
Una reseña de poesía esta semana en El Cultural. El libro es "Elegías romanas", de Johann Wolfgang von Goethe. Publica Hiperión y traduce el propio editor, Jesús Munárriz, en la que es su segunda versión de este libro, con cuya primera traducción el propio Jesús admite que no se quedó contento. Por cierto, deseamos a Jesús un pronto y muy duradero reestablecimiento.
La crítica está firmada por Antonio Colinas, que ésta vez se queda demasiado en lo descriptivo y apenas entra en el texto, dando detalles que ya habíamos leído en el prólogo. Sobre su objetividad con Hiperión, a la hora tanto de elegir publicar esta reseña de un libro ya editado como de la propia reseña, suponemos que estará aproximadamente a la altura de la nuestra: 4 /10
La traducción de Jesús, buena.
Recordamos que hace poco recibimos un correo que de alguna manera nos venía a decir que era fácil "meterse" con los poetas de ahora, en concreto hablaba de nuestra crítica de Ada Salas, que no fue precisamente negativa, pero que habría que vernos con un clásico. Bueno, pues ya ves querida lectora que tus deseos se han cumplido.
Las "Elegías Romanas" constituyen un poemario de 24 poemas que narran en parte la experiencia de Goethe en su anhelado viaje a Italia entre 1786 y 1788. Cuando el poeta alemán visita Italia, ya había publicado su "Werther" y era probablemente el escritor más conocido de Europa, y quizás el que contaba con el mejor mecenazgo, el del entonces casi adolescente gran duque Carlos Augusto de Sajonia-Weimar-Eisenach. De su estancia en Italia también saldrían las "Elegías venecianas" y el diario de viajes "Italienische Reise".
Goethe llegó a Italia con un hambre desmesurada tanto de clasicismo como de vida. Su estancia en las gris Weimar le hizo que quizás su viaje a Italia fuera realizado con la mayor de las pasiones. El mismo recuerda su estancia en Weimar de esta manera al comenzar el poema VII:
"¡Oh qué feliz me siento aquí en Roma! Me acuerdo de cuando
el día gris me cercaba a traición en el Norte,
cuando el cielo opaco y pesado se hundía sobre mi cráneo..."
Estamos ante un libro no culturalista como dice Colinas, barriendo para casa, sino plenamente neoclásico, como respuesta propia del poeta a su "Werther" y al significado que tuvo esta obra en el movimiento romántico europeo. La métrica utilizada, una adaptación del hexámetro y pentámetro latinos al idioma alemán con una fortuna irregular, y las clarísimas referencias a los tres poetas elegíacos por excelencia, Tibulo, Propercio y Catulo, además de alguna referencia ovidiana, y frecuentes preguntas retóricas enumerando a dioses, convierten al libro en un ejemplo de neoclasicismo. El mismo habla de la métrica en dos partes del poemario:
"y han contado con mimo en su espalda latinos hexámetros"
"A ti, hexámetro, a ti, pentámetro, confiado os sea
cómo me alegra de día, qué feliz me hace de noche"
Ya en el primer poema, con ecos ovidiano, el poeta nos cuenta que "Aún contemplo palacios, iglesias, ruinas, columnas.../ ¡Pero esto pasará pronto! ¡Luego será sólo un templo, / el templo de Amor."
Dicho y hecho, ya en el segundo poema el poeta ha encontrado amante y habla de "mi amada". Dice de ella, con una cierta ironía respecto al dinero que de nuevo remite a Ovidio:
"le alegra que no escatime el oro...
Mejor servida está ahora su mesa; ni le faltan vestidos
ni un coche le falta que la lleve a la ópera"
El poema III también es importante en este libro, en primer lugar porque introduce el tema del sexo por primera vez ("¡No te pese querida habérteme entregado tan pronto!"), y en segundo lugar, porque a la manera de los clásicos, razona y ejemplifica utilizando como base la mitologia
clásica.
Dentro de los rasgos de este Goethe italianizado, otra de sus características importantes es su paganismo, paganismo que escribe expresamente en el poema IV:
"Devotos somos los amantes, rendimos tácito culto a todo demonio,
pretendemos que nos sean propicios cada dios, cada diosa."
Y otra de las características que lo emparente con los clásicos latinos es el sentido del humor, y la propia ironía. Y así, cuando habla en el poema V (cuya nota se ha pasado por error al poema 6 en esta edición) de que el amor le quita tiempo para ilustrarse, él mismo se responde:
"¿Y no aprendo acaso a la vez que atisbo las formas
del seno gracioso, y mi mano por las caderas se mueve?"
Este sentido del humor también se ve en el siguiente poema en el reproche que la amada le hace sobre el disfraz elegido para ir a visitarla por la noche, y se verá en el conjunto del poema XVI.
"¿No has escogido por broma tú mismo un disfraz religioso?
¡Y había de ser un prelado!"
Los poemas del VIII al XI son más cortos de lo habitual en este libro. El IX es un canto puro al amor y el X una comparación del amor frente al dinero y el poder, cosas a las que nunca renunció el escritor, que de nuevo remite a los clásicos. El XI contiene una sútil referencia a Príapo, acompañada de una nota que de nuevo se ha colado en el siguiente poema.
El tono elevado de canto al amor no cesa en el poema XII: "Pues dos amantes son ellos solos todo un pueblo reunido", ni tampoco en el siguiente la referencia al pasado como base de la que se nutre el poeta, no sólo desde el punto de vista literaria sino también vital:
"¡Vive feliz y así en ti la antiguedad vivirá!"
En el poema XV de nuevo una referencia clásica, que incluso nuestros propios escritores del barroco imitaron, cuando pretenden que el tiempo se acelere para encontrarse con la amada:
"¡Qué lejos queda la noche! ¡Aún cuatro horas de espera!"
En XVIII el poeta se separa del canallesco Ovidio, para hablar de una fidelidad en el amor, que obviamente el poeta no llevó a la práctica durante su estancia italiana:
"...a quien es fiel le guarda idéntica fidelidad..
La juventud impulsiva prefiere seductores obstáculos; yo,
de un bien seguro disfrutar mucho tiempo tranquilo"
Tras un clásico enfrentamiento entre la Fama y el Amor, llegan los cuatro últimos poemas, censurados en una época muy concreta, a pesar de que comparados con otros textos clásicos, podríamos hablar del genial Aristófanes, la sexualidad es bastante comedida.
El poema XXI contiene un rechazo clásico a la riqueza y termina con este verso más tierno que escandaloso:
"Nos divierten las alegrías del auténtico amor desnudo
y el sonido chirriante, armonioso, de la cama que traquetea".
Al poema XX, una reflexión en clave simbólica de las enfermedades venéreas, le sigue un poema que termina con una referencia a Marcial que el propio traductor anota, y termina el poemario en su poema XXIV, aquí ya claramente mucho más atrevido, con el discurso de un dios de la fecundidad, Príapo, que termina catuliano o aristofiano, lo que se prefiera:
"Por eso también a ti te ha de rebosar desde el centro medio pie de largo
la espléndida verga cuando a la amada le ofrezcas,
y no ha de cansarte el miembro hasta que de las doce
posturas que Fileno con arte ideó disfrutéis."
"Elegías romanas" es un poemario divertido, interesante en su visita al mundo clásico, pero para nosotros no pasa de ser un excelente y jovial ejercicio de recreación y copia de los tres elegíacos clásicos italianos, con algún añadido ovidiano o de otras fuentes ya comentadas. Goethe era un enorme escritor e incluso cuando imitaba, o casi copiaba, lo hacía muy bien. Pero evidentemente "Elegías romanas" es una obra menor dentro del complejo universo literario de este genio, cuya culminación es quizás la primera obra posmoderna de la historia de la literatura. Su brutal, genial, eterno y extraordinario "Fausto".
Valoración de "Elegías romanas": 7,5 / 10