miércoles, 21 de enero de 2009

Lista de candidatos a los premios a mejores poemarios 2008

Hola amigos y amigas:

Pues aquí está la lista provisional de candidatos. Por favor, si alguien ve un fallo en su entrada, o sencillamente no se ve, que nos escriba un email. Todavía estáis a tiempo de mandar poemarios a: recepciondepoemarios@gmail.com

Por otra parte, os recordamos que la dirección para votar a los 5 mejores libros del pasado año es:
votarlibros@gmail.com. Votad. El plazo de votaciones recordamos que termina el 15 de febrero a las 20.00 horas.

Veréis que la lista de candidatos es más corta que la del pasado año. La razón fundamental es que este año no se incluyen las traducciones de idiomas que no sean del Estado español. El número de libros, una vez tenido en cuenta ese efecto, es muy similar.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


Autor Título Editorial
1 Isabel Abad La piel donde me quemo Torremozas
2 Oscar Aguado El corazón más feo del mundo Amargord
3 Francisco Alba El contrario Pre-Textos
4 Claribel Alegría Mitos y delitos Visor
5 Jaime Alonso Véliz Cuando lloró el otoño Alhulia
6 José María Álvarez Bebiendo el claro de luna sobre las ruinas Renacimiento
7 Antonia Álvarez Álvarez A pesar de las sombras Amarú
8 Luis Amézaga A pesar de todo…adelante Baile del Sol
9 Jesús Aparicio Las cuartillas de un náufrago Vitruvio
10 Vicente Araguas Veinticuatro maneras de querer a Brian Huerga y Fierro
11 Manuel Arduino Diario de un refugiado Amargord
12 Ana Ares Atreverse el mar Vitruvio
13 José Luis Argüelles Pasaje Trea
14 Jesús Ayet Sacrilegios y consagraciones Vitruvio
15 Julio Baena Glosas de la naranja, entera Huerga y Fierro
16 María Luisa Balda 48 elementos Bassarai Poesía
17 Jorge Barco Algún día llegaremos a la luna F. Jorge Guillén
18 Julia Barella Aguas profundas Huerga y Fierro
19 Juan Manuel Barrado Fragmentos de cal Gaviero
20 José Pablo Barragán Lugares comunes Universidad de Sevilla
21 Susana Barragués La campesina fascinada Ministerio de Cultura
22 Javier Barreiro Lobotomía Renacimiento
23 Igor Barreto Sanoja Tierranegra Idea
24 Diana Bellessi La voz en bandolera Visor
25 Ignacio Bellido Palabra en New Haven Ediciones Atenas
26 Fernando Beltrán Mujeres encontradas Sins Entido
27 Mario Benedetti Nuevo rincón de haikus Visor
28 Miguel Ángel Bernat La belleza del silencio Calambur
29 María Elena Blanco Beltrán El amor incontable Vitruvio
30 Jorge Boccanera Polvo para morder Amargord
31 Jorge Boccanera Palma real Visor
32 Piedad Bonnett Las herencias Visor
33 Coral Bracho Cuarto de hotel Pre-Textos
34 Jordi Bresoli Álbumes de arena Vitruvio
35 Carlos Bruselario Archipiélago de mañanas Biblioteca Nueva
36 Manuel G. Burgos Juegos de espejos e incógnitas Huerga y Fierro
37 Carmen Busmayor Historias de la fatal ocasión Calambur
38 José Julio Cabanillas Cuatro estaciones Rialp
39 Ángel Calle Utopista y desutópatas Baile del Sol
40 Blanca Calparsoro Que Torremozas
41 Eduardo Calvo Sobre la discordia Huerga y Fierro
42 Rafael Camarasa El sitio justo Ayto. de Punta Umbría
43 Tobías Campos Lugar de las gacelas Edicions 96
44 Pureza Canelo Dulce nadie Hiperión
45 Marcos Canteli Catálogo de incesantes Bartleby
46 Ana Rosa Carazo De amigos y viajes Sial
47 Margarita Carrera Iracundiae dea Torremozas
48 Francisco J. Casado Chatarra de niño muerto Puerta del mar
49 Francisco Castaño Avisos y cautelas Hiperión
50 Julia Castillo Febrero Abada
51 José María Carnero Mientras la vida pasa Vitruvio
52 Alejandro Céspedes Los círculos concéntricos Asociación de escritores y artista españoles
53 Eduardo Chirinos Coloquio de los animales Renanicimiento
54 Alí Chumacero Páramo de sueños Pre-Textos
55 Ben Clark Cabotaje Delirio
56 Antonio Colinas Desiertos de la luz Tusquets
57 Mariana Colomer Libro de la suavidad Huerga y Fierro
58 Ana Isabel Conejo Zapatos de cristal Hiperión
59 José María Cormán El canibal Celya
60 María José Cortés Palabras derramadas Vitruvio
61 Manuel Cortijo Romanza Romanza del halcón y el agua Sial
62 Victoriano Crémer El último jinete Visor
63 Alberto Cubero Pájaros de granito Legados
64 Mario Cuenca Sandoval Guerra del fin del sueño La Garúa
65 Luis Carlos Cuesta Maestro Bajo la piel del alma Sial
66 Miguel Ángel Curiel Diario de la luz DVD
67 Luis Darío Orbe Pre-Textos
68 Ana Delgado Cortés Poemas del amor sumiso Torremozas
69 Rafael-José Díaz Antes del eclipse Pre-Textos
70 Fernando Díaz San Miguel Agosto Amarú
71 Alexis Díaz-Pimienta Fiesta de disfraces Calambur
72 Fernando Diez El ser en la palabra Amargord
73 Teresa Domingo Catalá Majar las rosas Omicron
74 Eugenia Domínguez La música de las esferas Torremozas
75 Alejandro Duque Amusco A la ilusión final Renacimiento
76 Igor Elespp Amanecer de una estrella oscura Ediciones Atenas
77 Matías Escalera Cordero Grito y realidad Baile del Sol
78 Gonzalo Escarpa No haber nacido Delirio
79 Isabel Escudero Fiat umbra Pre-Textos
80 Isabel Escudero Gorrión, migajas Pre-Textos
81 Isabel Escudero Cifra y aroma Hiperión
82 Jorge Esquinca Descripción de un brillo azul cobalto Pre-Textos
83 Iñaki Ezquerra A tu lado en Islandia Huerga y Fierro
84 Domingo Faílde Región de los hielos perpétuos Vitruvio
85 Enrique Falcón Taberna roja y otros poemas Baile del Sol
86 Sergio C. Fanjul Otros demonios KRK Ediciones
87 Blanca Fernández Bóveda Amargord
88 Francisco de Asís Fernández Orquídeas salvajes Visor
89 Agustín Fernández Mayo Carne de pixel DVD
90 Alejandro Fernández Osorio La exactitud del instante Vitruvio
91 Rocía Fernández Victor Llámame como quieras Torremozas
92 Raúl Fernández Vítores Res nata Vitruvio
93 Bartolomé Ferrando En la frontera de la voz Huerga y Fierro
94 Sonia Fides Electra se quita el luto Vitruvio
95 Raúl Ferreiro Figueroa Libélulas y río Edición personal
96 Carlos Fonseca Grigsby Una oscuridad brillando en la claridad que la claridad no logra comprender Visor
97 Eduardo Fraile Valles La chica de la bolsa de peces de colores Visor
98 David Franco Montiel Las cenizas de Salvochea Baile del Sol
99 Pelayo Fueyo Poesía completa Pre-Textos
100 Rodrigo Galarza Parque de destrucciones Amargord
101 Trinidad Gan Quesada Fin de fuga Visor
102 Miguel Ángel Gara Calle Amargord
103 Concha García Acontecimiento Tusquets
104 Eduardo García La vida nueva Visor
105 José Daniel García Coma Hiperión
106 Pascual García Alimentos de la tierra Huerga y Fierro
107 José Manuel García Gil Aguas prohibidas Algaida
108 José Luis García Herrera El recinto del fuego Huerga y Fierro
109 José Luis García Martín Légamo Pre-Textos
110 Luis García Montero Vista cansada Visor
111 Miguel García-Posada Inclemencias Visor
112 Juan Andrés García Román El fósforo astillado DVD
113 Alberto García-Teresa Hay que comerse el mundo a dentelladas Baile del sol
114 Juan Carlos Gea Occidente Trea
115 Juan Gelman Mundar Visor
116 Pere Gimferrer Tornado Seix Barral
117 Esther Gimenez Lamento por un ángel caído Amargord
118 Octavio Gómez Milián Nada mejor para esta noche Olifante
119 Laura Gómez Palma Desde el agua Legados
120 Ángel González Nada grave Visor
121 David González En las tierras de Goliath Baile del Sol
122 Ángel Guache Anarcobohemia Huerga y Fierro
123 Dolores Guerra Versos desordenados rigurosamente Baile del Sol
124 Oscar Hahn Poemas de la era nuclear (antología) Bartleby
125 Ricardo Herrera El espíritu del páramo Pre-Textos
126 Marcos Hormiga Derivados Baile del Sol
127 Eladio Horta Traductor del medium Idea
128 María Huidobro González En la rama dorada de los gozos Sial
129 Josep Janés Poesía Huerga y Fierro
130 Darío Jaramillo Cuadernos de música Pre-Textos
131 Carlos Jiménez Arribas Darwin en las Galápagos DVD
132 Antonio Jiménez Paz Casi todo es mío Baile del Sol
133 Jon Juaristi Viento sobre las lóbregas colinas Visor
134 Marie Luise Kaschnitz Aún no está decidido Pre-Textos
135 Manuel Laespada La piel indefensa Celya
136 Martín Lahoz Espino Con todo en contra Baile del Sol
137 Raquel Lanseros Sánchez Los ojos de la niebla Visor
138 Margarita Leoz El telar de Penélope Calambur
139 Salvador López Cotidiana Alhulia
140 Manuel López Azorín La ceniza y la espuma Sial
141 Guillermo López Gallego El faro Pre-Textos
142 Luis Luna Territorio en penumbra Gens
143 Aurora Luque La siesta de Epicuro Visor
144 Mari Ángeles Maeso Basura Mundi Huerga y Fierro
145 Antonio Manilla Canción gris Pre-Textos
146 Luis Marigómez Año Icaria
147 Blanca Mart Avatares Torremozas
148 Oscar Martín Centeno Sucio tango del alma Valparaíso
149 Pablo Martín Coble Primera palabra Legados
150 Yaiza Martínez Agua Ediciones Idea
151 José Mas Resonancias Renacimiento
152 Dante Medina Odiosoyo Baile del Sol
153 Marisa Medina La droga solitaria Huerga y Fierro
154 Abril Medina Caraballo Cualquier abismo se parece al útero Baile del Sol
155 Francisco Mena Cantero Escrito en tierra Vitruvio
156 Antonio Méndez Rubio Razón de más Igitur
157 Fernando Menéndez Un hombre por venir Icaria
158 Juan Carlos Mestre La casa roja Calambur
159 Mario Míguez El cazador Pre-Textos
160 José María Millares Liverpool Calambur
161 Cesar Antonio Molina Eume Pre-Textos
162 Dolan Mor Los poemas clonados de Anny Bould Centro del libro de Aragón
163 Francisco Moral Libro de las cartas Vitruvio
164 Guillermo Molina Morales Epilírica Hiperión
165 Sebastián Mondéjar La herencia invisible Calambur
166 Ángeles Mora Fragoso Bajo la alfombra Visor
167 Pablo Moreno Prieto Discurso de la ceniza Rialp
168 Jesús Munárriz Solo amor Bartleby
169 Luis Muñiz Suárez Un fragor indeterminado Trea
170 Manuel Muñoz Hidalgo Prisiones del aire Sial
171 José María Muñoz Quirós El color de la noche Algaida
172 Mireia Mur Metis La Garúa
173 Abel Murcia Kilómetro 43 Bartleby
174 Kepa Murúa No es nada Calambur
175 Salut Navarro Girrés Silente Versos y Trazos
176 Jacinta Negueruela La luz de Orión Devenir
177 Pepa Nieto La mano del ángel Huerga y Fierro
178 Jose Luis Nieto Aranda Un tiempo de adiós Vitruvio
179 Raúl Nieto de la Torre Tríptico del día después Vitruvio
180 Gloria Nistal Rosique Desde el trópico Sial
181 Raúl Nuñez Marihuana para los pájaros Baile del Sol
182 Pedro Olaya Caballo loco Huerga y Fierro
183 Lorenzo Oliván Hilo de nadie DVD
184 Jaime Olmedo Ramos Sensación de universo Devenir
185 Álvarez Ortega Mantia Fidelis Huerga y Fierro
186 Carlos Ortega La perfecta alegría Pre-Textos
187 Julia Otxoa La lentitud de la luz Cálamo
188 Ángel Padilla Funerales de caballo La Garúa
189 Justo Jorge Padrón Pérez Hespérida II Visor
190 José Antonio Palao Campo vacío Pre-Textos
191 Leopoldo María Panero Escribir como escupir Calambur
192 Leopoldo María Panero Sombra Huerga y Fierro
193 Leopoldo María Panero Gólem Igitur
194 Katy Parra Coma idílico Hiperión
195 Katy Parra Por si los pájaros Visor
196 Pilar Paz Pasamar Los niños interiores Calambur
197 Alejandro Pedregosa Los labios celestes Pre-Textos
198 Inmaculada Pelegrín Óxido Pre-Textos
199 Luis Manuel Pérez Boitel La naves que la ausencia no borra
200 Ramón Pernás Poesía (in)completa Huerga y Fierro
201 Ángel Petisme Demolición del arcoiris Baile del Sol
202 José María Pinilla Las palabras del náufrago Ediciones Atenas
203 Luis Daniel Pino García Vértices de la memoria Sial
204 Aurora Pintado Ficciones de carretera Vitruvio
205 Raúl Salvador Pizarro Caída hacia la luz Rialp
206 Lorenzo Plana Desorden del amanecer Pre-Textos
207 Emilio Porta Tomo secreto Sial
208 José Luis Puerto Proteger las moradas Calambur
209 Antonio Quesada Cuaderno de Roma Vitruvio
210 Cecilia Quílez El cuarto día Calambur
211 Raúl Quinto La flor de la tortura Renacimiento
212 Raúl Quirós El día que me enamoré de mi BMW Vitruvio
213 Marián Raméntol Duología poética Ediciones Atenas
214 Marián Raméntol y Cesc Fortuny Comiendo pelos como herejía poética Ediciones Atenas
215 Esther Ramón Reses Trea
216 Mila Ramos La frontera número 11 Torremozas
217 Maeve Ratón Al son de las edades Celya
218 Julio Reija Perla provocada Icaria
219 Ángela Reyes No llores, Poseidón Vitruvio
220 Miriam Reyes Desalojos Hiperión
221 Sofía Rhei Química Gaviero
222 María José Rico Mi vida que no entiendo Renacimiento
223 Jorge Riechmann Rengo wrongo DVD
224 Antonio Rigo Poemas del bosque y de la lluvia Baile del Sol
225 Emilio del Río Tu nombre ha florecido Vitruvio
226 Eleazar Rivera Ciudad del contrahombre… La Garúa
227 Juan Felipe Robledo Dibujando un mapa en la noche Igitur
228 Alfredo Rodríguez La vida equivocada Devenir
229 Alfredo Rodríguez Regreso a alba longa Vitruvio
230 Silvia Rodríguez Shatabdi Express Baile del sol
231 Xavier Rodríguez Baixeras El pan de la tarde KRK Ediciones
232 Josep María Rodríguez Cabrera Raíz Visor
233 José Rodríguez Chaves Más allá de todo tiempo y todo anclaje Vitruvio
234 Antonio Rodríguez Jiménez Los duendes del invierno Alhulia
235 Daniel Rodríguez Moya Cambio de planes Visor
236 Julio Rodríguez Suárez Naranjas cada vez que te levantas Visor
237 Juan Manuel Romero Hasta mañana Pre-Textos
238 Agustín Romero Pareja Eternidades Vitruvio
239 María Rosal Últimas noticias de Louise Benton Huerga y Fierro
240 Ana Rosetti Llenar tu nombre Bartleby
241 Francisco Ruiz Noguera Arquitectura efímera Visor
242 José Saborit Flor de sal Pre-Textos
243 Safrika Pills Baile del Sol
244 Pura Salceda M@ares online Sial
245 Basilio Sánchez Las estaciones lentas Visor
246 J. Jorge Sánchez Filosofía de la minucia Bartleby
247 Jorge Sánchez Aguilar Estar en el mundo Amargord
248 Irene Sánchez Carrón Ningún mensaje nuevo Hiperión
249 Ada Salas Moreno Esto no es el silencio Hiperión
250 Alfredo Saldaña Humus Eclipsados
251 Eloy Sánchez-Rosillo Oír la luz Tusquets
252 Sandra Santana Es el verbo tan frágil Pre-Textos
253 Teodoro Santana Exopiélago Baile del Sol
254 Blanca Sarasua Música de aldaba Rialp
255 Rafael Saravia Desprovisto de esencias Renacimiento
256 María Sarmentera Versos de viento y plata Vitruvio
257 Tomás Segovia Siempre todsavía Pre-Textos
258 Francisco José Sevilla 120 páginas sin lluvia Amargord
259 Atilano Sevillano Hojas volanderas Celya
260 Carmen Sigüenza Hilo de cristal Celya
261 Ángel Sobreviela Roma: poema en prosa Olifante
262 Sopa de poetes Piedra, papel, tijera Rúbrica Editorial
263 Eduardo Sopeña Ventanas Vitruvio
264 José Manuel Soriano La ceniza de los mapas Ayto. Aguilar de Campoo
265 Juan Soros Cineraria Amargord
266 Teresa Soto Un poemario Rialp
267 Estelle Talavera 27 paraguas El problema de Yorick
268 Arturo Tendero López Cosas que apenas pasan Hiperión
269 Santiago Trancón Desvelos de la luz Huerga y Fierro
270 Julio Trujillo Bipolar Pre-Textos
271 Jesús Urceloy Diciembre: noticias desde el yermo Centro de poesía José Hierro
272 Ernesto Uría Brincando en el paladar Vitruvio
273 Bernardo Valdés La indiferencia Pre-Textos
274 Pablo Valdivia Respirar bajo el agua Alhulia
275 Vicente Valero Días del bosque Visor
276 Álvaro Valverde Desde fuera Tusquets
277 Diego Vaya El libro del viento Rialp
278 Manuel Vilas Calor Visor
279 Rosa María Villaroig Poemas astrológicos Huerga y Fierro
280 Luis Antonio de Villena Los senderos y el bosque Visor
281 Pepe Viyuela Las letras de tu nombre Amargord
282 Deborah Vukusic Guerra de identidad Baile del sol
283 Gonzalo Zona Injertos Devenir

viernes, 2 de enero de 2009

Votaciones del público: Abrimos oficialmente el plazo. Recordatorio.


¡¡¡¡¡Feliz 2009!!!!!

Aunque sois muchos los que ya habéis enviado vuestros votos, no podíamos abrir el plazo oficialmente sin 2008 acabado. Obviamente, los votos que ya habéis mandado sirven. No hace falta que volváis a enviar el voto.

Recordatorios y aclaraciones:

1) Este año SÓLO se vota a poemarios escritos en lengua castellana, o traducidos de alguna lengua del Estado español, y editados en España. Las traducciones no se votan este año. ¿Por qué? Tenemos muchos libros que leer editados en castellano. Wallace Stevens lo entenderá. Si podemos, otros años retomaremos las traducciones, tan importantes en nuestro país y que tanto oxígeno nos traen.

2) Los poemarios tienen que ser inéditos. Se exceptúan las reediciones de libros no publicados en los últimos 40 años. Es decir, se permite el rescate de joyas olvidadas y reeditadas en 2008. A efectos prácticos consideramos inédito un libro cuyas cuatro quintas partes no hayan sido editadas con anterioridad.

3) Se deben votar 5 libros por persona.

4) Podéis igualmente votar las cinco mejores críticas de poesía del año. Si os apetece, también las cinco peores. No existe ninguna restricción sobre el medio en el que se haya publicado la crítica siempre que sea de un libro editado en España, y no sea una traducción de una lengua ajena al Estado español.

5) Los votos que se consideren que forman parte de una campaña organizada por el/la poeta para obtener votos se considerarán nulos. El objetivo de la votación es que voten lectores habituales de poesía, no personas ajenas al mundo de la poesía pero que forman parte del círculo de amistades/familiares del poeta y son incitadas a votar. Esto no es Eurovisión ni se le parece.

Recordad: los votos se envían a: votarlibros@gmail.com

Gracias a todos. Si tenéis alguna duda, ponerla directamente en este entrada o mandarnos un correo. Hasta pronto.

martes, 23 de diciembre de 2008

2º aviso: Premios a los mejores poemarios 2008

Queridos editores y autores:

Se va acabando el tiempo. Necesitamos vuestros poemarios ya en: recepciondepoemarios@gmail.com. También los podéis mandar por correo ordinario si os ponéis en contacto con nosotros.

El nivel está siendo bastante alto y nos quedan pocas editoriales de las que recibir libros. Animaos y enviad vuestros poemarios. Nos gustaría que no faltase ni uno. Incluso si vuestros libros han sido publicados por ayuntamientos o universidades y no están en las librerías, echadle valor y mandadnos esos libros. No hay nada que perder. Tenéis las mismas posibilidades que los "grandes". Ni más ni menos.

Ánimo. Si no aparecemos por aquí hasta fin de año, es porque estamos leyendo como locos. Muchas gracias a todos los que habéis enviado ya vuestros libros. Son ya casi son doscientos. Feliz año a todos y mucha poesía y paz.

PD.- Y, queridos lectores, id pensando en los mejores poemarios de 2008 que vais a votar, y en las mejores/peores reseñas (en cualquier medio). Los que queráis ya podéis ir mandando vuestros votos (hasta cinco poemarios en español y hasta cinco mejores y peores reseñas) a: votarlibros@gmail.com

Colectivo AdW

jueves, 18 de diciembre de 2008

Nos ponemos navideños: José Ángel Valente y Juan Eduardo Cirlot


Teníamos problemas para redactar el post de esta semana. Ha habido muy pocos libros reseñados últimamente en los suplementos que seguimos. De esos libros, los que hemos leído no nos han gustado especialmente. Teníamos la opción de seguir nuestra vía crítica o establecer una pequeña pausa para recomendar algún libro de regalo. Era tan grande la atracción al tópico que hasta nosotros hemos caído.

Al final decidimos que los libros que recomendaríamos cumplirían todas estas premisas: ser de poetas ya fallecidos, ser españoles, suponer un regalo de "peso" y, finalmente, novedosos desde el punto de vista editorial.

En esa clasificación tan particular como discutible destacamos dos libros recientes:

"Del no mundo", de Juan Eduardo Cirlot. Edita Siruela: Incluye la producción poética de Juan Eduardo desde 1961 hasta 1973 (exceptuando Bronwyn obviamente). La cuidadísima edición y la enorme categoría de este poeta nos llevan a pensar que este libro sería uno de esos regalos que nos gustaría recibir. Si se incluye Bronwyn la alegría será doble.

El tomo II completa la obra completa de José Ángel Valente editado por Círculo de Lectores: Aunque algunos podrán decir que el segundo tomo se titula "Ensayos", lo cierto es que Valente habría escrito poesía aunque hubiera tenido que redactar un parte meteorológico. El volumen incluye unas 800 páginas extra de textos críticos dispersos o inéditos en la excelente edición de Andrés Sánchez Robayna, con prólogo de Claudio Rodriguez Fer. Si se incluye el primer volumen de poesía completa en verso y prosa la alegría del receptor también será doble.

Esta es nuestra breve lista, con la exigencias de nacionalidad, singularidad editorial y carácter póstumo que nosotros mismos nos hemos autoimpuesto para evitar susceptibilidades, que seguro que habrá. Como siempre, vuestra voz es más importante para completar o para anular directamente nuestros consejos.

martes, 9 de diciembre de 2008

José Watanabe. Poesía completa. Editorial Pre-Textos


Queridos lectores:

Esta semana tenemos un libro radicalmente distinto al de la pasada semana. Ambos son dos libros buenos de poesía, por muy distinta que sea la forma en la que se aproximan a su construcción.

La poesía completa de José Watanabe que nos presenta Pre-Textos, con prólogo de Darío Jaramillo, comienza con el poemario "Album de familia", de 1971, cuando el autor no había cumplido todavía los 30 años. Su estilo, sin embargo, está ya presente aquí, y seguirá sin grandes cambios hasta el final. El lenguaje es cotidiano, sencillo, coloquial, casi "lacónico". El verso es largo, despreocupado del silabeo. El tono es predominantemente narrativo, con un componente biográfico significativo.

Destaca la importancia que el poeta otorga al plano visual. Su mirada, en las ocasiones más acertadas, se acerca a esa mirada de niño con la que se supone que deberíamos ver las cosas los poetas. Es esa visión capaz de descubrir lo extraordinario en lo cotidiano quizás la seña más importante del estilo del poeta peruano. A eso habría que añadir un sano sentido del humor, que con los años se irá haciendo más negro. En cuanto a su estructura, el poeta deja caer en bastantes ocasiones la fuerza del poema en su tramo final.

En este primer poemario, "Album de familia", el poeta no miente al título y nos hace un retrato familiar. Hay una especie de inocencia en las cosas que escribe el poeta y una envidiable búsqueda de la irresponsabilidad:

"Hoy hemos fingido ser expertos en publicidad,
hemos fotografiado a todo el mundo con el hueco de la mano,
y textos para un producto imaginario nos han sobrevolado con persistencia."

Su sentido del humor, y su capacidad para extraer poesía de donde no la hay aparece en poemas sencillos pero llenos de poesía como "Flores de plástico". Su vida de oficinista, triste y gris, aparece también en varios de los poemas. De repente, un "Poema trágico con dudosos logros cómicos" nos saca del ambiente casi cómico del libro. El tono se mantiene negro pero a la vez travieso en su "Informe para mi hermano muerto en la infancia": "¿Te ves con papá?", pregunta el poeta.

"El huso de la palabra", 1989, es su siguiente poemario, casi veinte años después de su primer libro. A pesar de los años transcurridos, el estilo sigue siendo Watanabe: confesional, irónico, narrativo, etc. Hay excepciones, algunas extraordinarias, como la "Canción mágica para la cacería", que, efectivamente, es un texto que roza el misterio. El primer poema con nombre de animal, de los muchos que vendrán luego, es "La Mantis Religiosa", una metáfora del amor algo sobrecargada visualmente. También Watanabe comienza a escribir poemas metapoéticos, una costumbre que no llega a ser una obsesión, pero que no abandonará en el resto de su vida. Destaca, en este terreno, el poema "Los versos que tarjo":

"¿Es esta la palabra exacta o es el amague
de otra que viene
no más bella sino más espectacular?"

A veces el poeta juega con lo que podría denominarse una variante del realismo mágico. Suelen ser poemas por encima de la media. En "El huso de la palabra", dentro de este estilo, destaca el poema "La Danza", que se puede adscribir a ese grupo de poemas donde la realidad es algo difícilmente definible:

"Fue cuando apareció en la sala la raíz blanca, extraviada e inquietante
de un árbol callejero."

Como poema que juega con esos finales sorpresivos que le gustaban al poeta podríamos mencionar "Sala de disección". El sujeto poético observa a los estudiantes cotejando su libro con el cuerpo del cadaver cuando

"Sorpresivamente
una burbuja brillante brotó del interior del cerebro
como un mensaje venido de la otra margen,
y no había boca que lo pronunciara."

El libro va pasando por poemas menos interesantes, o bien porque se apoyan excesivamente en lo narrativo, y lo narrativo no tiene demasiado interés, o bien porque el final sobre el que descansa el poema falla.

En "Los iguana" Watanabe vuelve a conectar con la magia y establece un paralelismo brillante entre los habitantes de su pueblo y las iguanas:

"Allí pagaremos nuestra deudas,
...
como la iguana gris que sólo baja los párpados displicentes
para ver contra el sol
el color de su sangre."

La tercera parte del poemario, Krakenhaus, narra su estancia en un hospital aquejado de una grave enfermedad. Destaca por su nivel el primer poema, titulado "El nieto", elegía que evoca a su abuelo materno:

"la gente no muere de un órgano enfermo
sino de un órgano que inicia una secreta metamorfosis
hasta ser animal maduro y dispuesto
a abandonarnos."

A pesar de su estancia en el Pabellón de Cáncer, como menciona en el último poema, el tono general se aleja del agonismo fácil e incluso se permite seguir con la ironía:

"¡Mira que tu miedo es la única impureza en este cuarto aséptico!"

El tercer poemario de José Watanabe es "Historial Natural", fechado en 1994. En su primera parte, "La Zarza", el paisaje se torna desértico, la arena llega a parecer la única sustancia, el yo está ubicado en un lugar remoto y el tono se vuelve oscuro, en especial en poemas como "Camposanto". Hay un ligero tono existencial que no habíamos visto en anteriores poemas.

En la segunda parte de nuevo el mundo animal cobra su protagonismo y destaca el diálogo que emprende con una oruga en el poema "La oruga". Nos acordamos de Hart Crane en "El puente". La tercera parte, "Historia natural", es un retroceso a la infancia del poeta, a la vida humilde que debió vivir, destacando los poemas que hacen referencia a su hogar. Hay recuerdos de olores, elegías a su madre y a su hermano, poemas oscuros como "La muriente" y, en general, ganas de cambiar el mundo, que se reflejan en los últimos versos de esta parte:

"¿Sería posible, Copérnico,
sumar los movimientos de su mano
con los infinitos otros de la misma índole
y hacer uno solo
para que la vida que gira sobre tu teoría
sea rápidamente bella
como en este tejido de Cajamarca?"

En "Museo interior", la última parte, Goya, Segal y Munch dan un final temático bastante pesimista. En la "Coda", ofrece dos poemas metapoéticos, en el segundo de los cuales, "Arte poética", se ríe no sin razón, de las poéticas tan queridas por algunos.

"Cosas del cuerpo", 1999, es el cuarto poemario de Watanabe. La primera parte, del mismo nombre, comienza con una ingeniosa personificación del lenguado:

"...Mi vida
depende de copiar incansablemente
el color de la arena.."

En "Animal de invierno" el poeta se aproxima al misticismo en su búsqueda del hogar en la montaña:

"Hoy, después de millones de años, la montaña
está fuera del tiempo, y no sabe
cómo es nuestra vida
ni cómo acaba."

Hay también algún poema erótico, como "La ranita", donde Watanabe asocia a este animal con el clítoris. Despues de "Tres canciones de viaje" viene, quizás, la parte del todo libro más divertida: "Vichanzao". Si algunos, como Marzal, creen que la poesía es incompatible con el humor, aparte de otras muchas lecturas, le recomendaríamos algunos de estos poemas. "Vichanzao" empieza con un poema místico, "En el ojo del agua", de los mejores del libro. Ya en este primer poema se apunta lo que viene:

"A los cincuenta años
ya sabes que ningun dios te va a hablar claramente."

Destacan por su inteligente sentido del humor los poemas "Canción" y "La vuelta". En la última parte, "Otros poemas", continua la ironía, destacando "La convicción", poema de humor negro que transcurre en un cementerio.

En el año 2000 el poeta escribe una versión de la obra de Sófocles "Antígona", que ha sido incluida en el libro.

En el año 2002 Watanabe publica "Habitó entre nosotros", donde hace un recorrido por la vida de Jesucristo siguiendo la cronología evangélica. Aunque en un principio parece que el poeta va a seguir con su sana ironía ("Yo grité en el desierto / que vuestros pecados eran gordos como puercos.") lo cierto es que conforme transcurre el libro, los poemas se acercan más a la ortodoxia y se hacen menos interesantes. Entre todos destaca "Oración en Getsemaní" que comienza de esta forma brillante:

"Los olivos nunca crecen con decidido afán
de cielo, irgiéndose rectos y sin dudas.

Los olivos se retuercen nudosos y ásperos como gente atormentada."

"La piedra alada" pertenece ya a 2005. Su primera parte, "La piedra alada", se centra en el paisaje y en el mundo mineral a través de una observación minuciosa. En "La piedra del río" Watanabe hace un guiño a sí mismo:

"...Ay poeta,
otra vez la tentación
de una inútil metáfora."

En las "Tres canciones de amor" que siguen a esta parte el poeta afronta con humor e ironía sus historias de amor. "Arreglo de cuentas" insiste en temáticas ya leída del autor: el pueblo, los animales, los recuerdos del pasado, etc. Los "Epílogos" no nos evitan pensar que el autor parece que ha entrado en una cierta sequía creativa.

Su último poemario es "Banderas detrás de la niebla" (2006), que comparte algunos de los problemas que comentamos en "La piedra alada". La elegía, la metáfora a través del animal o su propia descripción, el ahondamiento en el pesimismo, el desierto como paisaje, están presentes. Destacaríamos el poema "Vieja con perra", por su capacidad de observación de una estación de autobuses, "La isla", hermoso cuento, y "En la calle de compras", donde el poeta muestra su aguda reflexión sobre lo cotidiano. Termina el poemario con un buen poema mitológico: "El otro asterión".

De los poemas que aparecen como inéditos, hay un poema interesante sobre la cruz, otro por su descarada aproximación escatológica titulado "Intestino", pero resalta por encima de todos, como uno de los mejores poemas de todo el libro, "Film de los paisajes", original y extraordinario poema, divertido a la vez que lírico, que nos recuerda al mejor Oliverio Girondo, tan querido en este blog.

José Watanabe fue un poeta hábil, brillante en ocasiones,que jugaba con las posibilidades de una mirada privilegiada, divertido, entretenido...Es posible que en sus dos últimos poemarios se repitiera estilos y formas ya escritos por él pero, a pesar de esto, sin ser un renovador sino un sencillo poeta, con algunos poemas extraordinarios, su poesía nos vale y nos acoge. Watanabe es uno de esos poetas que trae lectores a la poesía.

Valoración del libro "Poesía completa. José Watanabe": 7,5 / 10

P.D.- Dejamos un enlace de un vídeo de youtube del poeta aunque no tenga buen sonido. Lo incluimos no sólo porque nos gusta poner las voces de los poetas sino también porque los jurados de los premios de este país deberían de aprender algo de un poeta que se lee la obra de cien autores cuando ejerce como jurado. Aquí, en los supuestamente importantes, se leen por encima diez y luego se llama a dos o tres conocidos para que sean los ganadores. ¿A qué alguien se siente directamente aludido?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Antonio Méndez Rubio. Para no ver el fondo. Ediciones Idea


Hola:

Esta semana nos ha tocado un libro de 2007 que recientemente fue reseñado en Babelia. Se trata del libro de Antonio Méndez Rubio "Para no ver el fondo". Edita Ediciones Idea. La reseña fue escrita por Manuel Rico. No vemos, que nosotros sepamos, conflicto de intereses por su parte. Respecto a nosotros, Antonio y el grupo de poetas que formaban "Alicia Bajo Cero" han sido uno de los sospechosos habituales relacionados con nosotros. Con todo nuestro respecto y cariño a Quique y compañía, somos más jovenes, no somos marxistas y, para que se vea que repartimos un poquito de leña a todos, jamás hemos organizado antologías, habría que llamarlas libros colectivos, de amigos :p

"Para no ver el fondo" está dividido en 5 partes, que el autor denomina libros. Cada uno de los libros tiene 17 poemas.

"Zoom" es el primero de los libros. A primera vista destaca una escritura sin puntuación, que sólo encontramos en esta primera parte. El verso, como es habitual en el poeta, es corto, abundan las yuxtaposiciones y un léxico que suele girar en torno a unas pocas palabras. El mensaje se hace voluntariamente críptico y repetitivo, y se aprecia tanto la deconstrucción del lenguaje como su descomposición fragmentaria. Hay algunos juegos con los sonidos (¿porvenir? / para arder)
La transmisión poética, a veces oculta de manera deliberada, se muestra otras veces lo suficientemente clara como para explicar el resto:

"la canción de las hierbas amarillas
esa obediencia bajo
la luz del estupor
de nada a nada
con
esa condición
y no con ninguna otra"

Pronto queda claro que detrás de esa nada puede estar la realidad, una realidad que asfixia ("cuando salir sin aire / al aire..."). El poeta marca clara la distinción entre día y noche, nos habla de la ausencia o la memoria. Finaliza este primera parte centrado en la desubicación. La paradoja quizá es la figura que mejor representa la duda continua que se expande sobre el poemario:

"que el mundo no
sea una vez más el mundo"

La parte segunda, "Aunque", esta dominada por una paisaje de niebla y nieve, en donde el zoom es imposible como respuesta toda vez que lleva a un mayor adentramiento en la oscuridad. Cada poema lleva asociada una película o un libro. Si en la primera parte, en el poema 16, el poeta hacía una primera mención paradójica sobre el título del poemario, "para no ver el fondo / anterior a lo que no va a ocurrir", esta segunda parte comienza jugando de nuevo con el título, deseo y certeza:

"¿Qué ruinas, cuerpos
para no ver el fondo?"

El mismo poeta se responde con la sabiduría de la incertidumbre sobre lo que se ve: "ninguna imagen guarda / la sed más prometida."

Técnicamente continua el uso de la paradoja ("extendido en la tierra que no existe"), de la elipsis en sus diversas formas, personificación ("La luz se abrevia. Viene del exterior / a arrepentirse"), hipérbaton ("más luz habrá hecho falta"), extrañas estructuras sintácticas ("Ahora las nubes / son de ningún país"), sinestesia ("ver lo que dice el sonido"), normalmente de visualización del sonido; la metáfora ("Pero aquella blancura de la nieve que hubo/.../también era una huella / de la pregunta por la claridad"), etc.

Temáticamente encontramos reflexiones sobre la soledad ("Sobre el musgo de nieve / nada, nadie), el miedo (en un claro cliché como "Todo se oculta en la clarividencia / del miedo a la ceniza"), la muerte, referencias a su tierra natal tanto por Buñuel como por el latinismo hic incipit extrema hora, un paisaje del que a veces brota humo tras la destrucción, imposibilidad del olvido y la verdad, imposibilidad de localizar el lugar del encuentro que ocurre una vez tan sólo, y entre todo, la neblina que rodea los objetos.

La tercera parte, "Contraventanas", tiene una nueva singularidad formal frente al resto: cada uno de los diecisiete poemas tiene nueve versos. Aunque se aleja del silabismo métrico, hay un gusto natural por el número impar.

Esta vez el sueño comienza diurno y la relación memoria-título se hace clara:

"...La ceguera
guarda una memoria imposible
para no ver el fondo."

El tono se vuelve más optimista en algún poema de "Contraventanas": "Hasta el aire está ahora abierto / a lo que dure la canción". Pero comienza a llover y parece como si la lluvia susurrara la palabra obediencia. Y es la luz, como dice el poeta, la que se olvidó del fondo para poder vivir. Y esa falta de luz, esa "urgencia por la oscuridad" se relaciona con la falta de voz, con la mudez, con el desaliento como inocencia, el elogio al lenguaje que no habla. El fondo, de vacío desconocido, acoge.

Técnicamente encontramos las mismas figuras que en poemas anteriores, aunque el tono es más claro y sentencioso. Destaca como novedoso alguna triple repetición ("Se espera. Se vuelve. Se aclara"; "Humedad. Licencia. Sazón").

El libro cuarto, "Maniobra" es el único que está escrito como prosa poética y el único donde aparece la primera persona. Las maniobras parecen llevar al fin y su deseo. La identidad es la nadiedad. El sujeto pierde la niebla que le impedía ver pero que le protegía a su vez. Vuelve la obediencia, el camino de huellas anónimas que seguimos. Sabe que el no es un poder pero, ¿lo utiliza? El sujeto sigue para evitar la desmemoria y la pérdida es sólo una ocasión.

La quinta y última parte, "Más", tiene algo de resumen involuntario del libro. Existen, son ontológicamente, en la luz del fondo "no respirable". Pero no sabemos cómo son. Es como un caminar a tientas por una casa oscura. Un escenario con la tranquilidad después del holocausto o un escenario bélico. A veces, la pura contemplación. La paz, la tranquilidad, el "silencio para ver el fondo".

"¿Cuando descansa de su claridad
el agua que no tiembla en el fondo
del pozo?"

Técnicamente el poeta repite figuras: hipérbaton ("Ahora está para el cuerpo / todo por recibir"), personificación ("el mar no nos reconocería") o paradoja ("Regresan por la noche / adonde no habían ido"), aliteración ("tenaz trasluz de nube") e incluye nuevas como la hipérbole ("hasta / la semilla se esconde del fruto / para salvarse en esa oscuridad").

Antonio Méndez es un buen poeta. Tiene recursos técnicos de sobra, riqueza estilística, hondura, capacidad de reflexión, voz propia, independencia y personalidad en su obsesión por el lenguaje y su dominio de la deconstrucción linguística y semántica. Por el lado negativo, y hablamos de este poemario, nos resulta algo cansino que el discurso poético recaiga tan reiteradamente en una pocas palabras pivote (luz, nubes, aire, mirar, ojo, memoria, nieve, niebla, etc). Igualmente parece que en ocasiones la oscuridad de su discurso es más una postura estética. La abstracción en el uso de cierto sustantivos y adjetivos impide a veces una comunicación poética que podría ser más fluida y ganar intensidad. No es malo necesariamente que la lectura de un poemario de una sola vez se haga fatigosa, pero si la fatiga proviene de la repetición excesiva y de una nebulización que se intuye parcialmente artificial, el libro queda algo lastrado.

Nuestra nota refleja que "Para no ver el fondo" es un buen libro, en algunas partes muy bueno, fue finalista de nuestros premios el pasado año, pero que por los problemas que observamos se queda a las puertas de ser un poemario notable:

Valoración de "Para no ver el fondo": 6,9 / 10

lunes, 17 de noviembre de 2008

Retrato de los mediosems. Henri Michaux.


Hola a todas y todos:

Muy interesante el libro del que nos vamos a encargar en esta crítica. El poemario se titula "Retrato de los meidosems", lo edita Pre-Textos y lo traduce Chantal Maillard, que además realiza una brillante propuesta de lectura al final del libro. La crítica, en El Cultural, la realizó Antonio Colinas. Como viene siendo habitual últimamente en este señor, no hay valor añadido en sus críticas. Poco más que decir sobre su reseña. No vemos problemas de objetividad por ninguna de las partes.

Curiosa, casi morbosa, la elección de Chantal Maillard como traductora. Dos belgas que, de una u otra manera, han renunciado a sus nacionalidades, dos belgas bien viajados, con una coincidencia común en Oriente aunque Michaux viajó tambien extensamente por Sudamérica, ambos con un hecho terrible en sus vidas...Sin duda, una deliciosa sorpresa. La traducción de Chantal es buena, muy fiel a los textos de Michaux y no hemos apreciado ni un solo error en una lectura bilingüe.

En la nota a la edición que precede al texto, Chantal sugiere que su interpretación de la lectura se realice después de leer el libro, invitándonos a una segunda lectura. No podemos estar más de acuerdo con su sugerencia. De hecho, el libro pierde parte de su magia cuando en ese epílogo Chantal nos da una buena clave para descrifrar el misterio de los Meidosems. Es como cuando se descubre el funcionamiento de un truco. La magia se pierde. Sin embargo, en esa segunda lectura hemos encontrado varios aspectos que en parte no estarían de acuerdo con la teoría de Chantal. Aunque es su análisis la poeta peca de ser un poco categórica, lo cierto es que es imposible saber a ciencia cierta la verdadera clave del libro. Afortunadamente.

Dicho lo cual, en esta crítica vamos a revelar la opinión de Chantal y la nuestra. Lo decimos por si alguien prefiere leer el libro antes de seguir leyendo.

La ubicación que establece la traductora de este poemario de Michaux nos parece completamente acertada. El libro se sitúa entre dos escrituras, aquellas que corresponden a sus viajes lejanos exteriores (Oriente y Sudamérica principalmente) y las que corresponden a sus viajes lejanos interiores a raíz de sus experiencias con la mescalina. Esa divina mezcla se produce en este poemario.

La clave que establece Chantal para la resolución del libro tiene una relación directa con la muerte de la mujer de Michaux, quién en un accidente doméstico sufrió graves quemaduras que la tuvieron hospitalizada un mes. Tras ese periodo, murió. Los meidosems serían los habitantes del hospital incluida la propia esposa del poeta, Marie-Louise. Sin duda hay una parte importante de las características de los meidosems que cuadran casi a la perfección con la teoría de Chantal aunque hay otra parte, mucho más reducida, que nos aleja de esa explicación unívoca que la propia poeta nos recuerda en palabras de Jean-Pierre Martin.

Pero quizás nuestras mayores divergencias se producen en el campo del análisis sobre el tipo de escritura de Michaux en este libro. Chantal parece negar las influencias surrealistas y menos aún las que tienen que ver con la escritura automática. Nosotros tenemos dudas sobre su negación, especialmente en el caso del surrealismo, independientemente de las palabras del poeta.

Hay otro punto, además, que no menciona en su lectura, y que creemos que puede ser importante a la hora de ubicar el texto. Vemos una influencia muy apreciable del expresionismo, a veces de un expresionismo abstracto, pero sobre todo de un expresionismo figurativo. La propia traductora lo menciona cuando dice que pocos días después de la muerte de Marie-Louise, Michaux fue a una exposición de nada menos que Paul Klee. Sus dibujos, recogidos en esta hermosa edición de Pre-Textos, se alejan de Klee en su menor abstracción pero son claramente expresionistas. Algunos ejemplos podrían ser: "El cuchillo que vive espasmódicamente ataca"; las diferentes descripciones que hace del electroshock como por ejemplo: "Una sarna de chispas carcome un cráneo doliente"; "La cabeza revienta. Los huesos se pudren."; "...es el agua enrojecida de la vena memoria fluyendo sin propósito", "El rosario de anillas le sujeta por los ojos, le estrangula...", "Órganos esparcidos...", "...del nacimiento a la descomposición, del gozo al lodo",

La composición del "Retrato de los mediosems" es característica del estilo de Michaux. Por un lado, el lenguaje, su léxico, es muy sencillo. Por otro lado, a pesar de su léxico, las construcciones metafóricas son bastante complejas. En realidad es como si el libro, en su conjunto, fuera una enorme metáfora. El uso de personajes ficticios es otra de las características comunes a su estilo. También lo es su brillantez para construir imágenes y comparaciones ("retrocediendo como un lazo"). Michaux tiene un estilo muy personal, hable de drogas, de Turquía o del mundo tan terrible que podemos llegar a habitar, pero mantiene su capacidad para sorprendernos.

Respecto a la teoría de Maillard, es cierto que hay muchas poemas que apuntan a la identificaciones de los meidosems con los enfermos de un hospital, y con sus varios pobladores. Y sin duda hay una frase clave que parece referirse directamente a su mujer y a su tarea como escritor: "Se acabó la vida. No queda. Se podrá tan sólo, si alguien insiste, convertirla en relato." Y luego otra que comenta Chantal: "Meidosem de rostro calcinado".

Sin embargo, se nos quedan en el aire algunas preguntas que nos hacemos sobre la interpretación unívoca de los meidosems: página 19, ¿por qué está el castillo desierto?; página 23, ¿por qué se traspasa el cuerpo?; página 65, ¿Cómo se explica esa facilidad que tienen para extenderse y pasar elásticamente de una forma a otra?; página 103, "He aquí el nudo indivisible, y es un meidosem"; página 121, "Le ha salido de la nariz una especie de curva. Acaba de formarse. Es un balancín."; página 155, ¿por qué no hay techos si los enfermos los ven de manera constante, mucha más que el resto de las personas?.

Estas son algunas de las preguntas que creemos que dejan varios interrogantes abiertos. Pensamos que algo más que un hospital habitaba la compleja cabeza de Michaux cuando creó esta población imaginaria.

Respeto al estilo y sus influencias, es evidente que cualquier metáfora puede ser explicada y deconstruída de forma que se aleje de las posibles intenciones del autor, pero las siguientes frases forman parte de un universo muy claramente influenciado por el surrealismo. Aunque sea una obviedad, una metáfora surrealista, además de metáfora, es surrealista: "Toman forma de burbuja para soñar; toman forma de liana para conmoverse"; "Y ahí va el enorme cortejo de los muñecos inflables..."; "Se suben a los árboles. No por las ramas sino por la savia"; "una nariz ancha..., forma un ojo también, que es como un paisaje, su paisaje ante él...", "La torre cede, se inclina. Hay que enderezarla. Recibe la visita de tres monos y les hace los honores de la torre.", etc.

En ocasiones las imágenes tienen referencias psicotrópicas además de surrealistas: "De una berlina del aire, o de un pequeño mundo desconocido disimulado en alguna ionosfera ha descendido una pequeña tropa de meidosems..."; "Por todas partes, hasta el horizonte, escaleras, escaleras..."; "Los tallos ascendentes en los que toman asiento llevan a una terraza abierta", etc.

Incluso, aunque marginal, hay alguna imagen que nos recuerda al automatismo, que sí es rechazado categóricamente por la poeta y traductora: "Pero la terrible torre...en ese instante de franela...".

Con un lenguaje metafórico, sencillo y a la vez complejo, onírico y propio, incluso irónico, Michaux construye en este libro de poesía uno de sus universos propios y lo hace con una enorme maestría en el manejo de su poderoso talento. Su originalidad, su capacidad para sorprender, su manejo de las imágenes y metáforas, su personalidad, todo hace que estemos ante el libro de un gran poeta. Quizá no sea uno de sus mejores libros y ello se vea influenciado por el cambio de destino en el "viaje" que el poeta iba a experimentar. Pero la propia hibridez del texto le aporta matices y riquezas que en otros casos no se encuentran. Sea como sea, un libro excelente:

Valoración de "Retrato de los meidosems": 8, 75 / 10

lunes, 10 de noviembre de 2008

Pere Gimferrer. Tornado.


Hola:

Esta vez no vamos a hacer una crítica de un libro. Tan sólo vamos a exponer en voz alta nuestros pensamientos.

Hemos leído el libro "Tornado", de Pere Gimferrer, publicado por Seix Barral y reseñado por Túa Blesa en El Cultural. Una vez leído no somos capaces de emitir un juicio crítico que no sea demoledor.

Hemos intentado pensar en equivalentes que pudieran servir para explicar nuestra incapacidad para emitir un juicio más equilibrado. Tras buscar entre varios campos del arte nos hemos ubicado en la arquitectura, que vive uno de sus mejores momentos de la historia. ¿Cómo valorarían los arquitectos la obra de un compañero suyo que concentrara sus esfuerzos en diseñar edificios modernistas similares a los del siglo XIX? ¿Se premiaría a un arquitecto con un Pritzker si enfocara su labor en ese contexto estético?

Cuando leemos "Tornado" tenemos la sensación, casi el convencimiento, de que sus versos fueron escritos hace ya muchas décadas. Quizás siglos. En su mezcla de modernismo y barroquismo, en sus rimas, en su léxico, en su perfectamente medida prosodia, en su temática desaforada del amor, en su lenguaje sobrecargado metafórica y retóricamente...Todo nos lleva a preguntarnos: ¿y cómo valoramos esta obra? Si hacemos un análisis que olvide el tiempo y lugar, ¿debemos de situarlo en un marco de referencia barroco y enfrentarlo a Lope o a Quevedo? No sería justo porque estos poetas eran inmensos y Gimferrer no lo es. ¿Lo comparamos entonces con un Rubén Darío o con un Ezra Pound? Tampoco. Tampoco sería una comparación justa.

La poesía de Gimferrer nos desubica. Nuestra nota del poemario sería tan baja que debe haber algo malo en nuestro planteamiento para que ningún crítico cuestione seriamente la poesía de este autor. Sabemos que Gimferrer es un todopoderoso en nuestra poesía, y en la literatura en general, y que eso hace complicado cualquier crítica a su poesía. Pero debe haber algo más que se nos escapa.

Porque, efectivamente, vemos a un persona con una capacidad técnica sobresaliente en su poesía. Pero no la ha sabido transformar, como sí hizo Pound, en algo novedoso. El texto está hiperintertextualizado, los adornos y amaneramientos son constantes, las metáforas y comparaciones suenan repetidas, el ritmo es monótono, el fondo es un amor leído hasta la saciedad, y la forma pasa los límites del rococó en no pocas ocasiones.

Algo se nos pierde en esta poesía. Poner ejemplos de zafiros, pespuntes, oros, ajuares de mariposas, "alïagas", "dïamante", esquí de luces y pétalos sería redundante. No somos capaces de situarnos en "las apoteosis del rosal". Por eso dejamos abierta la crítica. Por si alguien quiere decirnos en qué estamos equivocados.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Olvido García Valdés. Esa polilla que delante de mí revolotea. Edita Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores

Hola a todas y todos:

Perdón por el tiempo que hemos tardado en poner esta nueva contracrítica, pero la discusión interna ha sido intensa, a la vez que enriquecedora, y no ha sido fácil llegar a un consenso final sobre la valoración de la obra completa, hasta la fecha, de la poeta Olvido García Valdés.

El consenso sí parece existir en las dos críticas de El Cultural y Babelia respecto a la obra de Olvido, escritas por Túa Blesa y Ángel Luis Prieto de Paula. La propia autora, en el breve pero brillante apéndice ensayístico, da las claves que ella entiende de su poesía, claves que a su vez recogen los críticos sin que termine de quedar claro quién retroalimenta a quién. En nuestro caso hemos preferido no leer el apéndice al libro ni las críticas hasta tener una opinión formada. El resultado va a ser a veces cercano a la opinión del statu quo, pero anticipamos que al final se va a alejar bastante.

En el apartado titulado "Escribir 2" la poeta nos da las claves respecto a su estilo poético. Junto con otros puntos que menciona en sus ensayos vamos a construir nuestra contracrítica:

1) Comienzo y final abierto: En numerosas ocasiones hemos leído a Olvido comentar que sus poemas eran poemas abiertos en su comienzo y, sobre todo, en su final. Eso mismo hemos leído en reseñas de varios críticos. Realmente no creemos que ésta sea una distinción característica del estilo de la poeta salvo en algunos poemas donde Olvido hace patente esa ausencia de final. En general, sin embargo, su forma de empezar y terminar un poema no tiene la entidad suficiente como para construir una característica estilística definitoria y no se diferencia de muchos escritores de poesía contemporánea. De hecho, algunos poemas acaban con una definición concluyente. Otros pocos, es cierto, terminan como la poeta dice: "no hay nada, no hay nada ya / de luz / peso mío, mi quieta ", o "baba nutricia / para gusano / desde el frío / a la cálida." No es necesario dejar el verso sin acabar para llegar a la conclusión de que el poema no se cierra pero, insistimos, no vemos ese marcado carácter inacabado que la poeta sí parece ver.

2) "Versatilidad en el uso de las personas gramaticales, deslizamiento de una a otra, deslizamiento también de los tiempos -los de pasado y presente-": Efectivamente el uso del sujeto poético es variado. Es curioso que la primera persona sea poco abundante cuando en muchos poemas la voz final de la poeta es clara. No es fácil encontrar el pronombre yo, y quizás sea este punto el que más diferencia a la poeta de sus compañeros. Los deslizamientos temporales y de las personas gramaticales ni son tan abundantes ni son extraños en la poesía actual.

3) "Un ritmo que viene impuesto desde dentro del poema": En este punto la singularidad de la poeta, respecto a la mayoría de poetas españoles reconocidos, es muy clara. Hay una cierta contradicción en los escritos de Olvido que se agrupan al final del libro. En uno de ellos dice que "La poesía...trabaja a la contra...y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión". En este sentido, su propuesta sería más radical de lo que en realidad es. Cualquiera que haya oído a la poeta recitar se dará cuenta en seguida de que hay una musicalidad clara y evidente en sus versos. En otro breve ensayo de la poeta incluido en el libro, sus palabras se acercan más a sus versos: "el ritmo no es de la medida, sino de los latidos y de la respiración". Finalmente, y quizás más importante, uno de los tres consejos que da para un supuesto taller de poesía es: "Ahondar en lo rítmico, buscar que se resuelva en lo de verdad respiratorio". En la práctica, por tanto, la poeta sí trabaja la musicalidad del poema, pero lo hace, aparentemente, sobre una base acentual a la que no le importan el número de sílabas. No es original ni innovador pero sí es poco frecuente en nuestra poesía, en especial en poetas de tan reconocido prestigio, y por tanto creemos que aquí sí se produce un signo distintivo estilístico frente a muchos de sus compañeros, incapaces de salirse de diversas variaciones de la silva, y para quienes un verso con un número par de sílabas es algo impensable (a pesar del uso arbitrario y ridículo que hacen de la dialefa, la sinalefa, la diéresis, etc).

4) La propia autora ha definido muchas veces un aspecto crucial de su poesía: la yuxtaposición. Efectivamente, son muchos los poemas que utilizan el mecanismo retórico de la yuxtaposición para crear dos, como mucho tres, planos poéticos que confluyen en el mismo poema. En general, los cambios suelen ir del aspecto contemplativo al reflexivo, comenzando en lo contemplativo, pero hay más usos de esta figura. Es un rasgo de su escritura que quizás tiene que ver con esa visión pictórica del cuadro, e incluso del poema, como un lienzo moderno en dónde no se trata, en ocasiones, de conformar un mensaje central sino que la poeta acepta la intensidad que produce la fragmentación frente al mensaje semántico unívoco. Aun siendo un elemento importante de su obra, por ubicuidad, no nos parece tampoco singular hasta la distinción por ser un discurso relativamente común.

5) Un punto que no vemos analizado en las reseñas y que, para nosotros es esencial en la definición estilística de la poesía de Olvido, es el uso, en nuestra opinión excesivo en sus últimos poemarios, de dos figuras retóricas: la elipsis (de artículo o verbo, en general) y el hipérbaton. Para una poeta que algunos sitúan dentro del postmodernismo, no deja de resultar sorprendente la línea directa que establece Olvido con nuestro barroco, a través de la elipsis, que para Sarduy es el mecanismo retórico básico del discurso barroco, y el hipérbaton, figura retórica también esencial de nuestro siglo de Oro. En algunos poemarios es difícil encontrar poemas en los que no se utilice alguna de estas dos figura o incluso las dos. De hecho, hasta el propio título del libro es un hipérbaton. Resulta igualmente sorprendente que el prologuista diga que la poesía de Olvido está "desprovista de toda retórica" cuando la arquitectura retórica es muy abundante y, desde luego, nada invisible.

6) En algunos textos hemos leído que el lenguaje de la poeta se acerca a lo cotidiano. Incluso en la propia contraportada del libro se habla de "la palabra conversacional", característica que también menciona Eduardo Milán en su prólogo. Por supuesto, en un país como el nuestro donde el rebuscamiento léxico llega a ser patológico, la palabra de Olvido es, comparativamente, más desnuda. Pero por un lado no se puede hablar de una palabra conversacional cuando ésta se halla construida con frecuencia en base a retorcidas estructuras sintácticas que nada tienen que ver con el habla cotidiana. Por otra parte, no son pocos los ejemplos de palabras que no forman parte del habla conversacional, o al menos, no del habla actual: podre, opalina ceniza, espesamente prístinas, heliófoba, uso muy frecuente de "mas" como conjunción adversativa, heliófoba, algún verso en francés, semejaba, hirsúto, ornada de chispeante polvillo, conseja, etc.

7) También es muy común el uso de sintagmas que definen, que cumplen la función que en otro tipo de poesía cumpliría la metáfora pura, y que suelen presentarse como enumeraciones. Como ejemplo: "Los excursionistas ...se mueven con angustia, muy despacio, tristeza inquieta de sueño, opresión extraña en los ojos."; "Como agua vinieron en la noche / las ovejas, pies de agua y esquilas, cada una / de lo solo y de arena; resplandecientes / y abruptos, gruñidos o quejidos horadados / el pastor, mover de brisa, de agua / de ola retirándose, un único animal, un / signo raudo y musical, fanal / de la linterna, raíl de guturales, /..." En ese lenguaje que define es frecuente también el uso del infinitivo verbal, que a su vez logra evitar el uso de la primera persona. Menos frecuente y mejor usada es la aliteración: "tercos tristes tenaces". Incluso a veces, pocas, nos hallamos en territorios comunes ya comentados habitualmente en estas páginas: "pierde quien muere, nada gana / tampoco", "...sol negro / sin número ni forma", "a mar de oro raíz de sombra", "Creció la memoria en el tiempo", "A veces el tiempo se dilata...", "En la nuca un lienzo / al que llamó tristeza", "que el sol dora al caer", "Dobla su cabo el año" (expresión casi repetida dos veces más una tercera que dice: "Pronto girará el año"), "juntos tomamos la barca de la noche", etc

8) Oscuridad buscada: En varias ocasiones la poeta comenta algo similar a este verso: "Me da miedo la luz, / lo quieto de la luz,". O: "Mi gusto por lo oscuro / viene de ti". Todo a pesar de que "La noche mide las cosas". Como recomendaba un viejo poeta a los jóvenes, "échale un poco de oscuridad al poema." En otras palabras, el discurso se hace, de manera voluntaria, más oscuro, gracias a las diversas técnicas retóricas que emplea la poeta. La oscuridad se logra también añadiendo a lo anterior la ausencia de puntuación en algunos poemas, lo que contribuye a la polisemia del poema. El lector ha de construir, a veces, su propia versión del mensaje semántico: "allí en la horquilla / que une rama y tronco / está / fijo en el ojo en la garganta...". No es una oscuridad gratuita, sin embargo. Sin duda es uno de los puntos atrayentes de la poesía de Olvido.

En la crítica de Prieto de Paula al libro de Olvido el profesor habla de la unidad del conjunto. Y tiene toda la razón. No es tan fácil distinguir un poema de un libro de un poema de un libro anterior. En realidad, cada poema forma parte de un único libro. Y esto se cumple, en general, tanto para la arquitectura técnica del poema como para la arquitectura temática. Con una retórica similar, y utilizando una serie de palabras fetiche (los pájaros y las especies que la poeta menciona, su trino, noche, otoño, luz, los colores azul, verde, rojo, blanco y negro; musgo, araña, hilo, árbol, frío, adobe, anciana, fetiche, casa, acre, muerte, sueño, pez o peces, corazón, césped, hierba, varios tipos de flores), la poeta construye sus poemas casi siempre de manera similar.

Llegamos quizás al punto donde vamos a comenzar a salirnos del stau quo del pensamiento crítico oficial. Dice la poeta que "Hay una poesía que se podría llamar acumulativa...hay otra que busca más bien mecanismos de intensificación...enfermedad por enfermedad...prefiero la anorexia." Olvido García Valdés siempre ha sido ubicada dentro de esa corriente en la cual la poesía trata de ser depurada, esencializada, intensificada como ella misma dice, frente a esa poesía "acumulativa". Pero cuando se contempla la poesía de Olvido en su conjunto, cuando vemos de forma tan clara que cada poema en realidad es casi una estrofa de un poema mayor, el dogmatismo de la anorexia poética de su palabra frente a la poesía "acumulativa" se cae. Se cae de bruces, además.

Esa estructura holística en la que el poema se inscribe, se convierte, para este colectivo, en el mayor problema de la escritura de Olvido. La lectura completa produce cansancio debido a la percepción de repetición de formas y fondos, de herramientas retóricas y de un léxico demasiado concentrado en torno a pocas palabras.

Olvido es una buena poeta. Analizados individualmente, o por poemarios, los poemas de Olvido, en muchos casos, son excelentes: el ritmo es magnífico, la contemplación es sabia y detallada, su uso de la no puntuación se adecúa a las peticiones del poema, los versos cortos y las frases a veces más cortas expresan mucho más que otros poetas con múltiples estrofas. Hay, además, una preocupación metafísica e incluso política que añade profundidad a su obra, una subjetividad hábilmente escondida, una lentitud deliciosa en su mirada, una capacidad lírica elevada, un uso inteligente de la yuxtaposición y un ordenamiento final del mensaje estético que presenta una profunda base filosófica y hace externa una visión personal e inteligente del mundo. A todo esto habría que añadir que Olvido eligió un camino poco común entre los poetas más conocidos de nuestro país, y la valentía es siempre una virtud.

Olvido ha creado un estilo propio, algo que no todos los poetas pueden decir. Es fácil distinguir un poema de ella de poemas de cualquier otro autor español. Sin embargo, se ha producido, ya desde hace tiempo, un estancamiento, estancamiento que era imposible detectar para los lectores que habíamos leído tan sólo "Y todos estábamos vivos", pero que es sorprendente cuando se lee su poesía completa. Los grandes poetas de la historia no sólo han tenido un estilo propio sino que han sabido reinventarse a sí mismos unas cuantas veces a lo largo de su vida. Hace poco leíamos el caso de Wallace Stevens y las enormes diferencias que tiene "Harmonium" respecto a "La roca". En el caso de Olvido esto no ha ocurrido todavía. Sí ha habido pequeños cambios, sin duda. En los primeros poemas, por ejemplo, apenas se usaba el hipérbaton y en los últimos es constante. En los últimos son también más frecuentes los juegos de palabras ("transcurrir del día enteco"), las paradojas finales ("como si fueran los otros / siempre a estar ahí y de / pronto no están o no estuvieran"), alguna referencia culturalista o una mayor presencia de la ciudad. Pero hay un agotamiento del discurso en su forma y fondo. Hasta aquí debería de llegar esta vía estilística y léxica. Casi siempre hay comunicación estética pero la comunicación poética se agota y la sensación de repetición comienza a ser algo bastante más serio que una sensación.

Los poemas inéditos de Olvido que se incluyen al final son demasiado pocos y recientes como para saber si la poeta se arriesgará en su siguiente libro. Con el prestigio de un premio nacional, prestigio sobre el que nuestra sombra poco importa, y con la certeza de que puede publicar donde quiera, nada debería ser un obstáculo para que el próximo libro de Olvido, sin prisas, como ha hecho ella hasta ahora y como debería de ser, nos dé una sorpresa.

Valoración del libro "Esa polilla que delante de mí revolotea": 7,25 / 10

jueves, 23 de octubre de 2008

Alejandro Céspedes. Sobre andamios de humo. Edita Vitruvio


Hola amigas y amigos:

Vamos a hablar en esta contracrítica de "Andamios de humo (1979-2007)", libro que recoge la poesía de Alejandro Céspedes en su larga trayectoria como poeta. No se incluye el libro "Los círculos concéntricos", recientemente publicado.

La reseña la realizó Manuel Rico en Babelia. Por diversas razones, la nota de objetividad no puede ser muy alta: 5/10. Por nuestra parte, no tenemos ningún conflicto de objetividad en este caso concreto.

El libro comienza con el poemario "James Dean, amor que me prohibes", excelente título para un libro de poesía. El primer poema es una oración al propio James Dean como símbolo no sólo de la belleza sino de la juventud, de los recuerdos de la infancia y los sueños imposibles: "un vacío de absurdas mariposas / apareándose dentro de mi estómago".

Este primer poema, el mejor del primer libro junto al dedicado a varios cantantes, tiene un verso que es una pena que no se haya aplicado en el resto de "Sobre andamios de humo": "Proclamo este delirio y el verso se acobarda." En ocasiones veremos el verso enamorado de sí mismo, con los efectos que esto tiene sobre la calidad final de la poesía.

El segundo y tercer poema son también buenos pero se escapa algún cliché que en poemarios posteriores harán más daño a los poemas: "un sueño atropellado", "...los besos que tenían / desde hace tanto tiempo hipotecados". También existe un cierto rebuscamiento léxico muy ocasional (acibara) que creemos que en parte tiene que ver con una ortodoxia métrica que en ocasiones chirría ("las barbas de Neptuno ir habitando") en mitad de un lenguaje que suele ser coloquial.

Pero en general el nivel de estos primeros poemas es bueno. El poeta consigue llevarnos a su mundo de recuerdos, de pasiones insatisfechas, de una adolescencia complicada ("pues niños más hermosos / hace tiempo que juegan con barajas marcadas"), en donde el amor adquiere dimensiones míticas: "para que te pintase / al sol, / amor pacífico, / al sol / inmutable, corpóreo, previsible".

Por otra parte el poeta parece obtener mejores resultados hurgando en las oscuridades del alma humana que tratando de sacar brillo a lo que no lo tiene, forzando una estética demasiado almibarada. Así, en el siguiente terceto, el último verso tiene mucha más fuerza que el segundo: "Mi dolor es insecto / conservado en el ámbar del pasado, /alquitrán que recubre las plumas de las aves."

Relacionado con lo anterior, el peor poema de "James Dean amor que me prohibes" sería el número VI precisamente por el abuso de imágenes, a las que le sobran lazos y azúcares: "Y eras tú, columpiándote, una estela / de Mirurgia y pamela en el manzano", "un triángulo de calas y alhelíes", "Tú eras toda mi infancia y el talco de las rosas", "el melocotón tibio donde apoyar los labios"...

Los poemas siguientes abandonan ese tono arrebatado y en especial destaca el que tiene como titular las fechas de la muerte, todas cercanas, de Jim Morrison, Jimi Hendrix y Janis Joplin. Incluso el poeta se atreve con alguna imagen surrealista, uso que podría haber potenciado en mayor medida: "Canciones que son cactus / columpiándose / en los rojos desiertos del Perú". El mundo de la música, que parece importante para el poeta aunque apenas está presente en su obra, se resumen en esas canciones que "son losas, cuchillos, hojas finas / para venas que ansían el descanso."

En el poema a "Alejandro Magno", el sujeto poético se convierte en amante del mito, y lo hace de una manera contenida y hermosa. En el caso del poema sobre Aníbal se abusa de lo ya comentado en el poema VI. Una vez más observamos como los intentos por crear belleza se exceden hasta el amaneramiento ("y echas mi ancla al fondo de mi oído / desde el misterio de una caracola") mientras que en el dolor, cercano a un moderado expresionismo, la voz suena más original y acertada ("ese batir que tienen las sirenas / sobre el agua estancada de las calles. / Escucho sus lamentos de animal travestido / que me incita a arrojarme sobre su mar airado./ Átame con tus sogas, no me dejes / probar la tentación / pues se alborota el vuelo de los alcaravanes, hunden su cuello al fondo de un retrete / engullen su alimento de rodillas").

En el epílogo del poemario, el poeta declara, en su soledad, que esos seres, esos mitos, "ya no existen". En un tono pesimista que enlaza con el último poemario del libro, el poeta escribe de manera desgarrada y auténtica: "En esta arena nueva / ando buscando un árbol / para poder colgar los viejos nudos / que atiranten la soga tras las vértebras / que unen mi pasado / con mi desasimiento."

"Y con esto termino de hablar del amor (1979-2007)" agrupa tres poemarios que el poeta ha reescrito y reducido de manera importante dejándolos en uno solo, además de los cambios que también presente el anterior poemario. En general, el nivel de la poesía en este grupo heterogéneo de poemas está por debajo del nivel en "James Dean, amor que me prohibes". El primer poema es uno de los dos mejores de este segundo libro. Con una arquitectura anafórica, figura de la que el poeta nunca abusa, Alejandro expresa con una enorme fuerza su derecho al recuerdo y al dolor: "Y qué / si ya no puedo soportarlo. / Si cansado de amar a fotos muertas / introduzco mi aliento en una bolsa / de plástico y aspiro el pegamento".

Los siguientes poemas, de carácter elegíaco, recuerdan amores perdidos y tienen los dos problemas que ya hemos señalado: metáforas que suelen resultar fallidas por su exceso de ornamentación ("El amor que allí hubo y que bebimos / como agua primigenia se fue al fondo") y de lugares comunes, a veces con las dos problemas en el mismo verso: "memorizar las rutas de sus cuerpos". El poeta insiste en que busca el amor perdido en otros cuerpos, pero la emoción no se transmite como en el primer libro. Sólo cuando le sale la rabia, como el poema que comienza con el verso "Hice tanto el ridículo", el lenguaje es más crudo y apropiado al tema, y esa mezcla de amor y odio al "dios del instituto" se comunica de manera perfecta. El resto de poemas siguen en el tono más elegíaco, aunque se introducen nuevos temas como las discotecas o los prostíbulos, estos tratados con cierta ironía ante la hipocresía de la sociedad, ironía a la cual habría que añadir un enorme desengaño en el amor y una gran desconfianza en él: "No saben que las vidas más largas del amor / no me duraron más que unos minutos."

En el encuentro, o tropiezo, de dos personas que se amaron, en el poema no titulado que comienza como "A pesar del fervor...", Alejandro se mueve de nuevo en los terrenos del dolor: "Supieron que volvían de otro tiempo / ... / del lugar inexacto al que se emigra / cuando no se es amado y no se ama / y no se espera porque no hay razones. " El último poema, el que da título al libro, es un canto contra el amor, del que el poeta ya no espera nada. Lo ve, personificado, como un mercader: "Ya sé que únicamente es purpurina / lo que me vende a precio de aureola."

El siguiente poemario, "Las poemas mensajeras sólo saben volver", fue ganador del premio Hiperión el mismo año que otra buena poeta lo logró: Ada Salas. Para nosotros, curiosamente, es el peor poemario del libro. Últimamente se ha dicho que el premio Hiperión había bajado enormemente la calidad de sus premiados. Es posible que sí. Pero este poemario de Alejandro, que tiene libros buenos como el primero que hemos comentado y el último que queda por comentar, tiene los mismos defectos que muchos de los libros y poetas premiados o reseñados últimamente.

"Las palomas mensajeras..." se divide en dos partes, siendo la primera de mayor calidad que la segunda. Como buen seleccionador de ubicaciones de poemas, el primero de ellos está claramente por encima de la media, mostrando ese enfado que tan bien le sienta al autor: "Y es que dioses farsantes / habitan en tu nido / y sus bocas abiertas / reclaman ser cebadas con tus vómitos."

En este poemario hay un claro abuso de la figura de la prosopopeya, que se utiliza sin demasiado acierto, y en demasiadas ocasiones: "afluentes del pequeño / caudal con el que baja ya tu vida", "Sufres el espejismo de la noche / que rellena los vasos...", "El rito del silencio / diseca los minutos"... Hay también un número excesivo de metáforas, figura con la que el autor tiene una relación muy irregular. Varias veces, además, se repiten fórmulas extraídas de la liturgia católica, lo que hace que pierdan fuerza con cada nueva utilización.

Entre estos poemas que abusan de la metáfora y la prosopopeya, de repente surge una pequeña joya en el poema número IX, en donde esta vez sí que acierta con la retórica: "...ya sabes / que cada sueño nace a un plomo atado".

La segunda parte es similar a la primera pero sólo el primer poema está claramente por encima del resto. En los otros poemas ocurren los mismos errores de la primera parte. La memoria, los recuerdos y el tiempo son los protagonistas infatigables una y otra vez, junto con el esplendor en la hierba, causando un cierto cansancio temático, a la vez que algunos versos se exceden en su orgía esteticista: "El cello es una indócil mariposa / que vuela atolondrada / por el ceñido cosmos de mi frente.", o "Oh, saeta del ansia, / veloz rasgas el velo del olvido". En definitiva, un libro que de manera paradójica ha envejecido mucho más que su primer libro, bastante más antiguo.

El último poemario, el mejor junto con el primero, se titula "Hay un ciego bailando en el andén", título extraído de su último verso. En los primeros poemas parece existir una intención de desdoblamiento del yo, un intento por salirse de sí mismo. El tono se vuelve pesimista y oscuro, muy cercano al nihilismo. En el primer poema se dan pistas de por dónde puede ir el desdoblamiento y por dónde su salida: "la lluvia, / como una verja alta, /transparente, / es aduana del tiempo, / es frontera que cierra / el paso a la infancia / y separa a aquel niño que me mira / de este largo cadáver que hoy se moja."

En el segundo, el desdoblamiento continua en una especie de análisis extremadamente lúcido de la condición humana. Por otra parte parece, teniendo en cuenta la fecha de escritura del poemario, que el sujeto poético se observa a sí mismo viejo de manera prematura, como si hubiera vivido demasiado rápido y demasiado pronto.

En el diálogo consigo mismo que supone el tercer poema, la angustia se hace más profunda. Y en el cuarto la solución parece ser poner una barrera a la vida, "Qué insalvable distancia se introduce / entre la vida y yo.", en donde el poeta identifica a ese otro yo con el yo que tiene que dar la cara ante un mundo que le es hostil y le mata: "en cada diaria muerte / me obliga a seguir siendo mi otro mismo."

Magnífico el poema V en su conclusión y planteamiento poético. La felicidad de la infancia y de la no necesidad de recordar aparecen en el siguiente poema ("el recuerdo era un mundo inhabitado / al que no sabía cómo llegar"). Pero el pasado ahora es inalcanzable. En el poema VIII el nivel decae momentáneamente pero remonta con rapidez. El poeta parece alcanzar su culminación nihilista: "la cáscara de un hombre / ya sin sueños. / Fundirme hasta ser fósil. / Eso quiero." Y es que ante la afirmación de que "no hay más vida en el hombre que su propio pasado" poco se puede hacer y nada queda de hueco para la esperanza. A esto se le añade una desconfianza no sólo en sí mismo sino también en su especie: "Ser la raíz que escapa hacia la tierra. Nunca el hombre." Hasta el eje del planeta se oxida.

Los siguientes poemas caen en parte en los errores que ya mencionamos anteriormente, en concreto los números XV, XVII, XIX y XX. Sin embargo, los dos últimos poemas están entre los mejores de todo el libro. El poema XXI transcurre en un cementerio. La descripción tanto física como sentimental es excelente pero sobre todo los dos últimos versos son extraordinarios. En el último poema, aparece la duda, la pregunta final de la que ninguno tenemos respuesta, pero que está magníficamente formulada por el poeta.

Respecto a la crítica de Manuel Rico, como suele ser habitual en la crítica oficial, nos parece unidimensional. Cuando dice que "a veces, brilla la metáfora", ¿quiere decir que en el resto de ocasiones no brilla o que apenas hay metáforas, cuando el libro está cargado de ellas? En el apartado descriptivo, cómo no, sí estamos de acuerdo. Sigue faltando riesgo y proteína en la crítica poética de los grandes medios.

Es difícil hacer una valoración final de "Sobre andamios de humo" porque es un libro muy irregular. Estamos ante un poeta que, sin duda, tiene talento, pero al que parece que en una parte de su vida le han influenciado demasiado las modas pasajeras. En el libro hay poemarios bastante buenos y bastante menos buenos, versos extraordinarios y versos malos. Atendiendo a la evolución en el tiempo de los poemas, parece que la fiebre metafórica y retórica del poeta ha pasado, en parte, y los poemas del último libro tienen más que ver con la verdadera poesía de su primer libro que con los laureles adornados de guirnaldas de su premio Hiperión. Nuestra nota, en este caso, es una nota media, no sólo de los miembros del colectivo sino también de cada uno de los poemarios, que estarían evidentemente por encima y por debajo de la valoración que vamos a dar.

Valoración del poemario "Sobre andamios de humo": 6,25 / 10