lunes, 16 de junio de 2008

Max Blecher (1909-1938). Cuerpo transparente


Hola amigos, amigos y demás:

En dos semanas Babelia ha publicado tan sólo una crítica de poesía, crítica además ubicada dentro de una crítica de narrativa. La reseña la realiza Ignacio Vidal-Folch. No vemos ni conocemos problemas de objetividad por ningún sitio. Nos preguntamos, eso sí, qué ha sido de los críticos clásicos de la casa. Y de la poesía.

El libro en cuestion se trata de "Cuerpo transparente", y está escrito por el rumano Max Blecher. Edita "Ediciones de la rosa cúbica". Traduce Joaquín Garrigós.

Es difícil valorar un poeta cuyo único poemario tiene 15 poemas, aparte de algún poema suelto más que rescata esta edición. Se nos podrá decir que la obra de San Juan de la Cruz también fue brevísima, pero casos como el de San Juan se producen uno cada milenio.

Max Blecher vivió tan sólo 29 años, y los diez últimos lo hizo inmovilizado por una escayola como consecuencia de una tuberculosis ósea. Su labor como narrador es bastante más conocida que como poeta, aunque la obra completa de este libro bilingüe nos ofrece a un poeta que podría haber dado mucho de sí en otras circunstancias vitales.

La poesía de Max está claramente impregnada por movimientos muy concretos de la poesía de su época. Hay muchos matices surrealistas en varios de los poemas. A modo de ejemplo:

"vitrinas lunares con ángeles y sables"
"aguilas aleteando blancas sobre las montañas del sueño"

Y también hay elementos de escritura automática, que le emparejan directamente con Breton:

"El caballo es la mujer de agua camafeo
Con pechos de nubes
Con el gesto real como una zarpa
En el cerebro
Y bandera en el sueño descolorido de la muerte
Isla en la mañana locura fría
...
El caballo entra el caballo sale
...
Con orejas de aire
Y pendientes de gorriones
..."

Curiosamente también puede entreverse ecos postmodernistas en algunos versos, normalmente acompañados de imágenes surrealistas:

"Tu mirada interior lleva una barca y me la envía
cargada de terciopelo de ojos negros y diamantes"

"El vestido del mar en la concha del zafiro mueves o deslizas
navío o acróbata, tú, río vertical con la diadema
del pelo azul cascada de helechos y de gritos"

En general el tono suele ser lírico con alguna pequeña excepción como la parte titulada "París y otros poemas", y en algunos poemas el surrealismo y la escritura automática son llevados hasta casi el extremo como en el caso de "Poema grotesco".

Hay también algún poema metapoético, en donde el poeta define de diversas maneras a la palabra, "dibujos indescifrables de esta escritura / Como mis manos, como tus ojos cerrados."

Y también hay imágenes bien logradas y escritas:

"...ayer al anochecer
se ahorcó un ángel en un momento de felicidad
y sus alas caídas chirrían bajo tus pies..."

"Buques como cabezas de ahogados con el cigarrillo aún en la boca"

"Los niños, por la tarde, volando su cometa, sostienen en la mano un hilo de saliva a través del cual el soldado no les envía nada..."

Entre los mejores poemas del libro destacaríamos "Eternidad" junto con "En la orilla".

"Por un momento", ya en dentro de los poemas sueltos, es un poema original de rebobinado del tiempo si tenemos en cuenta cuándo fue escrito: "mi corazón retrocede hacia la noche del feto y se transforma en sexo".

Y sorprende que en todo el poemario, el tono general no hable del dolor del poeta, ni de sus gravísimos problemas físicos, sino que hasta incluso se atreve a mencionar la palabra más sagrada:

"Amor red del mundo en la que los hombres atrapados
Danzan como payasos serios y enloquecidos"

Sólo a veces el poeta nos hace ver algo de su larga agonía:

"Tus manos en mi cabeza
Como dos piedras en una sola tumba"

Pero tiene un tono neutro, con la excepción del último poema, como puede leerse en estos versos:

"En vano intento silbar
Es como si atravesara la masa de una melancolía
Y como si siempre hubiera sido así
A medias hermoso y a medias triste"

Acaba hermosamente el libro: "toda la calle...me tomó por un fraile en busca de un volumen de aire tranquilo para depositar sus sortijas".

Como decíamos al principio, es difícil valorar un poeta con una obra tan corta. El libro que se nos presenta, sin embargo, es un excelente ejemplo de poesía surrealista, escrito por un autor que llevaba la poesía en sus venas, que presenta poemas muy buenos, sin apenas fallos, de una gran liricidad, y que tan sólo necesita de una voz más propia, que sin duda el poeta habría logrado viviendo más, para convertirse en una poesía muy grande. A pesar de su brevedad, un libro recomendable.

Valoración del libro "Cuerpo transparente": 7 / 10

martes, 10 de junio de 2008

Manuel Vázquez Montalbán, Poesía completa 1963-2003. El Cultural

Hola hermanos:

La pasada semana El Cultural nos trajo una reseña de poesía además de una reseña de un ensayo sobre poesía.

Nos centraremos en el libro de poesía. Se trata de "Poesía Completa 1963-2003 Memoria y Deseo" de Manuel Vázquez Montalbán. Publica Península.

La crítica la realiza Túa Blesa. Nos vemos a priori conflictos de objetividad por ninguna de las partes, pero si alguien tiene más información, que lo diga por favor. La reseña de Túa, en su línea habitual, poco acertada, plana y sin matices ni atrevimiento. Se vuelve a meter a un poeta, en este caso Manuel, en el que parece el gran cajón de sastre de la poesía cuando no se sabe qué decir, Eliot y Pound, lo cual, para nosotros es un error en el caso de Pound, al margen de guiños intertextuales, que incluyen otros muchísimos autores, salvo que el Pound que hayamos leído nosotros sea distinto.

Comienza el libro con un buen prólogo de Manuel Rico. Es un prólogo bien escrito, con interesantes matices sobre la historia reciente de la poesía con los que estaríamos bastante de acuerdo, está documentado, y demuestra, Manuel, que te mueves bien en el terreno del ensayo.

El primer poemario de Manuel, quizás el más famoso, lleva por título el excelente "Una educación sentimental". Comienza con el antologado título: "Nada quedó de abril", verso al que el propio poeta nos remitirá en la última parte de su obra. El verso no sólo se inspira en el primer verso de "The waste land" de Eliot sino que el tercer verso, como puede observarse, dice "Memoria y deseo", justo el nombre de la antología, pequeño detalle que tanto parece que se ha olvidado:

"APRIL is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing

Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain."

Comienza el poemario en su primera parte, "El libro de los antepasados", con una cita estupenda de Espriu. Ya sólo los dos primeros poemas son un buen resumen de la técnica del poeta: frecuentes cambios de plano espaciotemporal, a veces los realizará en un mismo verso, entorno urbano, descripciones numerosas, enumeraciones, ambiente de postguerra, referencias a la publicidad, al cine, la radio y la música, uso de varios idiomas, ausencia de puntuación, en definitiva, un estilo estilo muy propio, que apenas cambiaría con los años, y que convierte a Manuel en una figura singular de la poesía española contemporánea.

A veces el tono roza lo narrativo como en "SOE" o lo elegíaco como "In memoriam". Una buena primera parte, que entre otra muchas personas, habla de:

"míticos seres sin una pierna o llenos de vieja
metralla soportable"

La segunda parte da título al libro, "Una educación sentimental". Además de hablarnos del amor, destaca especialmente por el uso de la ironía y del humor socarrón que tan bien manejaba el poeta. Dos ejemplos. El primero es el comienzo del poema "Françoise Hardy":

"Coches aparcados, la noche
colgada de las fachadas, cantan
como licenciados en ciencias
exactas"

El segundo es un ejemplo que auna el tono melancólico de partes de la poesía con la ironía del autor:

" porque
la mala alimentación y la falta de yodo suelen
abocar al hombre en la melancolía"

Y es que en un misma estrofa el poeta puede ser irónico, irreverente y nihilista:

"...
castos cálculos de menstruos regulares,
celosos termómetros de infiel temperatura,
vaginas díscolas, hijos imprevistos
atribuibles
a la voluntad de Dios, Padre al fin,
y al cabo
lento días sin preguntas, sin
respuestas, pequeño y gran mundo en orden
porque sí
porque sí
la vaciedad del mundo..."

La tercera y última parte se titula "Ars amandi" y contiene los mejores poemas de amor y desesperación escritos por el poeta, en los dieciocho poemas que contiene:

"en habitaciones con lirios apagados
de vez en cuando el corazón
falseará un latido"

Casi siempre con un tono melancólico:

"agradecer la soledad que me has quitado
que te he quitado"

y algún verso genial: "noches sin adjetivar"

Y como suele ser habitual en Manuel, cuida especialmente tanto los finales de los poemas, como los finales de cada una de las partes de un libro. Y por supuesto, el final de un poemario:

"duérmete lejana
duérmete, demasiado cobardes para morir
al último acorde del toque de silencio, cierra
los ojos para vivir, cierra
los ojos para matar".

La guerra, la postguerra, la supervivencia del amor y el humor en esas condiciones son los protagonistas principales de esta primer parte del poemario, al que le sigue un segundo libro, "Liquidación de restos de serie" más vanguardista, en la que la forma ocupa a veces el sitio del fondo.

El tercer poemario del libro es "Movimientos sin éxito". El conjunto de poemas no está a la altura del primer poemario de Manuel, aunque encontramos elementos interesantes, especialmente en la profundización y mejora de los recursos técnicos del poeta. La heterodoxia es casi brutal y en momentos se podría hablar casi de un culturalismo cotidianizado y a veces burlado ("astillas de cedro de hundidas naves fenicias / y las letras de cambio desparramadas"). El tono a veces es más narrativo como en el poema "El suicido de Aliosha Karamazov", otras es reflexivo como "El silencio, al anochecer", y a veces hasta el poeta se ríe de la poesía con el final en "la la la" de "Movimientos sin éxito". Destaca el poema "Hippy blues", con alguna imagen de bello irracionalismo:

"y agitar las cadenas de viejas bicicletas
contra la sombra inmensa del pájaro metálico"

y otras de alocado irracionalismo:

"mi reino no era de este mundo, poseía
plantaciones de luníes y blancos montes de Venus
barbechos encarnados en un asteroide, fuentes
de alquitrán dulce en las cumbres de Júpiter"

El tono irónico también se da ("y yo amo a los extranjeros porque no les entiendo") aunque en menor medida, como se dan la referencias económicas ("una fábrica de Yorkshire produjo / un cepillo de dientes más de lo previsto") y políticas.

El cuarto poemario es "Coplas a la muerte de mi tía Daniela". En realidad el personaje de Daniela es una excusa para construir un poemario de verso mucho más corto que los anteriores, aunque los poemas siguen siendo largos, poemario basado en la pre y postguerra. Este libro se ve lastrado por la excesiva profusión de nombres propios, que más que construir un collage como dice el crítico, producen una fragmentación excesiva en la que se pierde parte de la fuerza poética del poema. Como ya hemos dicho anteriormente, el poeta en los últimos versos da un giro importante y nos presenta la poesía alta que es capaz de hacer:

"y entonces
quisiera marcharme
donde desde siempre
nos esperan
abiertos
puertos sin naves
de regreso
.
.
la fuerza de un hombre
será la fuerza
de los hombres
inútiles
los buenos propósitos
la nostalgia
los remordimientos

el recuerdo"

En el quinto poemario de ecos proustianos ironizados en el título, "A las sombras de las muchachas sin flor", "poemas del amor y del terror", siendo el amor la primera parte y el terror la segunda, Manuel vuelve con su singular estilo a hablar del amor. Los dos mejores poemas son los que abren y cierran el libro, que comienza así:

"Si te pusieras al trasluz
muchacha azul
comprobarían las escamas irisadas
con las que cierras los ojos
y te cubres las fisuras
de ahogada"

El amor es confundido a propósito con una bailarina de discoteca, con mujeres anónimas e inaccesibles, se habla del sexo en un poema no muy afortunado ("Seis y nueve"), se reflexiona sobre la anatomía femenina, se homenajea a Chavela Vargas, se cae de nuevo en el nihilismo y se termina una primera parte remontando de nuevo en el final:

"cuando seas muy vieja
y yo me haya muerto
rompe espejos retratos recuerdos
ponte bragas de corista diadema de acanto
sal desnuda al balcón y méate en el mundo
antes que te fusilen las ventanas cerradas."

En los poemas del terror, hay un sentido más negro del humor, a veces un malditismo algo forzado ("eructa y recupera el aire / con la mano / mientras defeca lenta / mansamente / sobre tu mousse de chocolate"), expresionismo en las imágenes ("y algún ojo murió en adobo", "gotea un nacar casi ciego", "Los partidarios del asesinato / encalan con pus"), algún poema dedicado expresamente a la publicidad ("Terry me va") y un último y cuidado buen poema para cerrar, "Epílogo para ahogados", que termina con un verso referencial a todo el libro:

"es preciso elegir entre memoria y deseo".

El sexto poemario es Praga. Como el propio poeta dice, "Praga es Praga, pero también Barcelona o cualquier otra ciudad a la vez exterior e interior, capaz de generar una morbosa relación erótica entre el amo y el esclavo, entre memoria y deseo."

Algunos poemas de Praga, como el que inicia el libro, tienen el mismo defecto que otros poemas que encontramos en el libro. Se alargan en exceso sin que el poeta pueda mantener la intensidad lírica. A veces el yo poético es el propio Kafka, que también podría ser otro escritor, en un nuevo poema en donde lo narrativo pesa en exceso, y en el que hay algún guiño metapoético ("todo lenguaje es un tamtam / que pide socorro en una lengua").

Cuando el poeta adapta un tono más lírico, el poemario se recupera, como el poema número 3:

"PODÍA SER LA MUCHACHA DE ARENA
moajada a la espera
de la muerte en el sol
desmigadas carnes en caída
lenta la pleamar trasiega
carnales arenas

o la verdad Total la Historia
como un cubo que se crece
hasta encerrar la tierra
falsificando
su maltratada curvatura de luna
ciega"

Quizás en este poemario, como excepción, el mejor poema no sea el último sino el número 5. Aquí, como en muchas parte del conjunto de la obra completa, se aprecia como el poeta repite versos que el mismo ha escrito en otros lugares, pero lo hace no de manera gratuita sino con oficio. Manuel, curiosamente, en este poemario pero también en otros, más que recuerdos de palabras concretas de Eliot, nos recuerda en su estilo a lo mejor del movimiento beat. En cualquier caso, el poeta logra alturas importantes en sus versos:

"en cada esquina un laberinto
en cada portal un muchacho que vuelve

para qué ser yo si era vuestro
el aroma del tiempo si era vuestro
el tiempo
aquel país de otoño y buenas noches mamá

aquella ciudad de horarios y reencuentros"

El séptimo poemario es "Pero el viajero que huye", el libro que según el propio autor cerraba el círculo de la memoria y el deseo, y que termina con el poema titulado "Definitivamente nada quedó de abril", como cierre circular de aquel primer poema "Nada quedó de abril". Este séptimo poemario es bastante irregular en cuanto a su calidad. Comienza con varios poemas inusualmente cortos para el estilo del poeta, con un estilo también alejado del suyo propio ("San Juan se la menea / en las cuevas de Patmos / de los santos tengo envidia / de ver como se la menea en el aire"). Sea en un tono más lírico o más contenido, los primeros poemas son de los más flojos de la producción del poeta ("las palabras descansan en la bandeja", "cuando yo iba de luto por la muerte del mundo"). El nivel sube algo en el último poema de la primera parte, y también lo hace en la segunda parte ("Abandonados a las puertas de las peores galaxias"), excelente título. Los poemas siguen siendo cortos pero la comunicación lírica es mayor, como lo es el acierto de los versos ("el que contempla estrellas / para no ver las ratas"), el tono se vuelve cosmológico en ocasiones, reflexivo, casi filosófico ("podríamos dejar de ser históricos / e intentar ser inocentes"), a veces tratando de imaginar el futuro ("será la Tierra un lugar de regreso"), otras veces social, duro e irónico ("ni la violada de El Salvador será Miss Playboy / en abril / aunque abril siga siendo el mes más cruel"), a veces simplemente genial:

"calcula cómo calcular lo incalculable
por ejemplo
cuántos deben morir cada día en Etiopía
para que nos salga social
de pronto
la poesía"

Y termina esta parte con un poema visionario de magnífico final.

La tercera parte, y última, comienza con otro poema desgraciadamente visionario, en el que de alguna manera anticipa su propia muerte en Bangkok:

"...el extranjero que espera vida o muerte
ignorado en un rincón de Asia"

En general el tono es similar en esta parte a un diario de viajes, excelentemente cerrado con el poema que empieza por "Definitivamente nada quedó de abril", "siquiera el derecho / a su añoranza"

El octavo poemario, "Ciudad", quizás sea nuestro preferido. Como también escribe el poeta, "Yo escribí un poema sobre una ciudad y al acabarlo me di cuenta de que estaba dedicado a la ciudad de la Memoria...versa sobre las ciudades del cuerpo, del alma, de la memoria personal, terrestre, la memoria original de la materia en el tiempo, de la ciudad de la Historia..."

El libro tiene siete poemas numerados del uno al siete. La memoria es sinónimo aquí de tiempo, tiempo anterior y actual, ya que la verdadera ciudad aquí es un fondo, casi un decorado. El poema "El uno" comienza brillantemente:

"Bajo la piel del párpado
el decorado se sumerge
porque la noche
complica la soledad..."

En "El dos" surge la pregunta de si la memoria es salvación o hundimiento, o "un reloj de arenas movedizas". Aún así, el poeta afirma que "sólo serás libre al llegar a Memoria". "El tres" adolece quizás de una excesiva obsesión por la numerología, que carga la segunda parte del poema. En "El cuatro" el tono es elevado, casi abrumador, cosmológico, se insiste como anteriomente en la astronomía, "duro problema el de la materia oscura", para terminar rozando lo místico:

"Oh ciudad del futuro Oh ciudad de los sabios
no habrá ciudades necesarias sin profetas."

En "El quinto" el mar se hace referencia junto con el tiempo, referencias que en "El seis" acaban con un "no se sabe no se vuelve". "El siete", que tiene un comienzo menos elevado, termina con un grito del que nos sentimos voz:

"no quedó piedra sobre piedra cuando los bárbaros
decidieron prohibir cualquier paisaje que proclama
¡SUBVERSIÓN!

De fondo, en cada uno de los poemas de "Ciudad", estrofas de la canción de Glenn Miller "Canta el petirrojo en diciembre". Aunque hay un cierto abuso de la repetición de versos enteros en esta parte, la más acusada de toda su obra, "Ciudad" es un poemario corto pero complejo que invita a la reelectura y que está entre lo mejor de su producción.

Tras el penúltimo y buen poemario "Construcción y deconstrucción...", el libro termina, salvo por unos poemas sueltos, con Rosebud, la palabra mítica de Ciudadano Kane, libro con unos versos muy fragmentados, ubicados en la postguerra, en los que vuelve el humor, el sexo, el amor y el desamor y predomina el tono elegíaco subyacente con fondo de cuplé. El poema se cierra más en su semántica, y termina, qué bien finalizaba los libros este hombre, así:

"ADIOS ADIOS SILUETAS CONSTRUIDAS
con más memoria que deseo acaso
mas tu serás el aura que abandona
como abandona la última mirada
que te sumerge en el aceite de la muerte"

Si no es sencillo valorar un libro, menos lo es valorar una obra completa. No cabe duda, para el que lea este libro, que Manuel Vázquez Montalbán era un poeta antes que nada, y no un poeta cualquier sino uno de los mejores poetas de su generación. La poesía de Manuel tiene personalidad propia, ritmo propio, belleza, denuncia, humor, amor, elegía, memoria...Como su estilo, su temática es variada y heterogénea. ¿Qué le faltó a Manuel para tener un mayor éxito en vida como poeta? Difícil pregunta que quizás otros sepan contestar mejor. Por el lado negativo, quizás se le pueda echar en cara la falta de evolución estilística a lo largo de su carrera. Igualmente podría hablarse de algunos poemarios salvados por unos pocos poemas, que el poeta, hábilmente ubicaba en lugares estratégicos. A pesar de todo, de que quizás no fuera capaz de mantener el nivel que conseguía en algunos poemas, y que por tanto, será difícil que la crítica lo termine considerando como entre los más grandes poetas, Vázquez Montalbán era un excelente poeta. Que no es poco. Y este libro, a 16 euros en la caseta de la editorial en la Feria del Libro, a pesar de sus tapas duras y sus casi 500 páginas, es muy recomendable.

Valoración del libro "Poesía completa 1963-2003 Memoria y Deseo": 8 / 10

jueves, 5 de junio de 2008

Darío Jaramillo. Cuadernos de música. El Cultural

Hola a todos:

La pasada semana El Cultural, aparte de olvidarse del aniversario de Juan Ramón y no olvidar el aniversario de su querido, y de hoja caduca, premio Loewe, nos ofreció dos reseñas de poesía. Una de ellas, el premio semanal que El Cultural reseña de Visor, criticado por el premio Melilla de Visor, Francisco Díaz de Castro, con cita final de Vicente Gallego, ni nos molestamos en reseñarlo. Sólo con echar una ojeada al libro en la librería entenderéis por qué. Y a parte es nuestra pequeña manera de protestar por los premios Visor, por la calidad de los mismos, por la actitud de El Cultural, porque un premiado por Visor realice la crítica en El Cultural...Como financia el Ayuntamiento, o sea todos, tampoco creemos que les importe.

El otro libro de la semana, bastante más interesante, es el nuevo poemario de Darío Jaramillo "Cuadernos de música". Edita Pre-Textos. Nos vemos problemas de objetividad por ninguna de las partes. La reseña la realiza Joaquín Marco, que aprovecha bien el espacio y ha leído con rigor e inteligencia el libro. Muy por encima de la media de sus compañeros de El Cultural. Quizás le falta algo más de espíritu crítico para terminar de cerrar una buena reseña.

"Cuadernos de música", es como anticipa el título, una colección de poemas sobre la música, tan enraizada la una con la otra y en el que el poeta presenta cuatro "Cuadernos de música", el último una especie de coda final en la que el poeta vuelve al tema favorito de anteriores libros: el amor.

El primer cuaderno del libro son "Piezas para piano". El nivel general de los diez poemas que constituyen esta primera parte es bueno. Por un lado, se establece un clima general de sosiego y paz, marcado desde el mismo comienzo del primer poema ("La quietud absoluta elimina el tiempo en esta música"). Son frecuentes la utilización de las imágenes como parte de un lenguaje simbolista ("Textura de sauce en otro viento. / Agitación de algarrobo. / Música de clorofila, coqueta al tacto, / seductora."), imágenes que a veces beben del surrealismo ("Sostengo en la otra una inmóvil gota de mercurio"; "Arde un árbol escarlata"), y asociación de la música con Dios con una clara intención mística:

"Digo liturgía, y culto y ceremonia.
Digo comunión y sacramento, iniciación y voto.
Digo rito y estoy diciendo esta armonía.
Esperamos a Pentecostés pero no tenemos prisa.
El piano lo traerá cuando llegue el instante."

Los aspectos que menos nos gustan de esta primera parte son dos. En primer lugar, hay un abuso de dos figuras retóricas en concreto que deben ser administradas con cuentagotas para lograr su efectividad, algo que el poeta no hace. Nos referimos a la sinestesia, de la que contamos cuatro ejemplos en diez poemas ("pero la palabra tiene el color de la jacaranda florecida"); y nos referimos también a la paradoja, de nuevo otro poemario cargados de paradojas, de la que contamos seis al menos en esta primera parte ("tacto que tantea y no toca", "y en un luego sin luego..."). En segundo lugar, el lenguaje utilizado por el poeta en ocasiones lleva una carga de uso importante, sin que se le dé una nueva salida al mismo ("Brisa de seda", "destrozo rumbos", "silencio de algodón", etc).

En la segunda parte, "Piezas para violonchelo", el lenguaje ahonda más en su carga mística y, las sinestesias ("Verde es el silencio interior que provoca esta música, / verde con un verde de todos los colores") y paradojas ("juego de palabras sin palabras"), están están mejor distribuídas y con mayor acierto. El tema de la música y la poesía es un tema muchas veces tratado por muchísimos autores. En este sentido, se echa en falta una mayor dosis de originalidad. Por ejemplo, "No fue el verbo en el principio" seguido de lo que el poeta considera que fue el principio es algo que hemos leído ya en muchas ocasiones. Igualmente ocurre respecto al lenguaje usado sin nuevas salidas que comentamos anteriormente ("El viento mece las sombras", "un recinto construido en el aire por estas notas"). El lenguaje, en ocasiones, suena excesivamente artificial y retórico.

Se siente más cómodo el poeta, o al menos transmite mejor su capacidad lírica, cuando ahonda en su misticismo:

"Ronroneo místico.
Esquivo rumor para conectar a los ángeles esquivos.
Ración felina de Dios, iniciación".

Igualmente:

"Entrar en lo sagrado.
Sin salir de la tierra
sentir que es de Dios este cuerpo mortal
y sentirlo con un regocijo verdadero".

Por supuesto, a veces el poeta sorprende con versos geniales ("y un aliento cálido y frutal que canceló la infancia") o con enumeraciones muy acertadas:

"El tiempo se desploma y no lo vemos,
piedra traslúcida, luna de nada, tortuga y halcón.
El tiempo nos abarca, nos rebasa y avanza."

Termina el apartado músical en el tercer cuaderno, de nuevo dedicado al piano. En esta parte, la música deja el protagonismo simbólico a la luz y sus sombras. Son 21 poemas, algunos de ellos de dos versos. El lenguaje tiende a lo esencial en esta parte en la que el poeta ya no escribe con las figuras retóricas antes señaladas, y en el que el ejercicio de lirismo se ve a veces sobrepasado por un léxico sobrecargado y esteticista ("Nieve perfumada de los almendros en flor", "Bailan los rosales con la brisa"). Aunque hay momentos muy buenos ("Es el amanecer, / es el primer amanecer del mundo, / la luna en el poniente, / los potros soñolientos"), quizás sea la parte más floja de las tres dedicadas a la música.

Y cierra el libro "Some presents moments of the future", nueva paradoja, con dos versiones. En la primera el poeta imagina el encuentro con su amada. Utilizando un lenguaje erótico pero contenido, el poeta cuenta literalmente las horas. El poema no nos convence debido a su falta de originalidad, no sólo por el planteamiento sino especialmente, de nuevo, por el léxico utilizado ("Desde ya mis dedos codician acercarse a tus abismos", "Vamos a volar...", "ebrios de nuestro galope interminable", "ebrios de ti") y termina con una paradoja tampoco especialmente original ("y caerás hacia arriba"). La segunda versión está a años luz de la primera, rebosante de versos acertados, con un planteamiento lírico mucho más efectivo, alejada de estereotipos, y que acaba de esta forma magnífica:

"duremos este tú y yo,
beso, saliva y piel,
duremos."

No es "Cuadernos de música" el mejor libro del autor. Al libro le falta originalidad en muchas partes del poemario y le falta una mayor riqueza de recursos. Aún así, hay poemas muy buenos a lo largo del todo el libro, libro que de nuevo, como viene siendo habitual últimamente, es bastante irregular. Nuestra valoración, por tanto, se queda en ese lado templado que no nos gusta especialmente.

Valoración del libro "Cuadernos de música": 6,5 / 10

sábado, 31 de mayo de 2008

Ada Salas. Esto no es el silencio. Babelia, dos últimas semana de mayo, 2008

Hola amigas, amigos, y enemigos varios:

La penúltima semana de mayo Babelia incluyó dos reseñas de poesía, las dos escritas por Javier Rodríguez Marcos. Una de ella fue de un libro ya criticado y contracriticado aquí, Mundar, y la otra fue del nuevo libro de Ada Salas "Esto no es silencio".

"Esto no es silencio" fue el XV Premio de Poesía Ciudad de Córdoba "Ricardo Molina". El jurado estuvo compuesto por Pablo García Baena, Francisca Aguirre Benito, su marido Felix Grande Lara, Juana Castro Muñoz, y el propio Jesús Munárriz, dueño de la editorial. Un jurado pequeño, con varios premios de la galería Hiperión, y en el que resultó premiada una histórica de Hiperión, como es el caso de Ada Salas, cuyos últimos cuatro libros, desde 1994, han sido publicados únicamente en esta editorial. Casualidades de nuestra vida poética.

Valoración a priori de la objetividad del jurado en nuestra opinión: 4 / 10

Respecto a la objetividad del crítico respecto a la autora y la editorial, la desconocemos por completo. Si conocemos nuestra objetividad, que en este caso, y por múltiples razones, es baja: 4 /10

Ya el título del libro, "Esto no es el silencio", tiene algo de provocador. La poética de Ada Salas, que muchos han asimilado a la poética del silencio (nomenclatura absurda como otras muchas) de José Angel Valente, entendemos que a nivel estilístico porque les separa un abismo de calidad, sufre un giro importante en este libro como anticipa el título del poemario. Los poemas se hacen mucho más largos, algunos se acercan casi a lo confesional, y se nota que la poeta tiene algo importante que contar. Algo grave, dramático, ha sucedido en su vida, y respetando la intimidad de la poeta sobre la fuente de su dolor, ese algo sirve de catalizador a una escritura escrita más desde el alma que desde el cortex cerebral, lo que da una mayor hondura a una obra que, releída ahora, ha sido sobrevalorada por algunos poetas jóvenes de la corriente de la amistad interesada y también por algunos críticos.

Comienza el libro con "El óxido..." (los poemas no están titulados así que utilizaremos las primeras palabras de cada uno como hace el propio índice del poemario), uno de los mejores del libro. La poeta no se encuentra bien en la vida (...No es hospitalario / este lugar. Es hosco). Y ella misma proclama recordando el título:

"y sin embargo
esto no es el silencio"

La segunda mitad de este primer poema no está a la altura de la primera, tanto por una paradoja algo adolescente ("y por eso / oh ciegos / nos parece inaudible") como por un final que usa la comparación, y que está lejos de ser brillante ( este tipo de final comparativo será utilizado en más ocasiones por la poeta, casi siempre de manera poco afortunada).

El segundo poema, "El frío...", nos presenta un poema inferior al anterior, poniendo ya en claro desde el principio la enorme irregularidad del libro. Hay poemas muy buenos y poemas de calidad literaria muy discutible, si se nos permite el eufemismo. Éste segundo poema pertenece al grupo de los poemas de calidad, para nosotros, manifiestamente mejorable. Sólo el primer verso, "El frío ha convocado a la ceniza", peca ya de oído, rebuscado y principiante. De nuevo un final comparativo lejos de cualquier brillantez.

En "Otros..." la poeta, en un nuevo poema no muy afortunado, nos presenta otra de las características del libro. De vez en cuando, el lenguaje se acerca al expresionismo, casi al tremendismo, muy alejada de la contención de otros poemarios. Esto no es ni bueno ni malo per se. Depende de la habilidad del poeta. Ada escribe: "A tu derecha has visto / los despojos de un hombre / calcinado por la sed" o "Si desfalleces mira a los ojos del buitre".

En el poema "Excavacación primera" incluso hay elementos narrativos. "Excavación segunda" es otra de las pocas pero buenas joyas del poemario. En este caso, un poema breve, casi místico, de un lirismo extraordinario. Qué pena que el resto del libro no esté ubicado en estas alturas.

El expresionismo se mantiene en el aplastamiento a un escarabajo, en la sangre que suena...En poemas de nuevo menores. "Una vida comienza" dice Ada, quizás la suya que recomienza. Y llegamos afortunados a una nueva zona de mejores poemas. En "Una mirada..." la poeta vuelve a centrarse en la memoria como objeto pesado y lastrante. Y esta vez si termina el poema de una manera excelente, cuando dice: "y que el frío/.../sea sólo la llaga que recuerda a los hombres / su cuerpo de animales / ateridos".

Tras una breve referencia metapoética, el poemario tiene varias de estas referencias, otro nuevo buen poema, "Leo a Caeiro...", sencillo pero casi mágico poema sobre el dolor. Casi el mismo nivel obtiene en "Muchos años...", poema que roza lo confesional, en el que nos habla de su hija por primera vez, y que comienza con dos buenos versos: "Muchos años temblé bajo las sábanas / y era aquella la forma del silencio y del miedo", nivel que no mantiene el resto del poema.

De ahí pasamos a un poema lleno de tópicos como "No conozco...". De nuevo continua con varios poemas que pasan sin mayor gloria hasta alcanzar el siguiente monte, "Oblicuos...": "Yo sé de vuestro nombre / porque a veces me roza vuestro cuerpo". Esta vez, el final comparativo sí funciona y lograr cerrar perfectamente el poema.

Poema en el valle "Lo que duerme...", para subir en "No empuño...", marcado por un final expresionista: "De todas formas / muerden / hasta hacer de mis manos un despojo sangriento". Parece echar la culpa a alguien en "Qué os debo..." y de nuevo recurre a las imágenes fuertes en "Debe de estar...", poema más oscurecido que la media del poemario, claramente simbólico. Siguen varios poemas no destacables hasta "Golpeándome...", un poema de dolor y recuerdo. En "Quien podría" la poeta utiliza un lenguaje casi elegíaco, y en "He olvidado", la magnífica metáfora de los ciervos se ve de nuevo contrarrestada por otra comparación de cierre que no logra su objetivo. Tras una serie de varios poemas de nivel medio bajo, marcados por ciertas imagenes que rozan el tremendismo ("ahogados en el fango de sus tripas"), alguna metáfora mejorable ("Sentémonos/.../a la mesa del tiempo") y de nuevo finales que no están a la altura del resto del poema (".../los cristales / limados / y con ellos compongo / un puzzle silencioso en busca de sentido").

Uno de los últimos poemas buenos del libro es "Dónde vas", donde ésta vez, un final sencillo, sin intenciones de cerrar con fuegos artificiales que la poeta no domina, crean de nuevo un poema del que se disfruta en su relectura. "Qué fuerza" y "En qué empresas" se ubicarían en el terreno medio que no abunda para bien y para mal en el poemario, que finaliza con tres poemas de los que destacaríamos dos: "Yo entraba..." y "Hunde...". En el primero, a pesar del comienzo, la poeta remonta ("Era una soledad más sabia / que la mía / y en ella me deshice") en un poema completamente alejado de su estilo, y que puede abrirle nuevas vías creativas. En el segundo, aunque el tema de las ruinas sea tópico, la poeta se suministra su propia medicina, usando una de las palabras fetiche del poemario: "Acostúmbrate al frío".

"Esto no es el silencio" es un poemario difícil de valorar dado su irregularidad. La lectura del mismo hace entender que el libro está escrito en un momento complicado para la poeta, tanto desde el punto de vista personal como desde el punto de vista de exploración de nuevos terrenos poéticos, hasta ahora demasiado acotados por ella misma. Creemos que el paso de Ada es un paso positivo, porque se había ubicado en un terreno del que no sólo es difícil salir sino que además se erosiona con mucha rapidez. De la misma forma, se percibe que la poeta puede llegar a dominar esos nuevos espacios pero que aún le queda un aprendizaje no necesariamente corto. Dicho todo lo cual, y con independencia de que no nos gustan este tipo de premios concedidos a personas que son familia poética de la editorial, el libro de Ada, en un panorama poético como el de este año, que de momento está siendo bastante decepcionante, estaría claramente por encima de la media de los libros publicados por poetas españoles. A Ada, como a otros muchos poetas de su generación o algo mayores, creemos que les faltan personas que las adulen menos y que les digan la verdad sobre sus trabajos. Ojalá de esta humilde y subjetiva crítica, querida Ada, saques algo que te pueda servir.

Valoración del libro "Esto no es el silencio": 6,5 / 10

En la última semana de mayo Babelia no trajo ninguna reseña de poesía. No sólo eso sino que olvidó por completo el cincuenta aniversario de Juan Ramón para traernos una portada futbolera. La crisis intelectual de los suplementos literarios se agudiza hasta extremos nunca vistos y de manera paralela al gregarismo y adormecimiento de gran parte de la intelectualidad, incapaz ya de alzar su voz contra nada, preocupada sólo de sus intereses personales. No son tiempos buenos para la cultura. Ni para la libertad.

jueves, 29 de mayo de 2008

Juan Ramón Jiménez, in memoriam


Ayer se cumplieron 50 años de la muerte del onubense. El suplemento de El Cultural, en el mismo día de su aniversario, pasó por la fecha como si nada. El intocable Juan Palomo tuvo la mala suerte de mencionar el aniversario de la creación de una revista sin mencionar a Juan Ramón ni un momento. Y luego tuvo el valor de hablar de Chikilikuatre...Si las cosas fueran normales, alguien, varios, tendrían el valor de dimitir en esa revista. Vergüenza ajena, señores, vergüenza ajena. Veremos si Babelia o ABCD se acuerdan de algo.

Que hable Juan Ramón, y que la mediocridad se quede dónde mejor sabe.


El viaje definitivo


… Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará nostáljico…

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.

Poemas agrestes. 1910-1911


jueves, 22 de mayo de 2008

Hilda Doolittle con "Trilogía". Juan Manuel González con "Tras luz poniente". Carlos Jiménez Arribas con "Darwin en las Galápagos". El Cultural.

Hola a todas y todos:

El Cultural trajo la pasada cuarta semana de Mayo nada más y nada menos que cuatro reseñas de poesía. De ellas, una pertenece al más-mejor-amigo del suplemento, Visor, y otra al segundo más-mejor-amigo, DVD. Uno de los cuatro no vamos a poder analizarlo por no disponer de él en estos momentos. Vamos a ir viendo cada libro desde el menos interesante al más interesante.

Túa Blesa realiza la reseña del libro de Juan Manuel González "Tras la luz poniente", XVII Premio Jaime Gil de Biedma. Por supuesto, la crítica de Túa es alabatoria.

El jurado estuvo compuesto por Luis María Anson (presidente de El Cultural y varias veces miembro de jurados de Visor), Juan Van Halen (premio Tiflos de Visor), Antonio Colinas (con muchos libros publicados en Visor), Juan Manuel de Prada, Guillermo Carnero (premio Loewe con Visor), Clara Janés (premio Ciudad de Melilla con Visor), Chus Visor, Gonzalo Santonja (varios libros publicados en Visor) y Javier Santamaría (presidente de la diputación). Por supuesto, el ganador ya había publicado en esta misma editorial. Y ha sido miembro de jurado del premio nacional varias veces. Un amigo a tener.

Valoración a priori de la objetividad del jurado: 3 / 10

Cuando el señor Anson critica de manera tan vehemente la incompatibilidades de determinados cargos, no está de menos recordarle que su código ético debe aplicarse tanto a los cargos públicos como a los privados. En nuestra humilde opinión, un presidente de un suplemento cultural no puede estar de jurado en premios literarios porque va en contra de cualquier criterio de objetividad que antes y después puede tener ese suplemento con la editorial que le paga como miembro del jurado y con el libro que elige el señor presidente como ganador.

La objetividad a priori, por tanto, del libro que premio el jefe no puede ser alta: 0 / 10

La nuestra tampoco: 0 / 10

Respecto al libro, vamos a ser breves. Escrito a veces como una especie de diario de viajes, nos resulta antiguo, muy antiguo, casi tanto como la poesía que representan algunos de los señores del jurado. El libro se hace pesado, aburre, los poemas son largos, los versos son largos...El escritor utiliza un lenguaje metafórico insulso y de nuevo amanerado como empieza a ser preocupante en los libros visorianos ("cuando te ofreces entera.../.../ante mi quilla y rumbo", "la vida.../.../se ata discreta a tu cintura", "bajo los vencejos tejiendo el cielo con hilo de bramante", "temerosa de los dientes del rocío", "piel de primavera", "cuando la llovizna amenaza con llorar"), carente de brillantez, nos repetimos ahora, antiguo. Como antiguo es el léxico utilizado a propósito, que algunos llamarán riqueza léxica, y a nosotros nos amarillea la vista con esa especie de ruralidad perdida y mal rescatada. Todo el aire nostálgico, todo el pretendido canto hacia la naturaleza, se queda en error. Se rechaza porque pertenece a un mundo al que no queremos volver. En definitiva, un libro que al final se lee rápido porque se hace repetivivo, aburrido, cualquier cosa menos lo que debería de ser la poesía, cualquier cosa menos lo que Jaime Gil de Biedma amaría.

Valoración del libro "Tras luz poniente": 3,5 / 10

El segundo libro de la semana es "Darwin en las Galápagos", escrito por Carlos Jiménez Arribas, y publicado por DVD. La crítica la realiza Túa Blesa, que como suele ser habitual, se queda demasiado corto, y concluye con una recomendación pero no dice cómo llega a la misma. Respecto a la objetividad, DVD es la segunda editorial que mejor trato recibe de El Cultural, y nuestra nota no puede ser alta:

Valoración a priori de la objetividad del crítico en este caso: 4 /10

Vamos a ponernos una objetividad similar para que no se diga: 4 / 10

El libro de Carlos es un libro de poesía en prosa, bastante alejado en la forma del libro que acabamos de reseñar, afortunadamente. Comienza el libro en su primera parte llamada "Birdwatching", parte en la que todos los poemas comienzan con "Soy el hombre". En ella el autor se define de muchas maneras, algunas de ellas rozando lo surrealista. Destaca en lo positivo el poema "Soy el hombre, como el árbol...". En lo negativo, hay numerosas frases y sintagmas que ya han sido escritos muchas veces ("recorre con una mirada la extensión...", "la ciudad naufraga", "dentro del laberinto de sí mismo"). No hay fallos pero tampoco hay grandes aciertos. Y se anuncia uno de los temas sobre los que girará el libro: la dualidad ("Soy el hombre vivo otra vez, dentro del laberinto de sí mismo").

La siguiente parte, más breve, comienza en el poema "Las carpas" con una de las paradojas que abundan en el texto ("El camino que sube y baja difumina el camino"), paradojas que se hacen excesivas, de nuevo, teniendo en cuenta la brevedad del texto. De hecho este mismo poema termina con dos paradojas sucesivas ("Ahora que la naturaleza es margen de sí misma. Que el aire mismo, ahora, agua es sin límite"), paradojas que ahondan en la idea de dualidad que antes comentamos. En esta segunda parte el lenguaje se vuelve más abstracto en ocasiones y se reincide en las frases ya leídas ("todo espacio es tiempo", "Crecen los días", "En la quietud del agua", "La luz desciende en haces verticales sobre el mar").

En la tercera parte, "Albatros", la repetición de palabras comienza a ser cansina (como pájaro o pájaros). Quizás en ella se encuentre el único fallo metafórico del libro, la metáfora del golf y el swing, y de nuevo se insiste en la dualidad paradójica ("ese pez que está sobrevolándose a sí mismo", "La ciudad boreal que crece en los atardeceres y va siempre hacia sí misma"). La cuarta parte, "Encantamiento del marinero", quizás sea la mejor. Está basada en descripciones de cuadros en el que destaca el propio "Encantamiento del marinero" y "La bacanal". La penúltima parte, "El catalejo", es una de las menos logradas. A veces el poema se queda en la pura narración, y deja de ser poema.

La última parte, "Darwin en las Galápagos" se abre con una de las pocas pinceladas de humor que se permite el autor, con el poema "Pingüino". Quizás la cumbre dual de lo que nos ha venido presentando Carlos sea "Cogenidos" que comienza así: "El huevo. O la piña. La textura nítida del alma, o las sinuosidades de la tierra". Se sigue con las frases o metáforas ya leídas ("se paró como un gran signo de interrogación" que nos trae directamente a Ortega), y quizás el mejor poema de esta parte sea "Los gatos (a la luna)".

Nos encontramos con un poemario no muy extenso, en que si bien la ausencia de fallos notables en versos es cierta, también lo es la ausencia de brillantez. El poemario pasa por nuestras manos con la seguridad de que no tendremos la necesidad de volver a leerlo. Para un poemario de esta extensión, se repiten hasta la extenuación palabras que pronto cargan la lectura. De la misma forma, el uso retórico de la paradoja es excesivo y pierde toda su fuerza. Falta riqueza técnica. No entendemos muy bien cierto rebuscamiento léxico por parte del autor, aunque es verdad que apenas lo utiliza. Y hay varias frases y expresiones que nos recuerdan otros escritos. En definitiva, es un libro poco original, nada brillante, y ni siquiera podríamos decir que es correcto, toda vez que le falta riqueza técnica y formal.

Valoración del libro "Darwin en las Galápagos": 5 / 10

El siguiente libro es la Trilogía de Hilda Doolittle. Edita Lumen. Traduce Natalia Carbajosa. Realiza la crítica Ainhoa Sáenz de Zaitegui. Sin problemas de objetividad por ninguna parte. La crítica de Ainhoa en su línea exaltada de costumbre.

La primera parte de la trilogía se titula no caen las murallas, y está terminada en Londres, 1942, por lo que muy posiblemente fuera escrita durante el Blitz, el bombardeo que asoló Londres, atacada por la aviación nazi. La poeta, ya en el título, conecta Londres con Karnak, las ruinas egipcias en Luxor que había visitado en 1923, de alguna manera reconciliando la historia antigua, con sus muros todavía en pie, con la historia moderna, con sus muros también en pie. Ya en el primer poema, quizás el mejor de esta primera parte, es muy clara en este sentido:

"allí, como aquí, la ruina abre
la tumba, el templo..."

Las numerosas referencias bíblicas, que se irán acentuando a lo largo del libro hasta haber trozos del poemario que rozan el pastiche, ya están presente desde el principio en el libro. A las numerosas referencias bíblicas habría que añadir la inclusión de otras muchas deidades pertenecientes a religiones antiguas como la egipcia, la babilónica, astrología, etc.

En el poema número 2 la poeta es testigo de que el mal se ha apoderado de la tierra. Y en uno de los numerosos juegos de palabras del libro dice: "Dev-ill was after us". Excelente el poema 4 que abre de esta forma (traducción nuestra):

"Hay un hechizo, por ejemplo,
en cada concha de mar".

Las referencias a símbolos y mitos son continuas y variadas. Pero en el fondo hay un único Dios para la poeta, un Dios que bebe de miles de fuentes (traducción nuestra):

"porque sé que Dios nuestro Señor
está a punto de manifestarse, cuando yo

el gusano laborioso
teja mi propio sudario"

Autocrítica importante hacia los poetas en el poema 8:

"los poetas somos inservibles
...
no sólo somos "in-útiles"
somos "patéticos""

Incluso la escritura como objeto de guerra: "folios, escritos o viejos pergaminos / nos servirán de cartuchos". O cuando asimila la raíz de la palabra espada, sword, con la definición de palabra en inglés: word.

La poeta asume en esta primera parte el papel de guardián del secreto, hilandera (traducción nuestra)

"del hilo intangible y extraño
que liga a toda la humanidad

a la sabiduría remota,
a la antigüedad"

El poema a estas alturas ha perdido cualquier conexión con la realidad que rodea a la poeta, y se centra en su reflexión sincrética y su experiencia religiosa interior, que a veces traslada al mundo del sueño (fue tratada nada y nada menos que por el mismísimo Freud):

"Ahora entiendo claramente
que el Espíritu Santo,

enigma misterioso de la infancia,
es el Sueño"

A veces, sin embargo, vuelve a recordar su sitio real:

"Concédenos la fuerza
para resistir un poco más"

o cuando escribe:

"sabemos que más allá del hambre
los mejores entre nosotros pueden tornarse hienas".

Y la vida espiritual como salvación para la poeta:

"reduzcamos nuestros dones
al realismo espiritual"

Este verso último define en buena medida el espíritu y la intención del conjunto del libro, aunque el realismo se quede más en intención que en verdad.

La poeta es además consciente de uno de los fallos del libro. Su falta de originalidad en el planteamiento y la forma de plasmarlo. Ella misma lo dice:

"Este ahondar en la semejanza histórica,
esta búsqueda de afinidades psíquicas,

ya se ha hecho hasta la saciedad,
seguirá haciéndose".

Casi al final de la primera parte, la poeta nos presenta su propia teogonía matriarcal: "En el principio era Una, Creadora...". Y termina la primera parte volviendo, poema 43, qué pena que no lo hiciera más, a mostrar el lado de la guerra real junto al lado de su espiritualidad. Y lo hace terminando con una esperanza final:

"carecemos de mapa

quizás arribemos a puerto,
al cielo".

La segunda parte se titula "Tributo a los Angeles". En ella asistimos al nacimiento de la vida entre las ruinas, y especialmente a la aparición de una figura divina llamada la Señora. El título muestra su agradecimiento a los ángeles que le permiten ver a la Señora. Las referencias bíblicas se acentúan en esta parte. Así, en el primer poema le pide a Hermes Trimegisto:

"recoge los fragmentos de cristal roto

y con tu fuego y aliento
funde e integra

re-invoca, re-crea
el ópalo, el ónix, la obsidiana

esparcidos ahora en fragmentos
que los hombres pisotean".

Y la Señora aparece en una primavera "espléndida / como ésta: nunca, nunca / una estación tan hermosa, / tan abundante en hoja y color", primavera real como ella misma había escrito en sus cartas. La Señora la llama y es descrita casi de manera modernista. H.D. vincula a la señora con "la Sabiduría sagrada, / Santa Sofía, SS del Sanctus Spiritus". Y esta Señora porta un libro, que no es el tomo de sabiduría antigua:

"son sus páginas creo, las páginas blancas
del volumen no escrito de lo nuevo"

Porque ella es "la Vestal / del tiempo de Numa / perpetúa el culto de la Bona Dea". Y por una lado presenta novedades:

"mas no estaba con ella el Cordero,
ni como Esposo ni como Hijo;

no está dividida su atención,
somos nosotros su esposo y cordero".

Pero al mismo tiempo, dice:

"los mismos, diferentes, los mismos atributos,
diferentes y, empero, los mismos de antaño".

Y la cercanía de la nueva Diosa, su desmitificación (H.D. llena, a propósito, el texto de incoherencias), tras cargarla de mitos:

"ella no era impalpable como un fantasma,
ella no era imponente como un espíritu.

Ni siquiera nos impresionó
como un Ángel".

La tercera y última parte se titula "La floración de la vara" en el que continúa el proceso de floración y renacimiento iniciado en la segunda parte, en el que el amor como concepto abstracto cobra una gran importancia. El tono se hace elevado, casi oratorio, en el final del primer poema:

"y sigamos ascendiendo
hacia el amor - resurrección".

Excelente en este sentido el poema número 5. O cuando en el número 6 dice "sólo el amor es santo y el éxtasis de amor". Quizás sean los momentos de mayor misticismo del libro, y por eso, están entre los mejores. A mitad de la tercera parte surge el personaje de María Magdalena, como síntesis de todas la Marías de la biblia ("hay muchas Marías /...seré María-mirra), como surgen los reyes magos, en especial Gaspar por su especial relación con María.

A veces la poeta se vuelve transgresora, actitud que habría dado mayor riqueza si hubiera continuado en otros lugares:

"dice que era un antiguo amante
de María Magdalena, y el regalo de mirra,

recuerdo de una pasión transitoria
ya consumida, mas de pronto avivada;

dicen unos que era Abraham,
dicen otros que era Dios."

Despues de varios poemas con contenido altamente narrativo en los que la poeta deja claves por descubrir en el siguiente poema, como si de capítulos de una novela se trataran, y despues de seguir la aventuras y desventuras del mago Gaspar, el libro termina con dos maravillosos versos, de los que no daremos la explicación para que quienes deseen comprar el libro lo hagan sin más pistas:

"no sabía si ella sabía

que la fragancia emanaba del manojo de mirra
que ella misma estrechaba en sus brazos"

Estamos ante un libro que tiene la ventaja de ser un poemario abierto a diferentes interpretaciones, y por tanto, con capacidad para ser releído. Hay un claro intento por parte de H.D. de presentarnos una nueva cosmogonía a través de una intrincada mezcla de mitologías. A pesar de ello, el mensaje clave del libro es un mensaje claramente gnóstico, por lo que es difícil hablar de originalidad. El libro abandona de manera demasiado rápida su parte de realismo para concentrarse en la parte espiritual, lo cual no es un defecto por sí mismo pero sí resta capacidad de innovación al texto. En este sentido, la transición desde el Blitz a la salvación espiritual es demasiado brusca.

La mayor parte de los poemas están compuestos en pareados y desde el punto de vista formal, la única novedad que se presenta son los juegos de palabra y neologismos.

La crítico de El Cultural hace una comparación con Eliot (errónea porque la comparación correcta debería de ser con Four Quartets y no con The Waste Land) y con Pound (en este caso con Pisan Cantos) pero no hay duda de que ambos libros están muy por encima del presente en todos sus aspectos.

Lo cuál no quiere decir que Trilogy sea ni mucho menos un mal libro. Es un buen libro, creemos que tampoco es el mejor poemario de H.D., pero es un libro muy interesante, que se relee bien, que en ciertas partes logra una poesía espiritual, incluso mística, más que notable, pero en el que el exceso de intertextualidad bíblica, la falta de originalidad de la cosmogonía propuesta, y de la propuesta formal de plasmación hace que se aleje de ser una obra maestra universal para quedarse en un buen libro, lo cuál no es poco. Traducción correcta.

Valoración de la Trilogía de H.D.: 7 / 10

El último libro, "La indiferencia", de Bernardo Valdés, edita Pre-textos, queda pendiente por no disponer de él.

Gracias a lo que hayan llegado hasta aquí.

lunes, 19 de mayo de 2008

Fernando Beltrán. Mujeres encontradas. Babelia y El Cultural, tercera semana de mayo, 2008

Hola a todos

Vamos a centrarnos esta semana en el libro que reseña Angel Luis Prieto de Paula en Babelia. Se trata de "Mujeres encontradas", del poeta asturiano Fernando Beltrán. Publica Sins Entido.

No vemos conflicto de objetividad por ninguna de las partes.

Antes de comenzar, conviene explicar el origen del libro. Como explica de forma poética el autor en la introducción, a lo largo de su vida ha ido encontrando objetos en el suelo, objetos a los que su imaginación les ha puesto especie y sexo, siempre femenino, y con los que el poeta ha metaforizado, para cada objeto, un tipo de mujer. Así, la portada del libro es el más común de todos los objetos que encontraremos dentro del libro, una horquilla del pelo, que el poeta asimila con la mujer gitana.

En este punto, y antes de entrar en materia, cabe resaltar la extraordinaria edición que esta editorial especializada en comics, Sins Entido, ha realizado de este libro tan original. Cada mujer encontrada viene acompañada de una fotografía a toda página del objeto que la inspira. Una joya que sin duda produce sana envidia ante el esfuerzo editor. Hemos leído además que en la Casa de Asturias de Madrid hay instalada una exposición con todos los objetos expuestos. Parece que merece la pena.

Y vamos directamente al libro. Como libro original que es, cabe la duda de si el poeta nos presenta relatos líricos o poesía en prosa. Como la duda es casi imposible de discernir, sí que comentaremos que en cada una de las descripciones de cada mujer hay una base narrativa indudable, en la que predomina el juego amoroso y erótico, y a veces, la pasión, con un sujeto poético que bebe claramente del personaje de Don Juan en sus multiples variantes literarias a lo largo de los siglos.

Hacer una descripción de cada uno de los poemas/relato, como hemos hecho en otras ocasiones, no merece demasiado la pena toda vez que es difícil separar cada poema de su imagen, especialmente cuando se han visto los dos.

Comienza el libro con "La resignada", que acaba de esta maravillosa manera: "Esa extraña manera de tener que amar más por tener que ser fieles". La primera persona domina casi todo el libro, una primera persona que a veces suena demasiado cautivadora, casi un estereotipo de hombre, un cliché, que asustaría más que enamoraría, y que habrá que entender como un conjunto de sujetos poéticos más que uno solo, aunque a veces la primera persona sea un mero observador.

A lo largo del libro se suceden los relatos en los que predomina el humor ("La funcionaria", "La galerista"), la pasión ("La resignada", "La psicóloga"), la melancolía del amor ("La bailarina"), el amor imposible ("La enamorada"), el dolor del amor ("La implacable"), el atrevimiento ("La anciana")...

El lenguaje es, como suele ser común en el poeta, metafórico (a la galerista la describe así: "Vestía falda cubista, blusa Mondrian y anteojos verdes, pero huía de ella misma en cuanto se quedaba sola."; "Esos seres que no saben amar sin complicarse antes la vida con un broche, o quedar atrapados en el torpe ascensor de una simple cremallera"), comparativo ("Tan terrenal y a la vez tan sobrenatural como una de esas vírgenes con las manos juntas..."), y a veces hasta alegórico como en el caso de "La ingeniera".

También hay una clara afectación lírica, especialmente en los finales, como éste de "La guerrillera": "Había abandonado la guerrilla hacía meses y matado quizás, perdió la cuenta, a más de treinta hombres, pero amaba dulce aún, con uñas y dientes, como alguien a quien le va la vida en ello". Hay también elementos clásicos del autor, muy contenido en esta ocasión, como algún que otro juego de palabra ("alhelado").

A veces la metáfora no es acertada ("La toalla estrujada por la que aún goteo") o es demasiado evidente como en el caso de "La vecina" o en "La tenista" ("cuando subimos a la red de las distancias cortas"). A veces la historia roza el culebrón ("La novia") o el chiste fácil ("La extranjera").

Fernando Beltrán es un poeta de talento, y aunque la prosa poética no sea el terreno en el que mejor se desenvuelve, y tenga libros muy superiores a éste, "Mujeres Encontradas" se lee con interés y está lleno de poesía en los lugares más insospechados ("Pero no hay criatura más propicia a convertirse en demonio que un ángel prematuro..."). Es verdad que en su viaje sin fin a la mujer poema, Fernando Beltrán cae en algunos estereotipos que suenan poco renovados, y en ocasiones abusa de la metáfora fácil e incluso fallida. Pero en general el libro se hace poético en muchas ocasiones, especialmente cuando se acompaña de la imagen que cada mujer tiene. Sin las imágenes, con los textos tan sólo, nuestra nota sería bastante más baja. Pero vemos el libro como un todo en el que se junta escultura y poesía, y donde a veces la propia escultura fortuita está por encima del texto.

Valoración del conjunto del libro "Mujeres encontradas" de Fernando Beltrán: 7 /10

Respecto a El Cultural, nos presentó la pasada semana un libro de DVD, sus segundos mejores amigos tras Visor, de Rilke, "Poemas a la noche", junto con una nueva biografía del mismo poeta. Hay tantos libros de Rilke, y tantos saliendo cada mes, que ya es casualidad que la reseña haya caído en DVD. Si no recordamos mal, Rialp ya publicó el mismo poemario, y posiblemente esté en otros libros como en la edición de Azul Editorial. En fin, no nos parece una novedad y no nos apetece reseñarla en consecuencia, no por el poeta, que admiramos, sino por el marquismo de barrio de Salamanca del suplemento. Pero como siempre, tenéis éstas páginas para hacer vuestros propios comentarios e incluso reseñar el libro. Sólo cuesta 21 euros.

Gracias a todos por seguir leyéndonos cada vez más y más.

Chantal Maillard en "Poesía en el aire"

Hola a todos:

Hemos subido poemas de Chantal Maillard, enviados por uno de nuestros lectores más especiales, a nuestro podcast hermano:

http://poesiaenelaire.mypodcast.com/index.html

Disculpad por los cinco segundos de publi inicial pero nos obliga podcast para poder poner gratuitamente los archivos y que los podáis escuchar.

Disfrutad de una de las voces más singulares, en todos los aspectos, de nuestra poesía contemporánea.

Un beso a todos

PD.- Nos retrasaremos un poquito más esta semana en daros la contra.

lunes, 12 de mayo de 2008

Mahmud Darwix "Poesía escogida. 1966-2005". Babelia y El Cultural, segunda semana de mayo, 2008

Hola:

Comenzaremos con un libro importante que llevábamos retrasado y a continuación haremos un repaso a lo que fue la crítica de la semana.

Empezamos con el libro del poeta palestino exiliado Mahmud Darwix "Poesía escogida. 1966-2005". Edición y traducción de Luz Gómez García. Edita Pre-textos. Las dos críticas, la de El Mundo por Antonio Colinas, y la de El País por Ángel Rupérez, fueron muy buenas. Las podéis encontrar aquí:

http://www.elpais.com/articulo/semana/olor/pan/elpepuculbab/20080301elpbabese_8/Tes/

http://www.elcultural.es/HTML/20080306/LETRAS/LETRAS22603.asp

(Añadido: Por indicación de un compañero, aunque no sea un medio contracriticado aquí por el momento, también es una buena crítica la de Jaime Siles para ABC):

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9654&num=847&sec=32


El libro comienza con tres poemas de "Enamorado de Palestina" (1966). En ellos hay toques surrealistas ("Yo estaba crucificado a fuego. / Les decía a los cuervos: no me devoréis,"), bíblicos, confesionales, pero sobre todo hay emoción poética, emoción que se ve perfectamente reflejada en el mejor poema de este primer poemario, "A mi madre", y optimismo, a pesar de la prisión, en el poema "La cárcel".

"El final de la noche" (1967) está representado con dos poemas. Predomina el tono fuertemente sentimental, y el lenguaje sencillo. Destaca el poema "Un soldado que soñaba con azucenas blancas", dialogado, emotivo, con algunos versos de una gran belleza formal ("Yo sólo era una máquina que escupía un fuego rosáceo / y hacía del cielo un pájaro negro"), y palabras que suenan verdaderas: "quiero un día soleado, no el instante de la victoria, / demencial...fascista). Un ejemplo de cómo hacer poesía política sin necesitar de mostrar panfletos, sin caer en la prosa por decirlo más claro.

El siguiente poemario es "Los pájaros mueren en Galilea" (1969), quizás uno de los poemarios más flojos del poeta, que se resguarda en un clasicismo demasiado adornado, en el que el poeta no logra aportar nada nuevo a lo clásico. Ejemplos de esto serían los poemas "Extraño en una ciudad lejana" y "La lluvia primera" ("Bajo la lluvia suave / sus labios eran / una rosa que crecía en mi piel").

"Nupcias" (1977) nos trae ya a un poeta exiliado, mucho más leído, y con un nivel poético superior. "Fue lo que había de ser", el único poema presentado del poemario, es uno de los mejores poemas del autor sin duda. Mezcla de prosa poética y poesía, Darwix abandona el lenguaje directo y sencillo y adopta un tono alegórico (la golondrina es la policía, la espiga la poesía), surrealista en ocasiones, de gran lirismo, en donde con una enorme habilidad lírica se describe a través de su amigo el drama del destierro sin caer de nuevo en el prosaísmo, con varios cambios de plano espaciotiempo, y un oscurecimiento del confesionalismo que lo mejora, con un final de una enorme fuerza que no vamos a desvelar, y algún verso antológico: "Del café, sólo se bebía el color"; café que es la bebida que el poeta bebe y escribe en muchos poemas, casi como reacción inconsciente al té que se bebe en su país.

El siguiente poemario es "Es una canción, es una canción" (1986). Del poemario se nos presenta completo el poema "Cuatro direcciones personales", una excelente colección de cuatro poemas en prosa con temas variados como la cárcel o el destierro. Destacan los poemas "El metro cuadrado de una celda", auténtico nuevo canto al optimismo desde el interior de una celda ("Mi libertad: ser como no quieren que sea. Mi libertad: ensanchar el calabozo") con momentos de elevado lirismo ("Amo los retazos de cielo que se filtran por el tragaluz de la celda, un metro de luz en el que nadan los caballos, y las pequeñas cosas de mi madre"); y el poema "La habitación de un hotel", una originalísima y algo desencantada visión del amor: "¿No habías dicho tú estas mismas obscenidades a otro?").

El poemario "Menos rosas" (1986), de nuevo prosa poética, está representado con cinco poemas, todos ellos muy buenos pero de los que destacaríamos "Sobre esta tierra", canto hermoso y sencillo a Palestina, "Aeropuerto de Atenas", donde el poeta de nuevo ofrece una forma muy original de explicar el destierro ("mientras nosotros permanecíamos como asientos sobre los asientos aguardando el mar"), y "Me querrían muerto", un excelente poema sobre el rencor de esa cosa tan peligrosa llamada pueblo cuando no haces, o no eres, lo que ellos pretenden que seas ("Me querrían muerto para decir: Era de los nuestros, era nuestro").

De "Veo lo que quiero" (1990) nos trae el poema Rubayat, en estrofas de cuatro versos obviamente. En él, el poeta se pone detrás de un gran angular para ver todo (la bondad, la pérdida, la paz, la guerra, la cárcel, la muerte, la poesía..) a través siempre del mismo comienzo: "Veo lo que quiero ver". Utiliza un lenguaje a veces emotivo, a veces clásico, otras veces social, otras nos acerca al beatus ille, a veces es visionario, otras irracional...Destacaríamos el número 7 sobre la cárcel y el número 13 sobre la poesía.

"Once astros" (1992) está representado por el poema "El invierno de Rita", un gran poema que sería todavía más grande si el poeta eliminara los clasicismos que parece no sabe asimilar dándoles una nueva orientación. El lenguaje es de nuevo muy rico, a veces sentimental, a veces ornamental, visionario, romántico: "Tengo algo de la sabiduría de los enamorados: ama el rostro de su asesino la víctima".

"El fénix mortal" (1995) es el poemario con un mayor número de poemas de los escogidos por la antóloga. A parte el simbolismo de "Una nube en mi mano" o "De un cielo a otro cruzan los soñadores", o el culturalismo desmitificador de "Helena pura lluvia", destacamos "La noche del buho", una excelente reflexión sobre el tiempo presente.

"La cama de la extranjera" (1999) comienza con un soneto, el único de la antología, metapoético y místico a la vez, en el que el poeta hace una declaración de intenciones que viene a explicar parte de sus poemarios anteriores en prosa poética: "no es verso el verso, y no es prosa la prosa". Destaca el tono elevado, el misticismo sumerio de "La leche de Inana".

"Mural" (2002) es un poema largo, una reflexión sobre la muerte y la identidad siempre desde el sentido de la trascendencia ("pues ver es una luz que lleva / al no ser...a la locura"). "Estado de sitio" (2002) es de nuevo un largo poema, un poeta político, en general muy bien resuelto para evitar sonar a panfleto "Bajo sitio, la vida se torna tiempo". O cuando escribe: "hacemos lo que hace quien se eleva hacia Dios: / olvidamos el dolor".

"No te excuses" (2004) y "Como la flor del almendro y allende" (2005), los dos últimos poemarios del libro suponen, con una excepción, un paso atrás en la carrera del poeta. Un clasicismo sin digerir de nuevo invade el poema ("Luego la acuno como la nube a un enamorado / en el encinar") e incluso hay poemas que en conjunto resultan fallidos como "Nada me gusta", "El está tranquilo, yo también", "Naranja" o "Dichosas las mujeres hermosas". A pesar de esto, el magnífico, extraordinario cierre que supone el poema "Contrapunto" ("defiendo...que a un país le rapten las leyendas").

Este libro de Mahmud, de cuya traducción no podemos opinar aunque tenemos la impresión de que la famosa musicalidad de Darwix se pierde en cualquier caso, es una buena muestra de uno de los mejores poetas árabes del momento (sólo Adonis pensamos que estaría en un nivel superior). Salvo cuando el poeta se ve arrastrado a un clasicismo que no sabe renovar, en el resto de casos, especialmente cuando el poeta es atrevido en sus formas, las cotas de poesía que alcanzan los poemas de Mahmud son muy notables, y muestran una sabia combinación de muy diversos estilos y formas perfectamente asimiladas. Además, es Darwix un poeta capaz de transmitir ideas políticas y sociales sin portar ninguna pancarta y sin abandonar el lenguaje poético. Un libro claramente recomendable.

Valoración del libro de Mahmud Darwix "Poesía escogida (1966-2005)": 7,5

Babelia esta semana recoge otro libro de Pre-textos, "Hombres en sus horas libres", de Anne Carson, que ya fue finalista de nuestros premios. La crítica de Antonio Ortega es buena y nuestro único "pero" es que Antonio siga religiosamente todo lo que traduce este señor y lo reseñe. No es de extrañar que el traductor dijera en su blog que Antonio era el único crítico válido de El País. A veces tener un amigo bueno vale por cinco regulares. Estamos de acuerdo en que el crítico es bueno, claro que lo es, y el libro también, pero estas cosas innecesarias en un libro que llevaba un año en el mercado le restan méritos.

Ponemos a continuación lo que comentamos sobre Anne Carson:

Anne Carson (1950) por "Hombres en sus horas libres". Edita Pre-textos. Canadiense. Traduce Jordi Doce: Auténtico melting pot el de Anne Carson en este libro. Acude por una parte al ya antiguo oficio de cambiar de espacio-tiempo a los mitos grecolatinos, a la intertextualidad, salvaje en ocasiones, neologismos, irracionalismos, pura posmodernidad. Una parte importante del texto difícilmente entraría en la categoría de poesía por su acentuado prosaísmo incluyendo géneros tan dispares como el cuento o el ensayo. Pero es en los momentos verdaderamente poéticos, de una clara naturaleza fragmentaria y yuxtapuesta, poemas fracturados a propósito, desubicados de su semántica y sintaxis en cada giro, en donde Carson logra los mejores momentos de su libro. En el peor de los casos, Anne Carson hace pensar, aunque no sea poesía. En casi ningún momento encontraran los lectores un ritmo poético, ni siquiera dodecafónico. Pero es de agradecer el enorme riesgo que Anne asume en cada libro.

Y El Cultural, esta semana se toma vacaciones poéticas y no hay reseñas. Eso sí, nos recuerda cariñosamente que la próxima semana habrá un nuevo libro de la editorial en residencia perpetúa del suplemento: Visor y su colección estrella "Palabra de honor". Al menos parece que la ocasión, unos inéditos de Ángel González, algunos de los cuales presenta El Cultural en exclusiva, como para no dejárselos, vale la pena.

sábado, 3 de mayo de 2008

Tomás Segovia con Siempre todavía. Y Francisca Aguirre con Nanas para dormir desperdicios

Babelia presenta, como gran novedad, dos reseñas de poesía frente a una que presenta El Cultural.

Comenzamos con la reseña que escribe Antonio Ortega sobre el libro de Tomás Segovia "Siempre todavía. Poemas 2006-2007". Edita Pre-textos.

Antes que nada, nos alegramos que Antonio Ortega vuelva a la crítica en los medios de comunicación. No vemos conflictos de objetividad del crítico ni con la editorial ni con el autor. Tampoco lo tenemos nosotros aunque siempre nos da cierto pavor criticar la obra de un poeta que escribe un poemario a los 80 años.

Se abre el poemario, en la primera de sus tres partes, con "Final del tunel", título premonitorio. En esta primera parte predomina la textura nostálgica, la reflexión sobre el paso del tiempo. El tono es contenido, lejano al victimismo, sereno. El poeta se pregunta "cuanto tiempo aún / He de seguir pensando en la muda penumbra". Existe alguna imagen que nos recuerda a otros poetas como la del gladiolo que se "yergue bajo el viento frío" en su "lucha a solas por sobrevivir" y alguna metáfora ya leída en muchos libros "Es porque en la llanura de su alma / Está también anochecida la ilusión", aunque todo se perdona ante el magnífico último poema de esta primera parte, "Crónica", que termina de esta maravillosa manera: "Y tener todavía que seguir adelante / Metido en esta carne / Que tan conmovedoramente lucha / Por estar a la altura de lo que fuimos juntos".

La segunda parte del poemario, "Hoy es siempre" es la parte central y más amplia del mismo. En ella, el poeta adopta un tono más optimista que en la primera, a veces casi rozando el canto, y recorremos con el invierno, primavera, verano y otono en un camino circular. Comienza esta parte con un poema que puede ser la explicación al título. En el poema, titulado "Como siempre", el poeta nos dice "Y otra vez como siempre se despierta en mí / Este causto husmear tras las palabras / Esta certeza de que desde allá / Me están pidiendo que responda / Y esta promesa que le hago y me hago / De no desertar nunca de este puesto". El poeta nace poeta y muere, siempre, escribiendo.

El poeta canta al bosque ("Todo en aquel lugar estaba suspendido / A un porvenir lentísimo y sin choque / Un porvenir en sueños"), al "Frío bueno", al invierno ("Hoy huele deliciosamente a invierno / A húmeda hierba adormilada / A hojas muertas revueltas por el aire..."), a los nidos, la primavera, el amanecer, a un fruto de su tierra ("Nada amanece más / Que la casta naranja en su aureola"), al pájaro que nos sobrevuela ("Sabiendo que jamás será avanzando / Como lo alcanzaremos"), a las atalayas, al mar. Quizás este pequeño poema resume la sabiduría del poeta, su capacidad para detener el tiempo y su bondad verdadera:

Pinos

Mira alzarse los pinos en su redondo aplomo
Tras la fina neblina
Y aquí copados por el cerril invierno
Dejar a descubierto su pletórico verde
Sin el menor rencor

La envidiable fortaleza mental del poeta ("Resistiré que duda cabe / Pero qué peligroso algunas veces / Querer siempre otra cosa y otra historia"), su capacidad de cantar sin caer en el amaneramiento ("Tan lindo el día y todo él tan sano / Tan sin blandura tan sin ñoñería"), continúa en este espléndida segunda parte "No contra el viento fresco / Más bien para meterme en su torrente". "Cómo no despertar cada mañana" se pregunta el poeta "Si siempre está esperándome una hora / Para que yo le cumpla". El poeta conoce bien los peligros de la reflexión en exceso ("Y otra vez he sabido que allí estaba pactado / Como entre los amantes verdaderos / No preguntarnos nada").

El poeta cuida además con especial cuidado los finales, algunos de los cuales serán posiblemente antologados: "Ah no / No humillaré la maravilla". Y como en el poema "Madrugador": "Y preguntarme emocionado / Si son unos humanos misteriosos / O unos cómplices dioses / Los que dejan así desierta la mañana / Para mí toda". O en el excelente "Al acostarme", que no transcribimos para no abusar.

A veces, como es lógico, se cuela en el poeta un cierto pesimismo, nunca desde un nihilismo, sino casi en clave de dificultad: "Qué difícil seguir aún sereno" o en los magníficos poemas "Día gris" o "Pura nostalgia"

Entre tanta contención, en pocas ocasiones pero ocurre, el poeta excede la carga lírica del verso ("cambia el rizo a mi nostalgia", "en la vuelta del fleco de su ola", "a la alegría siempre le habló en su idioma").

Entre los poemas finales de esta larga segunda parte destacamos "Nocturno II" ("Porque no es en verdad el sueño / Eso que busco a ciegas / Sino la huella sepultada en la sombra que lleva / Al negro vientre vivo donde cierra los ojos / Una dicha global sin centro ni futuro") y "Rumbo".

La tercera y última parte lleva por título "Gestos de amor". Comienza con un soneto lleno de ingenio y picardía, y le acompañan otros cuatro poemas en los que el poeta reflexiona sobre el amor, con un nivel medio bueno, pero sin llegar a la altura de la segunda y magnífica parte.

En conclusión, un poemario que rebosa oficio y sabiduría, con algunos poemas excelentes, en el que el poeta apenas comete errores ni cae en el sentimentalismo más sencillo ni en el también fácil nihilismo al que hace propensa la edad. Uno de los mejores libros de lo que llevamos de año, y anticipamos que uno de los mejores del año. No sabemos si Tomás conserva su nacionalidad española, pero si la conserva, debería ser candidato al premio Nacional.

Valoración del libro "Siempre todavía": 7, 75 / 10

La siguiente crítica de Babelia es del libro de Francisca Aguirre "Nanas para dormir desperdicios". Publica Hiperión. Realiza la crítica Manuel Rico.

Vemos problemas de objetividad por la parte del crítico, cuyo último poemario fue publicado en Hiperión, y a quien Francisca Aguirre dedica el poema "Nana de las sobras" en este mismo poemario. Además, publicó como director editorial el penúltimo libro de la poeta: "La herida absurda".

Valoración a priori de la objetividad del crítico en este caso y en nuestra opinión: 3 / 10

Respecto a nuestra objetividad, el cariño hacia esta poeta es elevado y tampoco nos ponemos una nota elevada de objetividad a priori: 4 / 10

El libro fue premio Alfons el Magnànim-Valencia de Poesía en castellano 2007. El jurado estuvo compuesto por Antonio Hernández, Jesús Munárriz, Gonzalo Santonja, director del Instituto Castellano-Aragonés de la Lengua, Luis Alberto de Cuenca, y Ricard Bellveser, director de la Institució Alfons el Magnànim. Aunque Francisca ya había publicado en 2002 en esta misma institución valenciana, y por tanto el voto del director de esta institución podría estar más sesgado, el hecho de que el poemario fuera premiado por unanimidad nos lleva a pensar en la equidad de la elección final del jurado, quien quizás también haya querido premiar a una poeta cuyo curriculum de premios "importantes" hasta la fecha no era excesivo.

El libro es una colección de 31 nanas que comienza con la "Nana del desperdicio", en la que, desde su existencialismo característico, apenas visible en este poemario, la poeta asevera: "La vida puede ser también un desperdicio".

La mayoría de las nanas girarán en torno a los desperdicios, a lo que aparentemente no nos gusta de la vida y despreciamos, aunque también tiene un papel vital la música en casi todos los poemas. En general predomina lo cotidiano, y suelen estar presentes los recuerdos de posguerra de la poeta, recuerdos de cuando la vida era bastante más dura (por ejemplo en la "Nana de las mondas de patata" o en la "Nana de los libros viejos").

La poesía como canto, y por tanto música, puede ser clave para vencer aunque sea momentáneamente el vértigo existencial y entender buena parte del poemario: "Da igual, sé que da igual, lo importante es cantar, / cantar para que duerma al fin / eso que llora y llora sin parar / dentro del corazón aquel / lleno de escombros".

Hay nanas notables como "Nana de las cicatrices", "Nana del envés", "Nana de los misterios", "Nana de las baratijas", "Nana de las sobras", con un marcado carácter social, "Nana del desperdicio de la tristeza", y el último poema, "Nana de la tristeza".

Y también hay nanas donde el poema se queda en un esbozo de un pensamiento o un recuerdo expresado de manera narrativa: "Nana de lo imposible", "Nana del sobresalto", "Nana de los cajones", etc.

En general, el poemario está por debajo de la mejor Francisca, aunque hay momentos en donde la poeta muestra su verdadera fuerza: "una gota de lluvia / en una hoja", "las estrellas tienen el mismo resplandor / que la música que emiten, / es decir, su música y su brillo permanecen intactos". En este sentido, destaca el poema dedicado a su marido, Félix Grande, en la "Nana de las esquinas".

El poemario se nutre en ocasiones de un inteligente sentido del humor, que podría ser explotado con mayor asiduidad. En algunas ocasiones los poemas tienen la ingenuidad y profundidad de parte de la poesía de Gloria Fuertes, como en el caso de la "Nana para dormir relojes". A veces, sin embargo, el exceso de ingenuidad hace que el poema pierda interés como en el caso de la "Nana de las tachaduras", o la "Nana de las espinas", donde la continua prosopopeya no funciona. La bendita ingenuidad de nuevo en la "Nana del odio"

Quizás uno de los problemas de este poemario de Francisca sea el uso continuado de temas y palabras que han sido lugares comunes de la poesía durante siglos, sin que se les llegue a dar un nuevo sentido. La poeta no llega a caer en la cursilería pero sí en un sentimentalismo que nos cuesta compartir en ocasiones. Las reflexiones, además, son excesivamente sencillas y poco originales ("Nana de los despojos") y el poemario, quizás lo peor y nuestra mayor diferencia en el análisis que realiza el crítico, cae frecuentemente en el prosaísmo.

Aún así, Francisca Aguirre es una poeta con una larga trayectoria, ninguneada por la crítica en sus mejores momentos, como en su excelente primer poemario: Ítaca. En este sentido recordamos que la poesía completa de Francisca está recogida hasta el año 2000 en el libro editado por Calambur "Ensayo General". Otro libro destacable de la poeta es "Herida absurda", publicado por Bartleby en 2006.

Valoración del libro "Nanas para dormir desperdicios": 6 / 10

Respecto a El Cultural, esta semana una sola reseña, de la misma editorial de siempre, su queridísima Visor, esta vez para presentar la tercera edición de la poesía completa de Pablo García Baena, prologada por Luis Antonio de Villena. Cómo no, la reseña la firma, nos encanta repetirlo, el premio Visor Melilla de poesía, Francisco Díaz de Castro, en un ejemplo más de eso que hace tan sólo una semana Juan Palomo exigía en su editorial al ministro de cultura: incompatiblidad. Como es una reedición, como el poeta humanamente nos cae tan bien como alejados estamos de su poesía manierista y amanerada, pequeña discrepancia con tu prólogo, Luis Antonio, y como seguimos sin querer seguir el juego unieditorial en que se está convirtiendo la sección de poesía de El Cultural, aquí nos quedamos.