominador común de unos poetas que casi podrían denominarse, educadamente, nuevos formalistas, el lenguaje es, en general, artificial y amanerado, llegando a la cursilería en varias ocasiones. Salteados, sin vocación de ser exhaustivos salvo que alguien nos lo reclame: "una alamo / encendido al sol, la golondrina / que vuela en el jardín de un lado a otro", "En este instante pasa una muchacha / por delante de mi melancolía", "la inapresible flor de la esperanza", "se alcen en la remota heredad de la aurora", "Siempre es nueva la dicha de los ojos / cuando vuelve la aurora."; o el gongorismo: "La luz del día le arrancaba súbita / mágicos centelleos de oro limpio, / esquirlas de diamante."

Incluso hay alguna reminiscencia borbónica: "me conmueve y me llena el corazón / de alegría y consuelo." También un homenaje, no sabemos si voluntario o involuntario, a Victor Manuel: "Las palabras de amor que pronunciaron / tantos y tantos labios, ¿dónde están?" Y algún poema casi escolar como "Apunte de una nube", que describe las variadas formas de una nube y que supone la sima de todo el poemario.

En segundo lugar, a pesar del amaneramiento del lenguaje, en muchas ocasiones, paradójicamente, o no, el texto cae en lo narrativo. Hay varios ejemplos pero pondremos sólo uno: "He soñado esta noche que volvía / a una ciudad de Italia en la que estuve / todo un verano de mi juventud. / Me ocurrieron allí cosas hermosas, / y fui dichoso entonces como apenas / haya alcanzado nunca a serlo / tan plenamente." Otros poemas sobrecargados narrativamente y que podrían pasar por prosa pura en otra disposición espacial serían "Invierno", "Porque nada termina", "Observación del alma" o "La feria del sol".

Como suele ser habitual en este grupo de poetas, la complacencia métrica es total y el lenguaje se ve sometido no pocas veces al triste y monótono cómputo de sílabas impares.

Cuando el poeta no cae en lo narrativo sino que intenta reflexionar, las reflexiones son todo lo contrario a lo que llamaríamos una reflexión profunda. Si un poeta decide poner por escrito sus pensamientos, lo mínimo sería que estos aportaran algo de originalidad o de profundidad. Ocurre justo lo contrario. En "Los trabajos del alma" sabemos que el alma está ocupada en sus propios asuntos. Bien. En "De la naturaleza de las cosas" se hace una referencia heraclitiana sin mayor aporte, y que encontramos en algún otro poema. En "Correspondencias" el poeta escribe sobre el concepto milenario ying-yang...

La misma falta de originalidad se aprecia cuando el poeta decide usar la retórica y comienza a tirar de toda una serie de clichés que ya no aguantan más. Sintagmas como "manantial del tiempo". O versos como "la incadescencia en que el amor destruye", "que en el cielo encendían y apagaban / intermitentemente las estrellas", "y a la mágica luna, que mostraba en las noches / su faz entre las nubes", "abril no es sólo abril, /sino algo más, inmenso, incalculable", "El sol de la mañana entraba allí a raudales /.../ahora en mi corazón lo noto entrar", "Hasta el mar se le acerca mansamente / y le lame los pies", etc.

Incluso algún poema es en sí mismo un cliché, como el que habla de la pérdida de oportunidad a través de la metáfora de perder un tren y titulado "Trenes". El propio poeta da la clave del origen de tanto cliché en su metapoético "Una palabra y otra".

Y la especialidad del poeta, los poemas elegíacos, nos cuentan experiencias que en general resultan intranscendentes por su carácter anecdótico, sean los gallos o las estaciones que se repiten una y otra vez. No canta en el pecho la elegía como dice el poeta. En otras ocasiones, la personalización del verano, "Adios, verano", o de los recuerdos, resulta muy desafortunada.

Sí, hay poemas por encima de la media como "Mirar", el sinestésico que da título al libro "Oír la luz", el narrativo pero poético "En la casa de Keats", o los dos poemas en los que habla de su madre, "Madres", y sobre todo, "Irreparablemente". Pero en general es un libro que nace viejo, lugar común de muchos otros lugares comunes lejanísimos, falto de brillantez, de ingenio y, sobre todo, de poesía. Más que pedirle ayuda a la "Señora", como hace el poeta, para escribir sus nuevos versos, no estaría de más actualizar esas lecturas de los maravillosos Keats o Dickinson que menciona con algo que pertenezca al tiempo que nos ha tocado vivir.

Abran paso.

Valoración del libro "Oír la luz": 3,5 / 10

jueves, 18 de septiembre de 2008

Juan Carlos Mestre. La casa roja


En el repaso que hacemos a las críticas pasadas nos toca un libro que ya salió hace tiempo. Se trata de "La casa roja" de Juan Carlos Mestre. Edita Calambur.

Hemos tomado como referencia la crítica de Ángel Luis Prieto de Paula porque fue la primera que apareció. La segunda crítica es de la pasada semana, la escribe Ainhoa y sólo la selección de los versos nos lleva a pensar que pertenecemos a especies distintas. Ambas reseñas pueden leerse aquí:

http://www.calambureditorial.com/es-calambur-editorial-sl-resenas.html

Nuestra objetividad es baja en este caso (4 / 10) como lo es la de cualquier persona que conozca al poeta. La objetividad de Ángel Luis tampoco creemos que sea muy elevada (5/10) a tenor de ensayos y otras reseñas que ha escrito.

Anticipamos que nuestra nota final sobre el poemario es positiva pero tenemos dudas respecto al libro y al modo en que está escrito y tratado. Vamos a poner nuestras dudas en voz alta, de manera que independientemente de una nota al menos quede lo más claro posible nuestras sensaciones y pensamientos.

Vamos a comenzar diciendo lo que no nos ha gustado, para tratar de terminar de manera más dulce:

1) Abuso de la figura de la anáfora: Resulta casi extenuante el abuso que el poeta realiza de esta figura. Se repite poema tras poema creando una monotonía similar a la que se trata de evitar contando sílabas. En algunos casos, como en el famoso y muy recitado Cavalo Morto, el poema parece pedir esa figura y está mejor resuelta, pero en muchos otros casos resulta fácil y cansina ("Eclipse con Rimbaud", "Informe sobre el orden público", "Allen Ginsberg", "Sucede", "Amiri Baraka", ). De hecho, si la solución al monótono ritmo endecasílabo es la anáfora, parece más bien que retrocedemos sobre nuestros pasos.

2) Abuso de la imagen y metáfora: Si bien en ocasiones Mestre alcanza la genialidad con sus imágenes, los poemas están en muchas ocasiones sobrecargados, tanto que podríamos hablar de un barroquismo imaginista. La excusa del irracionalismo no sirve ante muchas imágenes que se quedan arbitrarias, fruto sin duda, y gran diferencia en nuestra opinión con Prieto de Paula, de un automatismo llevado al extremo y no del todo entendido, y de un exceso esteticista en el que la imagen pierde su significado para quedarse en adorno, significante versus significado, exceso de adjetivos...: "sucede la oreja del nautilus en el buzón de las nieves astutas", "Soy la cuchara de zinc sobre las alpargatas del lóbulo.../.../Soy el meritorio sobornado por el trébol de las aviadoras", "No eres más hermosa que la estela con sabiduría de los poetas circundidados", "Igual las tormentas sentimentales se agitan como leviatanes en el guante de una gota de lluvia", "hasta que parezcas un arbol que regresa de hacer el amor", "la eternidad solo queda a tres cuartos de hora en dirección al próximo concesionario", "Gusanos gramáticos que se meten por debajo de la puerta como un claro de luna en el autoservicio del insomnio" ), El poeta, por otra parte, se siente mejor manejando las imágenes puras, más difíciles de lograr, que en las más sencillas metáforas, en donde se pierde en muchos casos la brillantez ("entre los juncos de la razón", "la aorta de las constelaciones acogida en sus sienes", "la cripta del corazón", "el abedul de su pensamiento", "la ingeniería del fracaso", "las bibliotecas de la lactancia", "Debería de llamar a un cerrajero para que me abriera el futuro", "...he dejado la religión del tabaco. No fumo promesas, sólo aspiro opiniones"). Ocurre lo mismo con las comparaciones ("cuya eternidad es breve como columna de lágrimas", "la tierra es brillante como escamas de pez". En algunos poemas esta sobreabundancia se hace más evidente, como en "Metamorfosis",

Por resumirlo en alguna metáfora, mala por cierto, no se puede hacer un concierto en el que toque tan sólo la sección de metal.

3) El esteticismo se recarga a veces en determinadas expresiones: "como si las nubes fuesen un regalo de Navidad", "acantilado de las estrellas", "las mariposas blancas de la melancolía", con algún eco lorquiano no precisamente de "Poeta en Nueva York" querido profesor, "haciendo sonar el claxon de la luna", "el tendero que lleva ramos de aurora sobre los hombros", "rozan sus codos de oro en las orillas que fecunda el poleo",

4) Extensión: El exceso imaginista y a veces esteta se corresponde con una extensión de los poemas, y del propio libro, a nuestro juicio excesiva. Muchos de los poemas quedarían más brillante con menos versos, y la lectura sería más concentrada. No pedimos al poeta que se vuelva esencialista pero sí cierta moderación en la extensión de su discurso. Aunque el poeta proclama "Dejemos de ser directos, vayamos dando un rodeo al grano", a veces el rodeo se hace excesivo.

5) Prosaísmo: En algunos casos, pocos pero evidentes, el poema cae en un prosaismo algo desconcertante. Ejemplos: "La asamblea", "Alocución en la academia de los botones chapados", "Mc Sonet", "C.3.3.",

1) Magia: Desde el primer poema, "El adepto", parece claro el tono mágico que el resto del libro va a tener y la capacidad que en ocasiones tiene el poeta para realmente convertirse en ese mago, ese sacerdote de Zoroastro ("confieso adorar descalzo el triángulo de la piedad que otros llaman cubo de Zoroastro") o el chamán de la tribu, y comunicarnos sus conjuros: "Yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante"; "Está sentado sobre cuanto fue lo real, frases lavadas, rifas de santero...", "los dedos del niño Juan juegan con la chapa de la luna doblada", "Tenga presente que toda adolescencia es un lugar bíblico en conversación con la arquitectura solar", " He abandonado a la última anciana que prometía la Tierra /.../ Este trozo de papel, un ruido de mensajeros desvalijando la vida en las afueras del Apocalipsis", "cantan sus sandalias como nutrias en los escalones del eucalipto", "Dicen que cada siete segundos pasa desapercibido un milagro. Yo soy el amor, tú eres el amor, nosotros fuimos el amor. Por el amor en peligro, uno, dos, tres salvavidas".

2) Irracionalismo bien empleado: Por supuesto, el poeta acierta también en muchas ocasiones en su irracionalismo: "Era el séptimo día, es decir, un huevo de alondra", "el que en un instante es articulación de lobo y árbol de rodillas", "En tres de cada dos cabezas la imaginación es un grifo",

3) Imágenesm y alguna metáfora, muy brillantes: Uno de los problemas de analizar este libro de Mestre es que, cuando el poeta acierta, lo hace de manera tan brillante que el resto de imágenes y metáforas, las que se suelen encontrar en la mayoría de libros, parecen realmente malas. El propio poeta escribe en un verso: "No basta con tener talento, incluso es contraproducente". Así, nos quedamos con ese bienaventurado con "hocico de linterna", "cada palabra es una tijera que se multiplica"; varias del excelente poema "El poeta": "al que oye sus palabras como relato de un robo", "pan nublado del sábado"; versos como "El olvido utiliza los ojos del diablo para observar la organización de la monotonía"; la magnífica comparación "me obligaron como se obliga a un extranjero / a subir a un tren y abandonar la ciudad", "esa sensación de brigada antinarcóticos registrando el caballo de Troya en busca de la noche primaveral", "gente que compra en las farmacias de guardia una docena de rosas", "Bajo el tocadiscos del obelisco hay una gasolinera para golondrinas y un ramo de novia con aroma a guillotina francesa", "Pienso en el país natal de las prostitutas y en los pájaros de papel amarillo que arrastra un niño sobre las vías del tren", "Un teatro vacío es un muchacho fusilado en el bosque", "...como espuma de afeitar desprendida de los glaciares hacia la cháchara de las cañerías",

3) Finales: El autor cuida los finales muy bien, ya sea los de un poema pequeño como "Antepasados", con una comparación, ésta sí, excelente ("hablar de la necesidad como se habla en las aldeas / de todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con cuidado en un pañuelo"), el final del Salmo de los Bienaventurados o como en el poema final del libro, "Veinte euros de gelatina de calabaza", en donde el poeta termina de manera excepcional,

"Una casa donde los cadernales negros sacrifican papagayos a la voz del diluvio",

4) Sentido del humor e ironía: Refrescante en general, con la excepción del instructivo para el teléfono móvil o "La cabeza, el poema "Pequeña conferencia", y a partir de éste en muchos otros: "como simples picapedreros bordamos los epitafios", "no siempre detrás de un libro premiado apunta maneras un cachorro de setter", "Cuando el amor se termina.../.../Las deliciosas películas de arte y ensayo se vuelven aburridas", "Trágico porvenir la ronquera de Sibila en el frigorífico de la última morgue",

5) Sutileza a la hora de referirse a poemas de ahora: Lejos del panfleto y la arenga narrativa, salvo algún caso aislado como "La confesión", por extemporánea, Juan Carlos trata con sutileza, ironía y lirismo temas de hoy en día: "El árbol que viste crecer de niño grita en el aserradero", "Nos tratan como a las ocas blancas del domador de caballos, delincuentes cuyo índice de audiencia está que se desploma", "han pasado cien años y seguimos igual, eligiendo Cardos de la Sabiduría para la Academia de los Nenúfares", "Los ojos de Martin Luther King se enfrían bajo los pisapapeles", "Quitan el polvo a libros que nunca leerán...Nadie sabe que dios de las pequeñas cosas aún les hace sonreir en las fotografías. Caminan hacia el metro, beatrices de Dante...", "La poesía aritmética goza de buena salud, y basta saber contar hasta once en la manivela de los leopardos",

Valoración del libro "La casa roja": 7,5 / 10

viernes, 12 de septiembre de 2008

Odysseas Elytis. Dignum est y otros poemas. El mejor libro del año hasta el momento.


Hola amigos y amigas:

A veces tenemos la suerte de encontrarnos con libros que parece que hemos buscado durante toda una vida. Son esos libros que tratan la verdadera poesía, aquellos que se introducen en las entrañas, nos revuelven, y nos hacen ver con envidia la capacidad infinita del lenguaje. Son esos libros las razones por las que escribimos y leemos poesía. El libro en este caso se titula, ya hablaremos de esto, "Dignum est y otros poemas", lo escribe el Nobel Odysseas Elytis y traduce y dirige la edición Cristián Carandell. Publica Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores.

La crítica la escribió Antonio Colinas en El Cultural, una crítica correcta sin más, y se puede encontrar aquí:

http://www.elcultural.es/HTML/20080724/letras/LETRAS23684.asp

No vemos conflictos serios de objetividad por ninguna de las partes.

Decíamos que hablaríamos del título porque es de la pocas cosas que no nos han gustado del libro. La elevada opinión de Cristián sobre el poemario "Dignum est" hace que parezca que el resto del libro, resumido en "y otros poemas" no esté a la altura, cuando creemos no sólo que hay poemarios a la altura de éste sino que los hay mejores, aunque sean más cortos. La preferencia del traductor por este poemario hace que lo ponga además el primero rompiendo la normal continuidad temporal del libro. Por otra parte, puede hablarse de un buen prólogo, en general, y de una buena traducción por parte del traductor. Respecto al prólogo, y en línea con lo que dice Antonio en la crítica, no estamos de acuerdo en la apreciación que sobre el surrealismo hacen ambos. Sí hay escritura automática, pero dominada con una sutileza y un oficio muy brillantes.

Dado que el libro supera las seiscientas páginas, vamos a tratar de hacer una crítica resumida de lo que podría ser un ensayo de varios decenas de páginas sin apenas esforzarse.

Se abre el libro con el poemario "Dignum est" (1959), poemario que de manera excelente aúna lirismo, sensibilidad espiritual y mirada al mundo que nos rodea.

"Génesis" es la primera parte de este poemario y, para nosotros, la más lograda. Como se observará al leer, la propia forma de puntuación, o de ausencia de la misma, combinado con el uso de las mayúsculas, produce un polisemismo en el que vale la pena dejarse caer porque enriquece enormemente la lectura. El poema podríamos ubicarlo dentro de un misticismo de raíces clásicas que adopta nuevas formas gracias al peculiar lenguaje del poeta y a su capacidad visionaria, heredera directa del surrealismo.

"PORQUE las hojas giraban como los días
con anchas hojas de violeta en el reloj del jardín
Yo era la manecilla..."

Génesis constituye un hermoso canto al mundo y a la naturaleza.

La segunda parte del poemario se titula "Pasión". La guerra es el tema de fondo del poema, en el que el poeta muestra toda un arsenal de recursos técnicos, comenzando por el uso del poema en verso, en prosa, partido en el hemistiquio y separado por un asterisco, prosa "pura", etc. Y de cada uno de ellos se extrae poesía, por ejemplo de la prosa: "Entonces, escondidos en las vaguadas, reclinábamos la cabeza por el lado pesado, por el que no salen sueños." A esto se suceden cantos heroicos, como el poema IV, cantos al yo en donde resuena fuerte el eco de Whitman, e incluso cierto poso de nacionalismo helénico.

Destaca por su fuerza y profundidad, el poema XII:

"¡Ante los ojos un delfín traedme
que sea veloz y griego, y por hora las once!
Que a su paso la tabla del altar borre
y que cambie el sentido del martirio.
¡Que bulla su blanca espuma
ahogando al Buitre y Sacerdote!
..."

El lugar del poeta, en este mundo hostil y bélico es complicado: "Entonces el Poeta, sin un lugar de destierro donde lamentarse, vaciando la salud de la tormenta en su pecho abierto, regresará para colocarse entre las bellas ruinas."

La tercera parte, Gloria, es una loa, un canto ininterrumpido, de una enorme belleza, en donde el "Loado sea" se repite a intervalos irregulares hasta llegar al último:

"LOADA SEA la mano que regresa
del horrendo crimen y ahora sabe
cuál es en verdad el mundo superior
cuál el "ahora" y cual el "siempre" del mundo:

AHORA ahora la fiebre del mirto Ahora el grito de Mayo
SIEMPRE la suprema conciencia Siempre la luna llena

Ahora la alucinación y la mímica del sueño..."

A continuación el libro nos ofrece sus dos primeros poemarios. "Orientaciones" (1940), y "El sol primero"(1943). Lo que en posteriores poemas no serán sino pequeños excesos estéticos, en estos dos libros son la norma ("La diadema de la luna en la frente de la noche" en el primer libro; "En lo hondo de mi alma fondea una flota de estrellas", "Para que encienda con sus labios las amapolas" en el segundo), y constituyen, junto con otros dos libros rimados que sirvieron de canciones para varios cantantes griegos, lo peor con diferencia del libro. El estilo inicial del poeta es amanerado, las críticas recibidas por su retorcimiento bizantino en torno a las flores y otros lugares comunes mientras se desarrollaba la II Guerral Mundial acertadas, y la excusa del poeta de que ignoramos "la comunidad directa entre belleza y mundo ético", se queda en eso, en una excusa, en cuanto que la definición de belleza que nos ofrece en estos dos libros está gastada hasta la extenuación, salvo para algunos de nuestros poetas de ahora, y por tanto, no puede haber relación directa entre belleza y mundo ético, toda vez que la ética forma parte de la concepción individual de la misma. En definitiva, dos poemarios que podrían haberse resumido, o incluso olvidado, para dar entrada a otros poemarios que sí se han cortado a pesar de su mayor interés, como puede ser el caso de "Nautilus".

Para nosotros, el punto de inflexión no lo marca tanto "Dignum est" sino el siguiente poemario a "El sol primero": "Canto heroico y fúnebre por el subteniente caído en Albania" (1945), un poema en donde a pesar de que algunos versos siguen cayendo en los defectos antes marcados, se aprecia un cambio importante de estilo, cuya mejor expresión se encuentra en el poema número 4, que describe el cuerpo caído del subteniente:

"Yace sobre el capote chamuscado.
Siglos negros en torno a él
Ladran con esqueletos de perro al tremendo silencio..."

Aunque el poeta no logra todavía terminar de cerrar bien el poema, y así en su parte 14 de nuevo el nacionalismo griego sobrepasa lo lírico ("Los griegos en las tinieblas muestran el camino / LIBERTAD"), y también hay algún verso simplemente cursi, o si se prefiere, bizantino: "Escarcha de celestial belleza luce en sus cabellos"

Tras la escritura de "Dignum est" el poeta escribió dos pequeños poemarios que para este modesto grupo no sólo están en la cumbre de la poesía del poeta sino que están entre los mejores poemarios griegos de la historia. El primero se titula "Seis y un remordimientos por el cielo" (1960), el plural parece a propósito, y se abre con el magnífico poema"La autopsia":

"Un poco por debajo de la piel, la línea celeste del horizonte vivamente coloreada. Y abundantes restos glaucos en la sangre."

Destaca también el poema "El sueño de los valientes" que termina así: "Y el vaho que asciende de los valles, tienen que hacer como que no es dice humo, sino la nostalgia que se evapora por las grietas del sueño de los Valientes."

El segundo librito es "El árbol de la luz y la decimocuarta belleza" (1971) donde continua el tono lírico y surrealista, pero a un nivel todavía superior, con detalles de escritura automática perfectamente ensamblada, un ligero hermetismo, referencias culturalistas, y sobre todo, maravillosos poemas y versos. En el poema "Delos":

"De tal manera que pudiera brillar al fin en el te amo como brilla la luz en el llanto del recién nacido." Un verso que bien vale toda una carrera poética.

El poema "Odisea" también es digno de mención, aunque el cierre, "El árbol de la luz", especialmente en su segunda y tercera parte, es sobrecogedor. Como guiño a los lectores de este blog recogemos el verso final de este poemario:

"Ahora que ya nadie llora a los ruiseñores y todo el mundo escribe poemas."

El éxtasis lírico que nos producen estos dos libros se derrumba brutalmente con "Sol soliarca" (1971). El traductor nos dice que la lectura de Lorca fue fundamental pero lo cierto es que el poeta se aleja muchísimo de la capacidad lorquiana para la canción popular y el resultado de este libro son unos versos muy flojos, una rima igualmente poco brillante y unas canciones que ignoramos como sonarán musicalizadas pero que son de una calidad poética muy escasa.

Afortunadamente del mismo año es "El monograma", construido en base a múltiplos de 7, y en donde de nuevo vuelve el buen Odysseas, el mago, que empieza el poemario diciendo:

"Volveré hacia otro lado las líneas
De la palma de la mano, el Destino..."

El estilo, como ya había ocurrido en libros interiores, se hace más interior y reflexivo, y el poeta sigue cayendo, a veces, como si no pudiera evitarlo, en versos bizantinos, aunque de repente saca de su chistera un verso que nos ayuda a salvarnos en la poesía:

"¡El pescador que en su red hizo subir y volvió a arrojar a los tiempos el Paraíso!"

Theodorakis, se nos dice, ha popularizado muchas de las canciones de "Las erres del amor" (1972). Desgraciadamente, su lectura es muy similar a la de "Sol soliarca". Poemas muy flojos, de rima fácil.

Y es una pena porque el siguiente libro, "Los medio hermanos" (1974), podría haber tenido más espacio en la selección. Comienza con una "Oda a Picasso" que por momentos parece un encargo, pero en cuya segunda parte el poeta remonta y de qué manera, sobre todo cuando se olvida por completo de su herencia bizantina y se adentra en lo irracional que marca su cerebro. Los otros dos poemas seleccionados son todavía mejores, en especial "Villa Natacha", cuya última parte es un auténtico tratado de buena poesía.

"María Nefeli" (1978) es otra de las grandes joyas de este libro y marca de nuevo otra cumbre en la poesía del autor. Planteado a modo de litugia y diálogo entre María y un antifonista, el amor, la visión del mundo hasta llegar a lo político, todo se mezcla en las dos conversaciones con una sabiduría, un oficio y un talento impresionante. El apartado titulado "Apocalipsis" es especialmente brillante:

"Y es desde entonces creo - el mismo mar
que viniendo a mi sueño roía la dura piedra
y abría el vasto espacio. Palabras que aprendí
como verdes pasos de peces
trazados con una tiza azul..."

La yuxtaposición, la compleja sintaxis, todo colabora a crear un mundo dentro del propio poema que se adapta perfectamente a su mensaje.

Nos quedamos con otro verso de antología: "Llené el amor de cruces."

"Tres poemas con bandera de oportunidad" (1982), posterior ya a la obtención del Nobel, nos muestra a un poeta sabio, con una visión muy clara de lo que ocurre en el mundo, a la vez que una interesante ironía y una reflexión muy lúcida:

"si alguno de vosotros cometió un pecado
tiene que ser Dios"

"Diario de un abril invisible" (1984) es como su nombre indica, una especie de diario, pero de nuevo marcado por el tremendo lirismo que Elytis consigue imprimir a sus versos. Lo que en otros podría ser una cursilería tremenda apenas cambiada la frase, él lo convierte en algo sublime, mezcla de verso y prosa poética, con ese barniz de mago que el poeta sabe imprimir a sus versos:

"Salí por nuevas heridas
que navegaron como nenúfares sobre las viejas"

"El pequeño nautilo" (1985) es otro de los poemarios que nos habría gustado ver en mayor medida, toda vez que el poeta se encuentra en plena madurez pero con sus sentidos poéticos funcionando a la perfección. Destaca la serie de "Perfumar lo excelente", esencialista y maravillosa en ese viaje en donde el poeta dice que "En ninguna parte sentí mi vida tan justificada como sobre el puente de una nave."

Las "Elegías de Oxópetra" nos muestran a un poeta ya más preocupado por la muerte, a la que comienza a ver cercana:

"Ahora, en la barca que dondequiera que subas llegará vacía..."

Son reflexiones líricas sobre la muerte, "la pallida morte", con poemas brillantes como su presentación anticipada, "El postremo de los sábados", y especialmente "El verbo oscuro". Qué se requerirá para hacer contrapeso al vacío que dejamos, se pregunta el poeta. ¿Qué?

El penúltimo poemario, "Al oeste del dolor" (1995) no ahonda tanto en la muerte sino en la reflexión de temas más variados, la posibilidad del optimismo en el canto a su mujer, cuando dice, otra vez de manera antológica:

"...Algo gris
Que una sola gota de limón despeja..."

O el mito de Endimión, retomado: "Entre los mil sueños uno resulta ser el del despertar pero para siempre."

El libro final, "De cerca" (1998), no tiene la consistencia de poemarios anteriores. Se notan una nueva recaída bizantina en algunos versos y eso sí, un hermetismo no forzado, que contribuye al crecimiento del poema. Termina Elytis el libro, y nosotros nuestras citas, con los últimos versos:

"Sí, en un sentido moriremos todos nosotros. Y sin embargo continuaremos teniendo la misma materia que la continua e interminable aurora."

Estamos antes un libro mayor de un poeta extraordinario. Nuestra valoración del libro se olvida de esos primeros poemarios sin voz propia y también de los dos poemarios de canciones rimadas para centrarse en el hecho de que la mayoría de poemas y libros de Odysseas son hitos de la poesía del siglo XX. Poesía concentrada y a la vez extasiada de un hombre dotado por los dioses para la poesía, que se atreve a ser vanguardista de manera natural y cambia por completo la orientación de la tradición helenística dándole un giro del que, nuestros culturalistas, incluido quien escribe la crítica en El Cultural, podrían haber aprendido algo en vez de quedarse en el insufrible bizantinismo. Un gran poeta, sin duda. Un libro muy recomendable.

Valoración del libro "Dignum est y otros poemas": 9 / 10

viernes, 5 de septiembre de 2008

William Ospina. Poesía 1974-2004.


Buenas a todas y todos,

Algunos ya pensaban que el colectivo había muerto. Lo sentimos. Mala hierba nunca muere. Y encima venimos con las pilas recargadas. Qué se le va a hacer...

A los que nos habéis escrito a nuestro buzón de correo, os pedimos de nuevo disculpas por el retraso en contestaros. De todos los correos nos quedamos con la tierna carta de una señora chilena que nos decía que, viendo la foto, éramos, o era el supuesto Addison, muy guapo. No está de más recordar que la foto es de George Sanders, que se llevó merecidamente el Oscar por su papel del cínico crítico Addison de Witt en Eva al desnudo.

Llevamos retraso, como es evidente, en las críticas. Por tanto, como en otras ocasiones, sólo recuperaremos aquellos libros que creamos que merecen la pena.

Por orden de antigüedad, el turno es para el colombiano William Ospina, que nos presenta casi su poesía completa en esta excelente edición de La otra orilla, la misma editorial de Belacqva, edición en la que sólo echamos de menos una introducción más extensa.

El libro comienza con unos "Poemas tempranos", que tienen un interés biobliográfico más que poético, y de los que el propio poeta dice que son "voces que con pudor intentaba imitar."

El primer poemario propiamente dicho es "Hilo de arena", de 1984. Tanto éste como el siguiente poemario, "La luna del dragón" comparten elementos comunes y estarían en nuestra opinión bastante por debajo del nivel que el poeta logra en sus siguientes libros. "Hilo de arena" comienza con el poema "El día se despide", ejemplo del optimismo que emanan, en general, todos los poemas de William, en donde, aún siendo consciente de los males que pueblan el mundo, el autor trata siempre de conservar la llama de la esperanza. La mayoría de los poemas son largos, algunos en exceso, como largas son las frases que se reparten en los versos. Igualmente la extensión de los versos suele ser larga, y se irá alargando en futuros libros.

Este poemario, junto con el siguiente, presentan algunos problemas:

1) En primer lugar, hay un exceso de narratividad. En ocasiones el poema es más parecido a un relato cortado en versos. Ejemplo: "Un recuerdo de invierno".
2) Tono culturalista: La sombra de los poetas amados por William está todavía muy presente en estos dos libros, en especial la de Ezra Pound y la de Hölderlin, aunque también hay muchos ecos de poetas románticos (por ejemplo en "El temerario llevado al desguace", basado en una pintura de Turner, o en "Solus Rex"). Falta todavía la voz propia que el poeta logrará en futuros poemarios. Los poemas sobre grandes nombres clásicos son siempre correctos pero no aportan nada a temas y propuestas poéticas ya leídas.
3) El exceso de extensión de algunos poemas, junto con un tono rítmico mantenido, crea una cierta sensación monótona. Esto nos ocurre, por ejemplo, en el poema "América"o en "Notre Dame de París".
4) El tono y léxico a veces rozan lo pomposo y excesivamente elocuente. Como ejemplo, "El efebo de Marathon".

En general, la temática de los poemas es la historia, es muchos casos la historia clásica (Hércules, Antígona, Sócrates, Virgilio, Parténope, Ariadna, El coloso de Rodas, Eróstrato), la historia de los grandes nombres (el rey Carlos, Montaigne, Jeanne d'Arc, Alejandro, San Jerónimo) poetas (Góngora, Quevedo, ) o lugares (Roma, Notre Dame, Creta, Atenas. Vía Apia), y en general hay una abundancia de nombres propios. No falta tampoco el beautus ille, como en el poema "Sembrados de fresno", uno de los mejores de "Hilos de arena". Esto contrasta con futuros poemarios, donde el poeta incluirá con frecuencia a personajes anónimos. De hecho, algún pequeño poema que se sale del estilo y la temática general, como Obreros, marca la capacidad del poeta para, una vez desprendido de herencias, brillar con luz propia:

Obreros

La labor terminada,
¿qué obrero habrá añadido
como una furtiva caricia
sobre el muro de piedra los musgos amarillos?

Igualmente ocurre cuando el poeta se olvida de Europa y los grandes nombres y vuelve a su tierra natal, como en "Ahora" o en "Casas".

El gran cambio viene a mitad del libro con el poemario "El país del viento". El poeta se olvida del gastado culturalismo, se introduce en sus raíces americanas y lo hace con una brillantez y una capacidad lírica sorprendentes. "El país del viento" no sólo es el mejor poemario del libro, sino que es uno de los mejores poemarios de la historia reciente de la literatura latinoamericana.

"El país del viento" comienza con "El mongol", excelente poema que muestra un tono completamente distinto a los anteriores. La poesía se chamaniza, busca lo sagrado a la vez que lo terrenal, abundan los animales y los mitos indios. En resumen, brota la magia. Curiosamente, los versos se hacen extensísimos, por encima de la veinte sílabas, pero los poemas ganan en lirismo. Así comienza "El mongol":

"Nunca supimos cuándo la desesperante blancura se había convertido en otro imperio.
El idioma del lobo era el mismo, y no le repugnó nuestra carne.
Pero todo hombre sabe que a través de cada nuevo pinar es Otro el que envía sus rayos,
que son las angustias de la tierra las que determinan los nombres del cielo."

El tono mágico-chamánico continua a través de otros poemas, con una temática muy distinta a la anterior. Ahora los poemas se titulan "El jefe Sioux", "En una tienda Dakota", "Un viking en Terranova"...

Entre los poemas destacaríamos por su brillantez "En las mesetas del Vaupés" ("Qué son las canoas sino árboles cansados de estar quietos"), el cántico "De uno que ha llegado a las costas de Chile", "Invocación sobre el río negro", "En la isla de Pascua" ("por esos ojos de piedra cuyo horario es lo eterno / y que cada mil años parpadean"). La magia se pierde de nuevo cuando el poeta vuelve muy ocasionalmente a los grandes nombres europeos ("Los ojos de Rodrigo de Triana", "Lope de Aguirre") aunque incluso en este caso, olvidando el adjetivo europeos en el segundo caso, hay dos poemas que realmente funcionan: "Alexander von Humboldt" y "Walt Whitman". Pero la magia está en los personajes anónimos a través de los cuales el poeta habla, como en el poema "Lo que dice una mujer vieja en un puerto del Pacífico", brillante reflexión sobre la muerte y la vida: "ese que viene a decirme que sólo es nuestro lo que no podemos perder."

El poemario termina con tres buenos poemas entre los que destaca el excelente "La canción de los viejos en las aceras de Metrópolis" en donde, aunque el esteticismo roza sus límites, el resultado es brillante.

El siguiente poemario se titula "¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?". En la introducción el poeta nos anuncia que va a hablar de personajes y hechos más actuales. Aunque sin estar a la altura de la brillantez de "El país del viento", nos encontramos ante un buen poemario en donde William recorre sus obsesiones y mitos más cercanos en el tiempo. Curiosamente, uno de los mejores poemas, el tercero, titulado "Un anarquista", anónimo, es uno de los más brillantes. En general, el poeta alcanza un elevado nivel cuando habla en primera persona y se introduce en la mente de otro sujeto poético, y baja cuando utiliza la tercera persona. Y decimos en general porque la "Invocación a Olga Tsaratukhina" es un poema muy bueno: "y tenemos que llamar paz al congelado río que formó tanta sangre."

Otras veces el poeta parece querer contar demasiadas cosas en un mismo poema, como en las palabras de la condesa Sonia, o en "Porfirio Rubirosa", o hay poco poesía como en el "Discurso del duce...". El resultado es mucho mejor en poemas más cortos y líricos como el titulado "Franz Marc" o en "Guillaume Apollinaire":

"Los pequeños y vertiginosos planetas de plomo
incandescentes cruzan el aire del crepúsculo
buscando estos calientes pechos llenos de miedo."

Por supuesto, no hay ni una sola regla general en este escritor, y el poema largo "¿Con quien habla Virginia caminando hacia el agua" es de nuevo excelente, y, eso sí, está escrito en primera persona, como si fuera la divina Virginia la que hablara.

El poeta, que en libros anteriores había usado con poca fortuna el soneto, y que aquí tiene dos poemas rimados poco logrados, usa en una ocasión el haiku y sí logra un meritorio ejemplo:

Haiku de Hiroshima

Todas las hojas
de diez largos otoños
en un instante.

En este largo poemario, el poeta, buen preguntador, traslada sus cuestiones a un director en el magnífico "El director de orquesta", o directamente sube varios escalones el nivel en el de nuevo excelente "9 de abril de 1948": "¿Qué es el amor sino el recuerdo oscuro / de ser parte de un todo?." Interesante en lo estilístico y en su contenido es el poema "Esa niebla que asciende hacia San Marcos", escrito en forma de diálogo guionizado, en donde resuena la voz de Pound. Fallido en la canción hutu, resulta estremecedor en "El loco", en donde el chamán se adelanta varios años a la caída de las torres gemelas.

El libro termina con tres poemas, dos de los cuales son de nuevo de alto nivel: "Lo que vio el joven nórdico en la soledad de la noche" y "Una mañana de miel" que comienza con el sencillo y hermoso verso: "Hay que buscar el árbol que habla."

El resto del libro está constituido por el largo poema "África", demasiado tópico, y por una selección de poemas del libro "La prisa de los árboles", algo irregulares en contenido, en donde nos quedamos con la segunda parte de "Deborah" y con "Bolivia": "La trucha abierta es una mariposa."

En las más de 300 páginas de este libro de William Ospina el poeta nos ofrece su evolución poética desde un estilo poco personal y original hasta una voz propia, a veces apasionante. Un libro recomendable de un autor a quien la prosa tampoco se le debe dar mal, y que es una buena muestra de la excelente poesía que se está escribiendo en el otro lado del Atlántico.

Valoración del libro "William Ospina. Poesía 1974-2004": 7, 5 / 10