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sábado, 1 de noviembre de 2008

Olvido García Valdés. Esa polilla que delante de mí revolotea. Edita Galaxia Gutenberg-Círculo de lectores

Hola a todas y todos:

Perdón por el tiempo que hemos tardado en poner esta nueva contracrítica, pero la discusión interna ha sido intensa, a la vez que enriquecedora, y no ha sido fácil llegar a un consenso final sobre la valoración de la obra completa, hasta la fecha, de la poeta Olvido García Valdés.

El consenso sí parece existir en las dos críticas de El Cultural y Babelia respecto a la obra de Olvido, escritas por Túa Blesa y Ángel Luis Prieto de Paula. La propia autora, en el breve pero brillante apéndice ensayístico, da las claves que ella entiende de su poesía, claves que a su vez recogen los críticos sin que termine de quedar claro quién retroalimenta a quién. En nuestro caso hemos preferido no leer el apéndice al libro ni las críticas hasta tener una opinión formada. El resultado va a ser a veces cercano a la opinión del statu quo, pero anticipamos que al final se va a alejar bastante.

En el apartado titulado "Escribir 2" la poeta nos da las claves respecto a su estilo poético. Junto con otros puntos que menciona en sus ensayos vamos a construir nuestra contracrítica:

1) Comienzo y final abierto: En numerosas ocasiones hemos leído a Olvido comentar que sus poemas eran poemas abiertos en su comienzo y, sobre todo, en su final. Eso mismo hemos leído en reseñas de varios críticos. Realmente no creemos que ésta sea una distinción característica del estilo de la poeta salvo en algunos poemas donde Olvido hace patente esa ausencia de final. En general, sin embargo, su forma de empezar y terminar un poema no tiene la entidad suficiente como para construir una característica estilística definitoria y no se diferencia de muchos escritores de poesía contemporánea. De hecho, algunos poemas acaban con una definición concluyente. Otros pocos, es cierto, terminan como la poeta dice: "no hay nada, no hay nada ya / de luz / peso mío, mi quieta ", o "baba nutricia / para gusano / desde el frío / a la cálida." No es necesario dejar el verso sin acabar para llegar a la conclusión de que el poema no se cierra pero, insistimos, no vemos ese marcado carácter inacabado que la poeta sí parece ver.

2) "Versatilidad en el uso de las personas gramaticales, deslizamiento de una a otra, deslizamiento también de los tiempos -los de pasado y presente-": Efectivamente el uso del sujeto poético es variado. Es curioso que la primera persona sea poco abundante cuando en muchos poemas la voz final de la poeta es clara. No es fácil encontrar el pronombre yo, y quizás sea este punto el que más diferencia a la poeta de sus compañeros. Los deslizamientos temporales y de las personas gramaticales ni son tan abundantes ni son extraños en la poesía actual.

3) "Un ritmo que viene impuesto desde dentro del poema": En este punto la singularidad de la poeta, respecto a la mayoría de poetas españoles reconocidos, es muy clara. Hay una cierta contradicción en los escritos de Olvido que se agrupan al final del libro. En uno de ellos dice que "La poesía...trabaja a la contra...y contra la idea de musicalidad que parece perseguirla, idea que actúa con frecuencia diluyendo la precisión". En este sentido, su propuesta sería más radical de lo que en realidad es. Cualquiera que haya oído a la poeta recitar se dará cuenta en seguida de que hay una musicalidad clara y evidente en sus versos. En otro breve ensayo de la poeta incluido en el libro, sus palabras se acercan más a sus versos: "el ritmo no es de la medida, sino de los latidos y de la respiración". Finalmente, y quizás más importante, uno de los tres consejos que da para un supuesto taller de poesía es: "Ahondar en lo rítmico, buscar que se resuelva en lo de verdad respiratorio". En la práctica, por tanto, la poeta sí trabaja la musicalidad del poema, pero lo hace, aparentemente, sobre una base acentual a la que no le importan el número de sílabas. No es original ni innovador pero sí es poco frecuente en nuestra poesía, en especial en poetas de tan reconocido prestigio, y por tanto creemos que aquí sí se produce un signo distintivo estilístico frente a muchos de sus compañeros, incapaces de salirse de diversas variaciones de la silva, y para quienes un verso con un número par de sílabas es algo impensable (a pesar del uso arbitrario y ridículo que hacen de la dialefa, la sinalefa, la diéresis, etc).

4) La propia autora ha definido muchas veces un aspecto crucial de su poesía: la yuxtaposición. Efectivamente, son muchos los poemas que utilizan el mecanismo retórico de la yuxtaposición para crear dos, como mucho tres, planos poéticos que confluyen en el mismo poema. En general, los cambios suelen ir del aspecto contemplativo al reflexivo, comenzando en lo contemplativo, pero hay más usos de esta figura. Es un rasgo de su escritura que quizás tiene que ver con esa visión pictórica del cuadro, e incluso del poema, como un lienzo moderno en dónde no se trata, en ocasiones, de conformar un mensaje central sino que la poeta acepta la intensidad que produce la fragmentación frente al mensaje semántico unívoco. Aun siendo un elemento importante de su obra, por ubicuidad, no nos parece tampoco singular hasta la distinción por ser un discurso relativamente común.

5) Un punto que no vemos analizado en las reseñas y que, para nosotros es esencial en la definición estilística de la poesía de Olvido, es el uso, en nuestra opinión excesivo en sus últimos poemarios, de dos figuras retóricas: la elipsis (de artículo o verbo, en general) y el hipérbaton. Para una poeta que algunos sitúan dentro del postmodernismo, no deja de resultar sorprendente la línea directa que establece Olvido con nuestro barroco, a través de la elipsis, que para Sarduy es el mecanismo retórico básico del discurso barroco, y el hipérbaton, figura retórica también esencial de nuestro siglo de Oro. En algunos poemarios es difícil encontrar poemas en los que no se utilice alguna de estas dos figura o incluso las dos. De hecho, hasta el propio título del libro es un hipérbaton. Resulta igualmente sorprendente que el prologuista diga que la poesía de Olvido está "desprovista de toda retórica" cuando la arquitectura retórica es muy abundante y, desde luego, nada invisible.

6) En algunos textos hemos leído que el lenguaje de la poeta se acerca a lo cotidiano. Incluso en la propia contraportada del libro se habla de "la palabra conversacional", característica que también menciona Eduardo Milán en su prólogo. Por supuesto, en un país como el nuestro donde el rebuscamiento léxico llega a ser patológico, la palabra de Olvido es, comparativamente, más desnuda. Pero por un lado no se puede hablar de una palabra conversacional cuando ésta se halla construida con frecuencia en base a retorcidas estructuras sintácticas que nada tienen que ver con el habla cotidiana. Por otra parte, no son pocos los ejemplos de palabras que no forman parte del habla conversacional, o al menos, no del habla actual: podre, opalina ceniza, espesamente prístinas, heliófoba, uso muy frecuente de "mas" como conjunción adversativa, heliófoba, algún verso en francés, semejaba, hirsúto, ornada de chispeante polvillo, conseja, etc.

7) También es muy común el uso de sintagmas que definen, que cumplen la función que en otro tipo de poesía cumpliría la metáfora pura, y que suelen presentarse como enumeraciones. Como ejemplo: "Los excursionistas ...se mueven con angustia, muy despacio, tristeza inquieta de sueño, opresión extraña en los ojos."; "Como agua vinieron en la noche / las ovejas, pies de agua y esquilas, cada una / de lo solo y de arena; resplandecientes / y abruptos, gruñidos o quejidos horadados / el pastor, mover de brisa, de agua / de ola retirándose, un único animal, un / signo raudo y musical, fanal / de la linterna, raíl de guturales, /..." En ese lenguaje que define es frecuente también el uso del infinitivo verbal, que a su vez logra evitar el uso de la primera persona. Menos frecuente y mejor usada es la aliteración: "tercos tristes tenaces". Incluso a veces, pocas, nos hallamos en territorios comunes ya comentados habitualmente en estas páginas: "pierde quien muere, nada gana / tampoco", "...sol negro / sin número ni forma", "a mar de oro raíz de sombra", "Creció la memoria en el tiempo", "A veces el tiempo se dilata...", "En la nuca un lienzo / al que llamó tristeza", "que el sol dora al caer", "Dobla su cabo el año" (expresión casi repetida dos veces más una tercera que dice: "Pronto girará el año"), "juntos tomamos la barca de la noche", etc

8) Oscuridad buscada: En varias ocasiones la poeta comenta algo similar a este verso: "Me da miedo la luz, / lo quieto de la luz,". O: "Mi gusto por lo oscuro / viene de ti". Todo a pesar de que "La noche mide las cosas". Como recomendaba un viejo poeta a los jóvenes, "échale un poco de oscuridad al poema." En otras palabras, el discurso se hace, de manera voluntaria, más oscuro, gracias a las diversas técnicas retóricas que emplea la poeta. La oscuridad se logra también añadiendo a lo anterior la ausencia de puntuación en algunos poemas, lo que contribuye a la polisemia del poema. El lector ha de construir, a veces, su propia versión del mensaje semántico: "allí en la horquilla / que une rama y tronco / está / fijo en el ojo en la garganta...". No es una oscuridad gratuita, sin embargo. Sin duda es uno de los puntos atrayentes de la poesía de Olvido.

En la crítica de Prieto de Paula al libro de Olvido el profesor habla de la unidad del conjunto. Y tiene toda la razón. No es tan fácil distinguir un poema de un libro de un poema de un libro anterior. En realidad, cada poema forma parte de un único libro. Y esto se cumple, en general, tanto para la arquitectura técnica del poema como para la arquitectura temática. Con una retórica similar, y utilizando una serie de palabras fetiche (los pájaros y las especies que la poeta menciona, su trino, noche, otoño, luz, los colores azul, verde, rojo, blanco y negro; musgo, araña, hilo, árbol, frío, adobe, anciana, fetiche, casa, acre, muerte, sueño, pez o peces, corazón, césped, hierba, varios tipos de flores), la poeta construye sus poemas casi siempre de manera similar.

Llegamos quizás al punto donde vamos a comenzar a salirnos del stau quo del pensamiento crítico oficial. Dice la poeta que "Hay una poesía que se podría llamar acumulativa...hay otra que busca más bien mecanismos de intensificación...enfermedad por enfermedad...prefiero la anorexia." Olvido García Valdés siempre ha sido ubicada dentro de esa corriente en la cual la poesía trata de ser depurada, esencializada, intensificada como ella misma dice, frente a esa poesía "acumulativa". Pero cuando se contempla la poesía de Olvido en su conjunto, cuando vemos de forma tan clara que cada poema en realidad es casi una estrofa de un poema mayor, el dogmatismo de la anorexia poética de su palabra frente a la poesía "acumulativa" se cae. Se cae de bruces, además.

Esa estructura holística en la que el poema se inscribe, se convierte, para este colectivo, en el mayor problema de la escritura de Olvido. La lectura completa produce cansancio debido a la percepción de repetición de formas y fondos, de herramientas retóricas y de un léxico demasiado concentrado en torno a pocas palabras.

Olvido es una buena poeta. Analizados individualmente, o por poemarios, los poemas de Olvido, en muchos casos, son excelentes: el ritmo es magnífico, la contemplación es sabia y detallada, su uso de la no puntuación se adecúa a las peticiones del poema, los versos cortos y las frases a veces más cortas expresan mucho más que otros poetas con múltiples estrofas. Hay, además, una preocupación metafísica e incluso política que añade profundidad a su obra, una subjetividad hábilmente escondida, una lentitud deliciosa en su mirada, una capacidad lírica elevada, un uso inteligente de la yuxtaposición y un ordenamiento final del mensaje estético que presenta una profunda base filosófica y hace externa una visión personal e inteligente del mundo. A todo esto habría que añadir que Olvido eligió un camino poco común entre los poetas más conocidos de nuestro país, y la valentía es siempre una virtud.

Olvido ha creado un estilo propio, algo que no todos los poetas pueden decir. Es fácil distinguir un poema de ella de poemas de cualquier otro autor español. Sin embargo, se ha producido, ya desde hace tiempo, un estancamiento, estancamiento que era imposible detectar para los lectores que habíamos leído tan sólo "Y todos estábamos vivos", pero que es sorprendente cuando se lee su poesía completa. Los grandes poetas de la historia no sólo han tenido un estilo propio sino que han sabido reinventarse a sí mismos unas cuantas veces a lo largo de su vida. Hace poco leíamos el caso de Wallace Stevens y las enormes diferencias que tiene "Harmonium" respecto a "La roca". En el caso de Olvido esto no ha ocurrido todavía. Sí ha habido pequeños cambios, sin duda. En los primeros poemas, por ejemplo, apenas se usaba el hipérbaton y en los últimos es constante. En los últimos son también más frecuentes los juegos de palabras ("transcurrir del día enteco"), las paradojas finales ("como si fueran los otros / siempre a estar ahí y de / pronto no están o no estuvieran"), alguna referencia culturalista o una mayor presencia de la ciudad. Pero hay un agotamiento del discurso en su forma y fondo. Hasta aquí debería de llegar esta vía estilística y léxica. Casi siempre hay comunicación estética pero la comunicación poética se agota y la sensación de repetición comienza a ser algo bastante más serio que una sensación.

Los poemas inéditos de Olvido que se incluyen al final son demasiado pocos y recientes como para saber si la poeta se arriesgará en su siguiente libro. Con el prestigio de un premio nacional, prestigio sobre el que nuestra sombra poco importa, y con la certeza de que puede publicar donde quiera, nada debería ser un obstáculo para que el próximo libro de Olvido, sin prisas, como ha hecho ella hasta ahora y como debería de ser, nos dé una sorpresa.

Valoración del libro "Esa polilla que delante de mí revolotea": 7,25 / 10

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Eloy Sánchez Rosillo. "Oír la luz"


Queridos amigos y amigas:

Comenzamos por el final. ¿Qué le pasa a Tusquets? ¿Qué rumbo ha cogido su colección de poesía?...

El poemario que pasamos a comentar es "Oír la luz". Lo escribe Eloy Sánchez Rosillo y edita Tusquets. La reseña la escribió en primer lugar Ángel Luis Prieto de Paula en Babelia.

Eloy es un poeta afable, simpático y buena gente. Nos daremos una objetividad de acuerdo a ese perfil: 6 / 10. Respecto a la objetividad del crítico, en nuestra opinión, profesor reseñando a profesor, compañero a compañero, no puede ser muy alta. ¿Igualamos? Bien: 6/10

En rojo, extraíble y desechable, el libro contiene un aviso que nos hace temernos lo peor: "Una de las obras poéticas más genuinas de las últimas décadas. Una voz, una palabra limpia, bruñida, auténtica." Firma: Miguel García-Posada. Desgraciadamente, nuestros peores augurios se van a cumplir.

¿Qué le ocurre a la crítica española oficialista para alabar un libro como éste? ¿Dónde ha quedado su objetividad, su conexión con el siglo en el que vivimos? Necesitamos comenzar de cero. La poesía española, en su aspecto crítico, pide un relevo generacional urgente para evitar la esclerosis múltiple que se ve en sus alturas mediáticas.

Marginales, se llama la colección. Ya. ¿Al margen de qué? "Nuevos textos sagrados" de subtítulo de colección. ¿Se puede ser más pretencioso y a la vez más incongruente? Ni marginales ni sagrados. Con las excepciones que ya hemos comentado en otras ocasiones, podríamos empezar a hablar de prescindibles. Textos encumbrados prescindibles.

El libro de Eloy, salvo por algunos escasos poemas, cumple con todos los defectos de los últimos números de la colección, acentuándolos en algunos casos e igualándolos en otros, no sin algún aspecto original propio del poeta. De nuevo, la obsesión temática con la luz, sin trazas de originalidad ni en forma ni en fondo, una luz que se convierte en una metáfora obsesiva del libro, luz capaz de curar a la humanidad de todos sus problemas, y que se corresponde con una subtrama supuestamente mistérica que nunca llega a ser tal.

En primer lugar, denominador común de unos poetas que casi podrían denominarse, educadamente, nuevos formalistas, el lenguaje es, en general, artificial y amanerado, llegando a la cursilería en varias ocasiones. Salteados, sin vocación de ser exhaustivos salvo que alguien nos lo reclame: "una alamo / encendido al sol, la golondrina / que vuela en el jardín de un lado a otro", "En este instante pasa una muchacha / por delante de mi melancolía", "la inapresible flor de la esperanza", "se alcen en la remota heredad de la aurora", "Siempre es nueva la dicha de los ojos / cuando vuelve la aurora."; o el gongorismo: "La luz del día le arrancaba súbita / mágicos centelleos de oro limpio, / esquirlas de diamante."

Incluso hay alguna reminiscencia borbónica: "me conmueve y me llena el corazón / de alegría y consuelo." También un homenaje, no sabemos si voluntario o involuntario, a Victor Manuel: "Las palabras de amor que pronunciaron / tantos y tantos labios, ¿dónde están?" Y algún poema casi escolar como "Apunte de una nube", que describe las variadas formas de una nube y que supone la sima de todo el poemario.

En segundo lugar, a pesar del amaneramiento del lenguaje, en muchas ocasiones, paradójicamente, o no, el texto cae en lo narrativo. Hay varios ejemplos pero pondremos sólo uno: "He soñado esta noche que volvía / a una ciudad de Italia en la que estuve / todo un verano de mi juventud. / Me ocurrieron allí cosas hermosas, / y fui dichoso entonces como apenas / haya alcanzado nunca a serlo / tan plenamente." Otros poemas sobrecargados narrativamente y que podrían pasar por prosa pura en otra disposición espacial serían "Invierno", "Porque nada termina", "Observación del alma" o "La feria del sol".

Como suele ser habitual en este grupo de poetas, la complacencia métrica es total y el lenguaje se ve sometido no pocas veces al triste y monótono cómputo de sílabas impares.

Cuando el poeta no cae en lo narrativo sino que intenta reflexionar, las reflexiones son todo lo contrario a lo que llamaríamos una reflexión profunda. Si un poeta decide poner por escrito sus pensamientos, lo mínimo sería que estos aportaran algo de originalidad o de profundidad. Ocurre justo lo contrario. En "Los trabajos del alma" sabemos que el alma está ocupada en sus propios asuntos. Bien. En "De la naturaleza de las cosas" se hace una referencia heraclitiana sin mayor aporte, y que encontramos en algún otro poema. En "Correspondencias" el poeta escribe sobre el concepto milenario ying-yang...

La misma falta de originalidad se aprecia cuando el poeta decide usar la retórica y comienza a tirar de toda una serie de clichés que ya no aguantan más. Sintagmas como "manantial del tiempo". O versos como "la incadescencia en que el amor destruye", "que en el cielo encendían y apagaban / intermitentemente las estrellas", "y a la mágica luna, que mostraba en las noches / su faz entre las nubes", "abril no es sólo abril, /sino algo más, inmenso, incalculable", "El sol de la mañana entraba allí a raudales /.../ahora en mi corazón lo noto entrar", "Hasta el mar se le acerca mansamente / y le lame los pies", etc.

Incluso algún poema es en sí mismo un cliché, como el que habla de la pérdida de oportunidad a través de la metáfora de perder un tren y titulado "Trenes". El propio poeta da la clave del origen de tanto cliché en su metapoético "Una palabra y otra".

Y la especialidad del poeta, los poemas elegíacos, nos cuentan experiencias que en general resultan intranscendentes por su carácter anecdótico, sean los gallos o las estaciones que se repiten una y otra vez. No canta en el pecho la elegía como dice el poeta. En otras ocasiones, la personalización del verano, "Adios, verano", o de los recuerdos, resulta muy desafortunada.

Sí, hay poemas por encima de la media como "Mirar", el sinestésico que da título al libro "Oír la luz", el narrativo pero poético "En la casa de Keats", o los dos poemas en los que habla de su madre, "Madres", y sobre todo, "Irreparablemente". Pero en general es un libro que nace viejo, lugar común de muchos otros lugares comunes lejanísimos, falto de brillantez, de ingenio y, sobre todo, de poesía. Más que pedirle ayuda a la "Señora", como hace el poeta, para escribir sus nuevos versos, no estaría de más actualizar esas lecturas de los maravillosos Keats o Dickinson que menciona con algo que pertenezca al tiempo que nos ha tocado vivir.

Abran paso.

Valoración del libro "Oír la luz": 3,5 / 10

lunes, 11 de febrero de 2008

Vicente Gallego. Si temierais morir. Babelia, El Cultural, segunda semana de 2008

Como siempre, antes de empezar, queda ya muy poco tiempo para que podáis votar a los mejores poemarios de 2007. Os animamos a hacer un último esfuerzo y a mandar vuestros votos. Muchas gracias.

Antes de empezar también, queríamos poner a la luz una conversación, con el permiso de la persona, aunque no tenemos el permiso para decir su nombre, que tuvimos hace poco con un/una premiado/ada con un nacional de poesía. Nos hablaba esta persona, curiosamente dado quien es, de que los monopolios en ningún sitio son buenos, y en poesía tampoco. Nos comentaba que desde el año 2000, de los ocho premios nacionales concedidos, cinco habían sido publicados en Tusquets. Aunque no nos dijo el porcentaje, efectivamente que más un 60% de los premios vayan a parar a la misma editorial parecería indicar que o sólo Tusquets hace un buen trabajo y los demás hacen lo que pueden, o que hay gato encerrado.

Afortunadamente los premiados más recientes han sido muy plurales en su concepción de la poesía, pero habría que pensar más en por qué ocurre esto. Nos comentaba esta persona que, curiosamente, aunque Internet tuviera sus problemas, veía una cosa positiva. Cuando dentro de 50 años alguien analice la poesía española de comienzos de siglo XXI, no analizará tan sólo las reseñas de poesía de los periódicos sino que mirará también lo que se escribía en ese mundo tan real como el papel llamado Internet. Y nos comentaba, "menos mal, porque si no ese alguien pensará que todos los que hacían críticas estaban de acuerdo en un pensamiento único que resulta descorazonador". Así que, para ti que lees esto cuando ya al menos nosotros ya no estaremos, que sepas que de pensamiento único, nada. Y que por eso, precisamente por eso, estamos aquí. Un abrazo desde el pasado.

Y comenzamos con Babelia, que trae una única reseña de poesía: "Si temierais morir", de Vicente Gallego. Edita Tusquets. Realiza la crítica Ángel Luis Prieto de Paula. Ángel Luis es el primero de los cuatro críticos que aparece en las tapas del mismo libro alabando el poemario. Su objetividad es probable que esté en un nivel medio siendo optimistas:

Objetividad a priori del crítico en nuestra opinión: 6 / 10

Respecto a la nuestra, de todos es conocida nuestras reticencias hacia los premios Loewe y Ciudad de Melilla. Ambos premios adornan el curriculum del poeta: 5 / 10.

A pesar de ser el primer crítico citado, también aparece Luis Antonio..., en la crítica Ángel Luis no parece entusiasmado con el libro. Tampoco parece lo contrario. Quizás es difícil en tan poco espacio que les dejan expresar lo que uno quiere, pero no cabe duda que Ángel Luis tiene capacidad de sobra como escritor para meter en un sms una reseña. Quizás no ha querido ser más claro.

El poemario se divide en dos partes: Antes, y Ahora.

Antes comienza con un poema, "Humo de pajas", dedicada a Carlos Marzal, amigo de Vicente, en lo poético, en lo premiado y en lo parapoético. De hecho, la escritura de ambos se parece cada vez más y más.

Este primer poema es un buen comienzo, aunque desgraciadamente está por encima del nivel de calidad del resto del poemario. El tono reflexivo, la figura del padre, sea ésta real como en este caso, o espiritual como en otros casos, serán puntos comunes del resto del libro.

Algunos de los posibles defectos del poemario, que apenas se dejan entrever en el primer poema, aparecen con mayor determinación ya en el segundo, dedicado a Miguel Angel Velasco (de un plumazo los tres Loewes seguidos). El tono reflexivo continúa, pero se anticipa que la profundidad de las reflexiones va a ser escasa y que, por el contrario, el lenguaje va a estar muy alejado de lo que se podría denominar "cotidiano". El léxico de Gallego va a estar profundamente afectado por un barroquismo, muy del gusto de algunos poetas de la misma zona, que va a lastrar enormemente su capacidad de transmisión poética. Como ejemplo de lo primero: "¡Si nos lo hubieran dicho / que estar vivos sería / un asunto tan serio!". Como ejemplo de lo segundo: "donde sonaba ayer el agua queda".

El segundo ejemplo viene a demostrar no sólo el conservadurismo léxico sino también el conservadurismo métrico, muy propio de todos los miembros afines de su generación, en la que parece que no hay salida fuera del heptasílabo y del endecasílabo, alias silva. Esto lleva a que el autor haga un uso frecuente del hipérbaton y de palabras rebuscadas para ajustarse al patrón métrico. En su conjunto, todo queda con una textura antigua, falsamente clásica. Si buena parte de la poesía moderna a nivel mundial se escribe como una reflexión compleja utilizando palabras sencillas, en el caso de este último libro de Vicente Gallego nos encontraríamos justo en la orilla opuesta.

Sólo hay que atender al comienzo del tercer poema: "Quién obliga / este afán". Ya en el cuarto poema comienza a aburrirnos el poemario. Miramos el resto de páginas que quedan, hasta la 120, en un gesto que repetiremos muchas veces hasta acabar el libro. Hacía mucho tiempo que un libro de poesía no se nos hacía tan pesado de leer, tan aburrido, y nos aportaba tan poco, tanto en lo poético como en lo humano.
"Esta vida / no es vida, es sólo menester". Nos sorprende la falta de originalidad, el eco, no la voz.

Y en el quinto poema ya, asoma sin timidez otro de los grandes problemas que, a nuestro juicio, posee el poemario. Comenzamos a atar cabos cuando ya casi al final del poemario aparecerá un poema dedica al crítico Francisco Díaz de Castro y recordamos la crítica del mismo al libro de Miguel García Posada. Ambos libros pecan de un amaneramiento estilístico que quizás se podría soportar si ocurriera en un sólo verso pero en este libro se repite con abrumadora frecuencia. Ejemplo en este quinto poema: "En tu campana azul, aurora rosa, / la vírgula del sol despliega el mundo /". Y de nuevo la falta de originalidad, tanto en los versos "...se satura / el cielo de azafranes" como a nivel reflexivo "la vida siempre urgente...".

Y el amaneramiento, la excesiva ornamentación del verso, su sonido antiguo que no clásico, la constricción que supone el corsé métrico ("va en compaña de muertos"), se repite a lo largo de todo el poemario hasta la extenuación, hasta que de tanto almíbar ya el azúcar no se puede disolver. A modo de breve muestra: "Si una chispa pudiera / ... / de mil penas de amor prender la música"; "Entre dos nubes peina / el arpa de la luz los corazones / que ahora miran arriba y allí ven / la madrugada arpista pulsadora"; "y con sus palmas limpias ha extendido / el mantel sin doblez del firmamento."; "De un aire que pasaba, enamorado; del pétalo en la tromba"; "en su blanco organdí la carne grave"; "y allí, en la caracola / doliente del oído"; "Ni una onda tremola en desacuerdo"; "la rosa y el jazmín de la inocencia"; "jamas perdidamente / se embriagó ningún enamorado / como éste libando / el agua que le dabas de azucenas.".

Ocurre lo mismo con la construcción reflexiva de los poemas, casi naif en algunos casos: "Llegamos sin quererlo; / partimos sin querer"; "Me he mirado despacio / y no me encuentro."; "¿Qué haría el que primero / hallara el don del fuego..."...

Y ocurre también lo mismo con las metáforas que escribe el poeta, a nuestro juicio, muchas veces fallidas por la imagen y/o por su falta de originalidad tanto temática como constructiva: "Ya viene a reclamar / la lámpara del juicio su derecho"; "y ahora doma / -para que no alborote - / al potro de la idea"; "En este gran colmado / donde todo se vende"; "No han de verlo mis ojos / al que prende esta dura / vela larga de sed / en el vaso del alma"; un involuntario homenaje a Bart Simpson "Tú eres antes que el Uno / y multiplicas / por cero cuanto aquí parece ser".

Entre este panorama poético que parece un fallido homenaje al barroco del siglo de oro ("Jamás imaginé que se pudiera, / tan de gusto y favor, / ser así sometido", "ha obtenido su ser y halla custodia / en celda de topacio"), hay algún poema que nos gusta. En "El soñador", Vicente consigue transmitir poesía, hablando además de uno de los temas más difíciles y en donde más sencillo es caer en la cursilería: el amor a los hijos. Qué pena que el tono más sobrio y más poético de este poema, y decimos poético en lo que se refiere a transmisión de sentimientos y no a carga retórica, no sea el tono dominante del libro sino la excepción que en pocos otros sitios encontramos: "cuando el ceñido apuro de vivir / se despasa un botón y respiramos"

Termina la primera parte con el poema espiritual "Padre", que a pesar de la metáfora fallida del ajedrez, o del homenaje involuntario a los Simpson, es de los mejores del libro, pero estamos ya agotados, y lo que es peor, aburridos, del poemario. Hay métrica, ritmo, pero siempre el mismo, hay un abundante aparato retórico demasiado visible, el barroquismo mal entendido agota, la falta exagerada de comunicación poética, de descubrimiento, ya nos ha cansado. No ha habido emoción, ni acercamiento al misterio, ni nada.

La segunda parte, de un tono más optimista (el agua ya no ahoga, / me lava y refresca; "y en la boca pondré de mi cadáver / la rama siempre verde"; "Ya no miro, / celebro y acompaño...), incide en los mismos problemas de la primera. Al margen de la estética, una poesía reflexiva debería estar basada en pensamientos que tuvieran algo de novedoso, o en su concepto o en su forma de expresión. Nada de esto hay en el poemario. El lenguaje nos aleja de él ("la endecha de mi amado", "Decliné componendas", "me prodigué en los desatinos", "Negadme, si gustáis", "como sirve el tesoro su alcancía"; "oculta la resina lanceolada", "al trueque de su último denario"; "a broza su saliva"; "...¿Cómo puede / amargarnos la prez de las medidas?; ) y parece confirmar lo que dice en uno de sus poemas: "todas huecas, palabras".

Un poemario que podría ser de uno de esos libros escritos por poetas posteriores al siglo de oro que trataban de imitarlo pero sin la brillantez ni el oficio de los originales. Ni por el lenguaje ni por las referencias, parece que estemos en el siglo XXI. Y no porque el poemario sea intemporal, sino porque ya ha nacido viejo, como un niño de barba blanca.

En resumen, un poemario reflexivo en el que las reflexiones ni son originales ni son escritas de manera original, una métrica repetitiva que además obliga a continuos retorcimientos sintácticos forzados, un léxico, a veces también forzado por el corsé métrico, tan poco natural como rebuscado, una profunda falta de comunicación de la poesía que podría llevar el poeta dentro, y, finalmente, el aburrimiento al que enseguida llega el lector en un poemario al que le sobran páginas, hace que nuestra valoración no pueda ser ni mucho menos positiva:

Valoración de "Si temierais morir": 4 / 10

Esta fue la única crítica de Babelia de poesía aunque curiosamente tanto la edición digital como la escrita tenían el nuevo libro de relatos de Muramaki en la sección poesía. Evidentemente la crítica la hace uno de los críticos de narrativa.

Y para terminar, vamos a ser muy breves con El Cultural. Una única reseña de poesía, dedicada a la enésima antología de Hiperión. Por supuesto, nombres muy interesantes en la antología al lado de nombres que no nos interesan. No hay nada nuevo, ni vemos motivos para reseñar un libro cuyos autores tienen multitud de poemarios a la disposición en cualquier librería. Muchos nombres Hiperión, por supuesto. Una línea más para el cv de quienes lo necesiten, que no son todos. Y otra reseña más de una persona que se está convirtiendo por méritos propios en el crítico que nadie quiere que le toque. ¿Resultan creíbles los halagos que grita José Luis Moreno cuando anuncia a un artista al escenario?. Pues eso.